Reseña de Marsh Kennerley, Negociaciones culturales

Léster López Nieves

En Claridad: Negociaciones culturales: Los intelectuales y el proyecto pedagógico del estado muñocista

Reseña

Marsh Kennerley, Catherine. Negociaciones culturales: los intelectuales y el proyecto pedagógico del estado muñocista. San Juan: Ediciones Callejón, 2009.

Catherine Marsh Kennerley es profesora del Departamento de Español de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. En 2001 obtuvo su doctorado en Literatura Latinoamericana de la Universidad de California en Berkeley. Negociaciones culturales abarca las décadas de 1930 y 1950, un periodo influenciado por la Segunda Guerra Mundial. Con el proyecto del Nuevo Trato, el gobierno de Estados Unidos, bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt, se dio a la tarea de una transformación nacional que tocó la fibra de la imaginación y la creación artística. En Puerto Rico, un país donde ningún artista podía vivir del arte sin necesitar otro oficio, las agencias del gobierno se convirtieron en mecenas del talento local. Eventualmente estos esfuerzos se integraron a la División de Educación de la Comunidad (DivEdCo), la cual sería una ficha política de Luis Muñoz Marín para apaciguar el fervor nacionalista albizuista y complacer los intereses estadounidenses.

Luis Muñoz Marín

Luis Muñoz Marín

En la Introducción, Marsh Kennerley resume los temas principales de los capítulos y resalta cómo Luis Muñoz Marín oficializa la institucionalización de la cultura para resolver el problema que representaba tener una nación sin estado. Según la autora, la institucionalización respondió a la necesidad de separar la cultura del estatus político. Si eso es así, Muñoz queda como cómplice de las artimañas estadounidenses para someter el destino político de Puerto Rico. Por eso, Marsh Kennerley lo llama el estado muñocista. Este proyecto de institucionalización cultural, logrado por medio de la División de Educación de la Comunidad (DivEdCo), y como parte de Operación Serenidad y Operación Manos a la Obra, fue hijo mimado del insigne gobernador. A esta época se le referirá como milagro económico y revolución pacífica bajo el auspicio del Programa de Asistencia Técnica de los Estados Unidos y, eventualmente, la Alianza para el Progreso. La autora propone examinar el pensamiento muñocista y la intelectualidad de la generación del cuarenta para entender mejor el origen de los mitos culturales nacionalistas de Puerto Rico.

En el primer capítulo, Un nuevo origen/comienzo para Puerto Rico, Marsh Kennerley expresa que era la época en que todo olía nuevo; en la modernización todo se podía construir, incluso la cultura. “A falta de estado independiente, el recién creado estado autonomista” negociaba sus poderes.[1] El Partido Popular Democrático estaba en sus mejores tiempos. Al querer comenzar una nueva cultura modernizada, el muñocismo rompe con la historia. Se cita a Edward Said y Michel Foucault para ilustrar el concepto de la intención de dar un nuevo comienzo a la cultura puertorriqueña. El Estado Libre Asociado institucionaliza la cultura y genera sus propios mitos a la usanza de las repúblicas latinoamericanas pero sin soberanía. La percepción de lo nacional podía darse en el marco controlado de la cultura. Se da un perfil campestre a lo citadino, se convierte lo jíbaro en puertorriqueño y se construye la cultura de la nación sin estado.

René Marqués

René Marqués

La americanización que se estaba dando en el sistema de educación pública se pondría en jaque. Esa era la negociación: el nacionalismo cultural frente a la industrialización americana; la subordinación al Congreso y el capital estadounidense a cambio de la preservación de la cultura. Para todo eso se creó la División de Educación de la Comunidad (DivEdCo) en 1949. Muñoz Marín habría dado nacimiento a la idea desde la época del Nuevo Trato, con los auspicios de la Works Progress Administration (WPA), el New Deal Arts Project (NDAP) y el Federal Writers Project (FWP). No obstante, estos proyectos murieron al terminar la Segunda Guerra Mundial, debido al macartismo, lo cual, irónicamente, se tradujo en la Ley de la Mordaza, ordenada por el propio Muñoz en Puerto Rico. La autora destaca que casi todos los Libros para el Pueblo fueron escritos por René Marqués, quien haría de ideólogo en DivEdCo.

En el segundo capítulo, La política cultural muñocista y la División de Educación de la Comunidad, Marsh Kennerley declara que el discurso muñocista es turbio; es tan didáctico como engañoso. El poder de convocatoria de Muñoz Marín yace en su uso de metáforas campesinas. Lo especifica como populismo colonial, para producir una política cultural destinada al proyecto modernizador y la construcción de un estado paradójico, o ilusorio, en el imaginario cultural puertorriqueño. Muñoz deja de ser poeta para convertirse en pragmático; sacrifica el ideal por el proyecto político. Marsh Kennerley considera la arenga muñocista creativa, pero sin fórmula, tomando de las fórmulas de la iniciativa cultural mexicana –José Vasconcelos, Diego Rivera- y de la gubernamental americana –Nuevo Trato. Muñoz, además, estaba conciente del papel útil de Puerto Rico como puente entre el Norte y el Sur de las Américas. El nacionalismo cultural neutralizaría el nacionalismo de Albizu. Por eso, Muñoz recurriría inevitablemente al vernáculo.

Pedro Albizu Campos

Pedro Albizu Campos

El tercer capítulo, intelectuales y el proyecto cultural del estado, se consagra al viacrucis de René Marqués, editor general de la DivEdCo. La imagen del proyecto artístico/pedagógico nos recuerda al obrero soviético, o un Bauhaus boricua. Dice la autora, “A pesar de sus severas críticas a la política de Muñoz, René Marqués acogía la idea básica del proyecto.”[2] Marqués se describía como un escritor pesimista y describía a Muñoz como un hombre de acción optimista. Al final, caracterizó el sistema educativo puertorriqueño como pacificador, al igual que en su ensayo El puertorriqueño dócil, y mitificó al boricua como obediente, manso y sumiso. José Luis González criticó la dicotomía entre el pesimismo literario y el hombre de acción de Marqués. González criticó a Marqués por su misticismo, mientras Antonio J. Colorado criticó a Marqués por su oportunismo, cuestionando por qué estaba en la División si no parecía estar a gusto. Hacia el final de sus días en la DivEdCo, Marqués parecía llevar una gran carga sobre sus hombros, quizá la decepción de no haber logrado su cometido educativo con el arte.

En el cuarto capítulo, Contradicciones y límites de la cultura institucional, Marsh Kennerley reitera la preocupación de El buen saber del jíbaro puertorriqueño: la conservación del espíritu del pueblo ante la moderna democracia. La institucionalización de la cultura es la utopía que neutralizaría las contradicciones de las clases sociales. El ideal del populismo colonial era construir el imaginario boricua. Se hacía énfasis en la importancia de la caña como divisa de exportación y los reformados derechos del obrero. “El Catecismo del pueblo sustituía al catecismo católico”[3] en el Almanaque del Pueblo, una nueva experiencia democrática de panfletos y poemas ideológicos. Aquí, dice la autora, se toma del insularismo de Pedreira, y se subraya que Puerto Rico es parte del mundo. Ricardo Alegría hace su aportación con el libreto de la película El santero y se eleva la artesanía cotidiana a la categoría de arte de museo. Se repite, también, la imagen del obrero socialista al son de “con la azada y con el pico que coopere el pueblo entero”.[4]

José Vasconcelos

José Vasconcelos Calderón

Ciudadanas para el ELA, el quinto y último capítulo, destaca el trato de la DivEdCo hacia la mujer puertorriqueña y su lugar en la cultura nacional. El proyecto enfoca el asunto femenino contradictoriamente. Por un lado se le proyecta como un ser doméstico y por el otro se le reconoce sus derechos como ciudadana útil fuera del hogar, principalmente por su voto. Se alude de nuevo a la mezcla de ideas mexicanas, con Vasconcelos y su proyecto pedagógico y el estilo del arte novotratista. Se usa la imagen de la pareja heterosexual como tropo de ciudadanía democrática. La mujer es soporte del hombre. Se definen los roles de género dentro de un contexto ritual nacional. “Los papeles de los ciudadanos y las ciudadanas se reafirman o restructuran según las necesidades del estado.”[5] La importancia de la mujer como madre representa un problema porque se contrapone a la campaña de esterilización masiva que se llevaba a cabo en la época. Para regular el papel de la mujer, se le situaba en la casa como cocinera, madre, soporte del marido y productiva en la economía –doméstica, con la máquina de coser-, y en el espacio público como electora. Se le asigna el papel de mártir a la mujer y se le reconocen sus derechos, aunque de manera condescendiente. Se evita reconocer la necesidad de una educación sexual y no se quieren tocar los temas de la violación y el incesto.

Al final, la autora incluye un epílogo de tres páginas donde recapitula sobre su idea de que las negociaciones culturales muñocistas fueron la manera de negociar una libertad restringida,[6] la libertad de la autonomía que nos permitió Estados Unidos a la hora de diseñar la estructura de un estado libre asociado de cara a la campaña de descolonización mundial llevada a cabo por las Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial. La contradicción, o el dilema, permean esta obra, muy reveladora pero quizá un poco inconclusa. Marsh Kennerley, por una parte, expone una crítica profunda del quehacer muñocista y sus potenciales, o implicadas, repercusiones sociales en el Puerto Rico de hoy. Sin embargo, a la misma vez presenta las múltiples facetas latentemente positivas, o efectivas, que se dieron en la experiencia de DivEdCo como un espacio del estado para los intelectuales: “Fue la negociación continua, la brega, lo que caracterizó el intento de los intelectuales de habitar un espacio provisto por el estado.”[7] ¿Entonces, por un lado, Muñoz Marín acomodó la cultura para crear un imaginario nacional dentro de una ambigüedad autonomista, y por el otro, la intelectualidad de los artistas socialmente comprometidos ayudó a la modernización de Puerto Rico?

Catherine Marsh Kennerley

Catherine Marsh Kennerly

 

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Nuestro 911

La presidencia de Salvador Allende, 1970-1973

Léster López Nieves

En Claridad: Nuestro 911

La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. José Martí, 1891

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Salvador Allende, presidente de Chile 1970-1973

La historia de la presidencia de Salvador Allende en Chile (1970-1973) es de las más diáfanas y características de la Historia. A pesar de algunos intentos frustrados de historiógrafos inescrupulosos, que han tergiversado los acontecimientos con la ambición de justificar la dictadura militar de Augusto Pinochet y la intervención estadounidense en el proceso democrático de Chile, ha quedado más que unánimemente aceptado en la Historia que el golpe de estado de 1973 fue una tragedia significante para el progreso y el bienestar de la comunidad latinoamericana, un “revés” de la historia humana. La presidencia de Allende y el gobierno de la Unidad Popular se dan dentro del contexto de la Guerra Fría, y es una clásica evidencia de la naturaleza cínica y perniciosa de la política exterior de Estados Unidos durante un periodo en el cual empuñaba el pretexto de la democracia frente a los procesos socialistas de liberación nacional en los países del llamado “Tercer Mundo”.

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Jacobo Arbenz, presidente de Guatemala 1950-1954

El historiador Mario Amorós da continuidad a la búsqueda de la verdad contra la pretendida ambigüedad histórica del golpe de estado.[1] Su trabajo no se alinea con ninguna de las ideologías de los bloques de la Guerra Fría. En 1971, el gobierno de Chile bajo Allende se unió al Movimiento de Países No Alineados, una organización que rechazaba la política de Estados Unidos y la Unión Soviética.[2] Amorós describe cómo Allende y la Unidad Popular se proclaman en contra del estilo soviético del comunismo que coartaba la libertad de expresión. El gobierno de Allende denunciaba el imperialismo ruso tanto como el estadounidense y abogaba por el derecho a la libre determinación de los pueblos, especialmente a partir de la invasión soviética de Hungría. Del mismo modo, Allende defendió el gobierno legítimo de Jacobo Arbenz, depuesto por Allan Dulles, jefe de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), con el auspicio la United Fruit Company, en 1954. Arbenz fue obligado a desnudarse en público antes de irse de Guatemala. Su familia entera sufrió humillaciones por parte de los golpistas y su hija llegó a suicidarse. Quizá esto pasó por la mente de Allende cuando le tocó la misma suerte. El avasallamiento de la United Fruit en América Latina fue denunciado en el poema “La United Fruit Co.” de Pablo Neruda.[3]

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Augusto César Sandino, General de los Hombres Libres 1895-1934

Allende se solidariza con los movimientos de liberación antiimperialistas del mundo. Denunció igualmente la situación de Nicaragua y la dictadura de Somoza, así como la invasión estadounidense de la República Dominicana en 1965. La Organización de Estados Americanos (OEA), manipulada por Estados Unidos, fue también tenazmente denunciada. En fin, Allende, en representación del movimiento izquierdista latinoamericano, criticó las maniobras imperialistas de Estados Unidos, y fue esta “actitud” lo que le costó la vida. Además, cada vez que ocurrían estos atropellos por parte de Estados Unidos, la Organización de las Naciones Unidas conspiraba con su silencio o neutralidad. Incluso, en una época en que el socialismo se identificaba fuertemente con el poder soviético, Allende denunció la invasión de Checoslovaquia en 1968, demostrando así su independencia política y su compromiso con los derechos a la libre determinación de los pueblos, en franca oposición al control estadounidense de América Latina. Defendió las revoluciones cubana y vietnamita, lo cual era la política del programa socialista internacional de la Unidad Popular en solidaridad con los países dependientes y colonizados. Uno de los primeros decretos del presidente Allende fue restablecer relaciones con Cuba, aislada por el embargo de Estados Unidos.

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Charlemagne Péralte 1886-1919

El norte de Allende era reformar la constitución para que la nación chilena fuera la máxima beneficiaria de sus recursos naturales y no las compañías extranjeras, que a cambio de inversiones millonarias terminaban llevándose la mejor parte del patrimonio legítimo de los chilenos. Amorós recuenta cómo Chile se convirtió en la segunda preocupación para Estados Unidos después de Cuba. Estados Unidos, históricamente, ya tenía como uso y costumbre la manipulación política de los países latinoamericanos por medio de la dominación de sus gobiernos, posicionando la oligarquía, invirtiendo en infraestructura y preparando militares para subvencionar sus intereses geopolíticos y explotación de recursos naturales.[4] La izquierda surgió en representación de los intereses nacionales de cada pueblo en cuestión, empezando por Centroamérica, el Caribe, y más adelante el continente sudamericano. Todo comenzó con México en 1846, cuando Estados Unidos se apropió de la mitad del territorio mexicano durante su expansión hacia el Oeste. Luego vino la invasión a Nicaragua en 1893 (sin contar las incursiones de William Walker a mediados de siglo), donde se derrocó al presidente Zelaya para impedir la construcción del canal por Japón, y donde permanecieron ocupando el país hasta 1925. En el ínterin, los marines entrenaron a la Guardia Nacional y pusieron de cabecilla a Anastasio Somoza, para hacer frente a la resistencia del general Augusto Sandino, más tarde asesinado por mediación de los yanquis. En 1898, la Guerra Cubana-hispano-estadounidense marcó la sucesión de las posesiones españolas en el Caribe y se formalizó la preeminencia del poderío americano en la región. La United Fruit Company y la Standard Fruit Company llegaron a Honduras en 1899 y comenzó un periodo de la historia centroamericana que culminaría con las llamadas Guerras bananeras.

Farabundo Martí

Farabundo Martí 1893-1932

Los inversionistas americanos acaparan la producción y toman posesión de grandes extensiones de terreno y así la infraestructura y la economía. En 1903, Estados Unidos conjura para llevar a Panamá a declarar su independencia de Colombia y tener dominio ilimitado sobre la región para la construcción del canal interoceánico. En 1905 se infiltran los yanquis en las aduanas, e invaden la República Dominicana, de 1916 a 1924, donde poco a poco se engendra la tiranía de Trujillo. En 1915, los estadounidenses entran en Haití y gestionan el asesinato del líder de la resistencia, Charlemagne Péralte, y ocupan la nación hasta 1934. Allá se engendró un infame de nombre Papa Doc Duvalier. Mientras tanto, en El Salvador, el líder Farabundo Martí luchaba infructuoso contra las fuerzas de las compañías fruteras y los americanos se vieron obligados a enviar tropas para proteger sus inversiones en 1932.

Eduardo Galeano 1940-2015

Eduardo Galeano 1940-2015

Desde 1946 comienza una serie de gestiones de Estados Unidos para consolidar su poder en Bolivia, y en 1948 Washington acomoda al general Manuel Odria en Perú. En 1954, Stroessner se impone en Paraguay por casi cuarenta años para facilitar las intrigas yanquis, y el mismo año cae el gobierno de Arbenz en Guatemala. Diez años después, los estadounidenses aparecen detrás del golpe de estado contra Joao Goulart en Brasil y en 1966 el general Onganía hace lo suyo en Argentina, con el aval de Casa Blanca. En 1972, Uruguay se ve sumido en la dictadura de Bordabarry y finalmente, en 1973, los yanquis se encargan de Chile. Este resumen cronológico de cuentas no incluye el gran número de cientos de miles de víctimas vilmente asesinadas en nombre del lucro americano. Tampoco incluye la cizaña sembrada entre partidos, clases y mercados. Para tener una idea aproximada del patrimonio que ha escapado de Latinoamérica para el beneficio de los americanos, se debe ver Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, y la razón que incluimos estos datos en este trabajo es porque están intrínsecamente relacionados al golpe de la presidencia de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile, en 1973.[5]

Ya desde 1964 la CIA estaba interviniendo, específicamente con la inversión de alrededor de veinte millones de dólares en la campaña presidencial de Eduardo Frei y el Partido Demócrata Cristiano. Esto se conoce del Informe Hinchey de 2000:

En abril de 1962, el “Grupo Especial del Panel 5412” (“5412 Panel Special Group”) -un cuerpo del subgabinete encargado de revisar las propuestas de acciones encubiertas- aprobó una propuesta para llevar a cabo un programa de ayuda financiera encubierta al Partido Demócrata Cristiano (PDC) en sustento de la candidatura presidencial de Eduardo Frei en 1964. (Nizkor 2000)

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Salvador Guillermo Allende Gossens 1908-1973

Amorós concluye que el triunfo de Frei alentó a la CIA a continuar su respaldo por la oposición a Allende. Henry Kissinger, asesor de Seguridad Nacional para la administración de Nixon, tuvo mucho que ver con la política que se esbozó en Estados Unidos contra el gobierno de la Unidad Popular. Kissinger decía que los chilenos eran unos “irresponsables” porque permitían el auge del socialismo en Chile, y entre otras cosas, comisionó una campaña de terror dirigida contra la Unidad Popular en 1964.

El presidente Richard Nixon dio la orden para destruir la economía chilena, usando a la CIA para preparar un eventual golpe de estado. Uno de los miedos más grandes para Nixon era que Chile se convirtiera en un ejemplo para Europa y el resto de Latinoamérica. La International Telephone and Telegraph (ITT Corporation) y la CIA presionaron a los democratacristianos para enfrentar a Allende. Los magnicidios comenzaron con el comandante René Schneider, por ejemplo, por su lealtad constitucional. El Informe Hinchey establece el afán de Nixon por arruinar la economía de Chile, quien ordenó, también, repartir millones de dólares entre los democratacristianos y los fascistas del movimiento Patria y Libertad, así como el periódico El Mercurio.[6] En 1972, en un discurso en las Naciones Unidas, Allende se refirió a las maniobras de Washington en Chile como un “Vietnam silencioso”. Las grandes minas de cobre, principal recurso de Chile, pasarían, de manos de las compañías norteamericanas, a ser nacionalizadas y convertirse en propiedad del pueblo chileno. Una de las quejas de los empresarios americanos fue que muchos de estos patrimonios no serían indemnizados por Allende porque, según el argumento del presidente, ya se habían lucrado más que suficiente. Con el auspicio de los yanquis se maquinó un bloqueo económico mientras el bando de Pinochet recibía cientos de millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional y la CIA. Ya desde 1947, año en que se firmó el Tratado Interamericano de Mutua Defensa con Estados Unidos, las Fuerzas Armadas de Chile habían sido asimiladas con la doctrina, el entrenamiento y el equipo yanqui. En 1952, las Fuerzas Armadas de Chile también se adscribieron al Programa de Asistencia Militar de Washington. Otro informe, el Informe Church, establece que antes de 1973, cientos de militares chilenos habían estudiado en la Escuela de las Américas en Panamá, y habían absorbido la doctrina anticomunista directamente de los peritos de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, donde también se enseñaban las artes y ciencias de la tortura.[7]

El embajador americano, Nathaniel Davis, ya sabía del golpe de estado. Kissinger insiste, a pesar de las pruebas que demuestran lo contrario, que la culpa la tuvo el propio Allende; que fue un problema político nacional y que Estados Unidos no tuvo nada que ver. El exasesor de Allende y exdirector de la UNESCO, Joan Garcés, declaró a la prensa que la verdadera causa del golpe militar que derrocó al gobierno constitucional y democrático del presidente Salvador Allende y la Unidad Popular fue la acción directa o indirecta de Nixon en su ambición de hacer prevalecer los intereses de los inversionistas capitalistas de Estados Unidos en Chile. De hecho, el lema de los militares era derrocar la Unidad Popular aunque costara miles de muertos. Hay listas detalladas de las aportaciones de dinero que hizo el gobierno de Estados Unidos a la oposición chilena.

El historiador Gonzalo Vial Correa elaboró el famoso Libro Blanco, en el que se adultera la historia para impugnar las críticas del golpe de estado, donde un supuesto Plan Z, de la Unidad Popular, se estaba conspirando para producir un autogolpe, y de esa manera Allende justificaría convertirse en dictador, y por eso era necesario que actuaran los militares, en pro de la democracia.[8] El Informe Church reconoce esta falsedad, donde también colaboraron escritores de la CIA y el almirante chileno Patricio Carvajal. El Plan XX, para argumentar las razones del golpe contra Goulart en Brasil, fue parecido. El coronel Manuel Contreras, uno de los golpistas, fue el principal informante para la CIA en Chile. Contreras se convirtió en el director de la DINA (Dirección Nacional de Inteligencia de Chile) y fue fiel colaborador del subdirector de la CIA, Vernon Walters. Por supuesto que hay una fila de historiadores prestos a cultivar el despojo de cualquier historia que convenga. Roberto Ampuero, por ejemplo, desarrolla un revisionismo intricado. Trata de echar tierra sobre la figura de Allende rebuscando imperfecciones de matrimonio o de carácter personal en su vida íntima, pero no tiene habilidad para crear la trama, según la crítica literaria. Las reseñas de “El último tango de Salvador Allende” señalan una deformación a la memoria del presidente socialista, una mezcla de hechos reales y ficción.[9] Ampuero escudriña tramas personales del presidente con la ayuda del agente retirado de la CIA, David Kurtz, quien se dedicó a profanar la historia de Allende. Quiere construir a un Allende despolitizado que bebe Whisky y tiene a su secretaria como amante. Se dice que Ampuero es un neoliberal convertido, que dejó de creer en el socialismo por sus malas experiencias en Cuba. Se refiere a la izquierda y la derecha como si fuera la misma cosa, pero hace campaña con derechistas como el presidente Sebastián Piñera, y condena socialistas, como a la presidenta Michelle Bachelet.

Sergio Bitar, en La caída de Allende y la huelga de El Teniente: lecciones de la historia, plantea que la nacionalización no se llevó a cabo debidamente; que las estrategias pudieron ser mejores, a pesar de las buenas intenciones del presidente Allende.[10] Por ejemplo, se subestimó la oposición política y los planes de los americanos. La nacionalización del cobre y el conflicto financiero internacional que causó los embargos, fueron como una cadena reaccionaria. Bitar fue asesor y ministro de minería de Allende durante la huelga de El Teniente, la mina de cobre más importante de Chile. Bitar fue apresado, internado en un campo de concentración y vedado de su nación por diez años. El proceso de nacionalización, favorecido por los chilenos, fue iniciado por el presidente Eduardo Frei, cuando compró la mayoría de las acciones de la corporación estadounidense Braden Cooper, en 1967. Sin embargo, no fue hasta 1971, bajo la presidencia de Allende, que se nacionalizó por completo, y se expropiaron el resto de las acciones. Según Roberto Veiga González, en su entrevista de 2011 con Bitar, los problemas de Estados Unidos con Chile ocurren dentro del contexto de la Guerra Fría y el antagonismo de este país hacia el bloque soviético y las ideas marxistas.[11] Por eso, la dificultad de los cambios sociales que tanto se necesitaban en América Latina. Sin embargo, no fue una razón válida; eran más bien los intereses de las corporaciones americanas que realmente estaban en juego. Gabriel Salazar reseña a Bitar en 1987 y critica al autor por obviar algunas citas que cree esenciales. Por ejemplo, Salazar apunta a la importante movilización de los obreros por parte de la oposición derechista. Bitar responde que era necesario, por supuesto, incorporar inusualmente a los trabajadores para quebrar la imagen socialista del gobierno de Allende, y si tenía éxito ese movimiento, fácilmente podía absorber a comerciantes, agricultores y profesionales. Salazar concluye que el trabajo de Bitar no es positivo para entender la Historia.[12]

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Charles Horman 1942-1973

Nathaniel Davis trata de tergiversar la historia del rol de los americanos. Según Mary Helen Spooner, Ed Horman, el padre de dos norteamericanos asesinados por Pinochet durante el golpe, lo llamó un “mentiroso bien refinado” –”a very polished liar”- en 1973.[13] Davis era un instructor naval, embajador de Estados Unidos en Chile al momento del golpe de estado, y es recordado, entre otras cosas, por no haber intervenido para salvar las vidas de sus conciudadanos estadounidenses en Chile durante el derrocamiento del presidente Salvador Allende. Según Spooner, mientras las embajadas de otros países asumían su responsabilidad de proteger a sus ciudadanos, el embajador Davis se hizo de la vista larga, alegando que los golpistas no permitían la comunicación con los americanos. En un ejemplo, una mujer de nacionalidad estadounidense no fue guarecida en la embajada de Estados Unidos, por lo que tuvo que pedir asilo en la de Panamá, y así sucesivamente otros ciudadanos pidieron asilo político en otras embajadas, ya que la suya no les amparaba. Aparentemente, esta actitud mostrada por el embajador Nathaniel Davis le angustió toda la vida y no volvió a tocar el tema de Chile en conferencias o clases universitarias después de publicar su libro.[14] Paul W. Drake, en su examen, plantea que el trabajo de Davis es una especie de negación sobre la participación suya y de Estados Unidos en la planificación del golpe y el asesinato de Allende, así como de miles de seguidores de la Unidad Popular, y el también sacrificado periodista neoyorquino, Charles Horman, sobre quien el cineasta Costa-Gavras hizo su película “Missing” en 1982.[15] Añade Drake, que el embajador Davis trata de justificar el golpe de estado. Davis insinúa lo del Libro Blanco y el Plan Z, además de tratar de mancillar la imagen de Allende y la Unidad Popular con alusiones a falsos testimonios de corrupción y escándalos sexuales en el gobierno socialista chileno, sin evidencias algunas, por lo que Davis queda desacreditado en la comunidad historiadora. Aún más absurdo es que, a pesar de las evidencias, Davis negara cualquier intervención estadounidense en el golpe.

Según Francisco Zapata, el trabajo de Davis incluye exclusivamente su visión negativa de los izquierdistas y no menciona nada positivo del gobierno de Allende y la Unidad Popular.[16] Davis quiso dar a entender que Estados Unidos estaba de manos atadas y no pudo intervenir ni siquiera para salvar a los suyos, como en el caso de la ejecución del periodista Charles Horman por obra de un oficial de la embajada estadounidense que lo delató ante los militares chilenos. La obra de Davis es realmente un conjunto de sofismas especialmente ideados para crear la imagen de un Estados Unidos inocente de la masacre y los magnicidios del golpe de Pinochet con el apoyo de la CIA, donde una larga gama de generales y ministros fueron asesinados. Davis se destaca en su intencional deformación de los informes que describen las huelgas laborales que fueron determinantes para el golpe, tergiversando unas y negando otras. Impulsó desesperadamente la tesis del suicidio de Allende y procuró enterrar para siempre la posibilidad de conocer con certeza lo acaecido.

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La Operación Cóndor fue un plan militar represivo de Estados Unidos coordinado con dictadores de Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Perú entre 1970 y 1980 para vigilar, torturar y asesinar a los opositores del saqueo sistemático de los patrimonios nacionales por las corporaciones americanas y multinacionales

John Dinges, en Los años del cóndor, revela que Pinochet, bajo la Operación Cóndor con EU, creó una alianza secreta entre Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia y Paraguay para asesinar a los marxistas internacionalmente.[17] Pinochet fue un “dictador de dictadores”. Tenía su más cercano aliado en Kissinger, y veía a estos seis países como el “último bastión de la civilización cristiana”. Pinochet creó una maquinaria homicida con alcance mundial. Asesinó al ministro de defensa chileno, Orlando Letelier, y a su secretaria norteamericana, Ronni Moffit, en Washington DC; en Argentina, al expresidente de Bolivia Juan José Torre, al senador uruguayo Zelmar Michelini, a su predecesor, el general Carlos Prats Gonzáles, y a su esposa, Sofía Cuthbert; y al director del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile (MIR), Edgardo Enríquez. Se estima alrededor 300 asesinatos internacionales, incluyendo el atentado contra el ministro de Interior chileno, Bernardo Leighton y su esposa en Roma. Con verdugos como el estadounidense Michael Townley, y los sudamericanos Otto Paladino, Enrique Arancibia, Raúl Iturriaga y Manuel Contreras, creó, bajo Operación Cóndor, la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), una especie de CIA chilena.

Escribe Mark Falcoff, miembro del American Enterprise Institute, que dentro del contexto de la Guerra Fría, Chile entró en la lista de contradicciones políticas para Estados Unidos en cuanto al tema de la democracia. Mao Zedong en China, Fidel Castro en Cuba, Ho Chi Minh en Vietnam, los sandinistas en Nicaragua, Panamá, Guatemala, etc.[18] Estados Unidos favorecía al régimen que le conviniera, muy a pesar de la democracia. Después del lío en Chile, trató de arreglar el problema y devolver la democracia a la nación chilena. Con todo, Pinochet confeccionó la constitución de 1980 para perpetuarse en el poder. La oposición militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez le hizo la lucha armada al régimen militar chileno porque no confió en sus promesas de retorno a la democracia, y se mantuvo separado de la oposición unida de los partidos moderados en la coalición, Acuerdo Nacional.

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Fidel Castro en las Naciones Unidas 1960

Gracias a la experiencia e inversiones norteamericanas, se logró desarrollar la industria del cobre durante el periodo entre las guerras mundiales. La oligarquía chilena hacía eco a la política estadounidense, por lo cual declaró ilegal al Partido Comunista en 1947. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se dedicó totalmente a la recuperación europea, y al no tomar en cuenta Latinoamérica, los políticos comenzaron a echar alas y exigir la nacionalización de la industria del cobre. La Revolución cubana, sin embargo, fue lo que realmente alertó a los americanos. El presidente John F. Kennedy respondió con el programa Alianza para el Progreso en 1962 y Chile fue su mayor beneficiario. La CIA, en su propósito anticomunista, financió a Eduardo Frei y el Partido Demócrata Cristiano, quienes estuvieron en el poder de 1964 a 1970, año en que triunfó la coalición de la Unidad Popular con Allende a la cabeza. La subida de los izquierdistas a la presidencia representó un fuerte revés para Washington, que tanto dinero había invertido en Frei.

Con este panorama, de un gobierno socialista en el poder gracias a la democracia, Estados Unidos buscó desesperadamente una oposición política con suficiente fuerza para remover a los marxistas. Por medio de la CIA, que actuaba “independientemente” del Congreso, vertieron millones de dólares para fomentar la oposición, especialmente por la nacionalización del cobre. Estados Unidos necesitaba a Chile por los espectros de Nicaragua, Cuba, Vietnam, y los futuros Allendes, Che Guevaras y Castros latinoamericanistas. La industria del cobre fue inicialmente adquirida en 1969 por los democratacristianos, pero el precio del cobre en el mercado mundial bajó y los americanos se movieron hacia la inversión en las finanzas, aprovechando la enorme deuda externa de Chile. Además, Chile representaba una importancia geopolítica para Estados Unidos por su posición geográfica y oligarquía pro americana, y son frecuentes las maniobras navales conjuntas en los ejercicios de UNITAS y la relación con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

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Che Guevara 1928-1967

La existencia de un régimen fascista como el de Pinochet solamente es posible dentro del marco del capitalismo industrial estadounidense y su pobre excusa de la democracia. O sea, antes de ser marxista, para Estados Unidos es preferible tener un reino de regímenes fascistas en Latinoamérica. Washington no escatima a la hora de culpar a Allende del fracaso político de los chilenos, y a pesar de la gran masacre y el terror de las torturas, violaciones y total degradación de los derechos humanos. Todavía, además, hay que hacer una efectiva evaluación del modo que el neoliberalismo supuestamente ha beneficiado, al fin, la calidad de vida de todos los chilenos, y poner en tela de juicio la conveniencia de servir a los intereses del imperio del norte, o si es preferible mirar hacia el sur y servir a los intereses no solamente nacionales sino también socioeconómicos. Después de todo, Chile fue el primer país en el mundo de llegar a la admisión del socialismo por vía del sufragio. Otro problema es la tendencia de estos regímenes fascistas al “libertinaje” en el poder y causar o cometer atrocidades en nombre de la “democracia” con una directa referencia a Estados Unidos. Pinochet, por ejemplo, llegó a ser foco de preocupación para los yanquis al no poder controlar a sus generales desaforados y no tener el poder de emplazar a criminales, como en el sonado caso de Orlando Letelier, asesinado en las mismas calles de la capital norteamericana.

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Orlando Letelier 1932-1976

En Perspectivas de análisis de la Unidad Popular: opciones y omisiones, de Mario Garcés, y Sebastián Leiva, se hace una revisión de diferentes posturas respecto a las causas del golpe de estado contra el gobierno democrático socialista de Salvador Allende y la Unidad Popular. Se reseña los siguientes trabajos: Pensando a Chile, de Clodomiro Almeyda; Memoria de la izquierda chilena, de Jorge Arrate y Eduardo Rojas. Chile: la legalidad vencida, de Susana Brun; Chile: La problemática del poder popular en el proceso de la vía chilena al socialismo 1970-1973, de Hugo Cancino; El gobierno de Salvador Allende, de Luis Corvalán Lepe; Los partidos políticos y el golpe del 11 de septiembre, de Luis Corvalán Márquez; La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, de Manuel Antonio Garretón y Tomás Moulián; Poder Popular y Cordones Industriales, testimonios sobre el movimiento popular urbano, 1970-1973, de Frank Gaudichaud; El Chile perplejo, del avanzar sin transar al transar sin parar, de Alfredo Jocelyn-Holt; La rebelión permanente, las revoluciones sociales en América Latina, de Fernando Mires; Conversación interrumpida con Allende, de Tomás Moulián; La revolución desarmada, Chile 1970-1973, de Gabriel Smirnow; Grandes alamedas, el combate del presidente Allende, de Jorge Timossi; El quiebre de la democracia en Chile, de Arturo Valenzuela; y Tejedores de la revolución, los trabajadores de Yarur y la vía chilena al socialismo, de Peter Winn.

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La activista política Ronni Moffitt 1951-1976, fue asesinada por orden de Pinochet junto a Letelier en Washington

Se persigue investigar a fondo la historia de la caída del gobierno de la Unidad Popular y la presidencia de Salvador Allende. El trabajo de Garcés y Leiva es un excelente análisis historiográfico que usa como referencia una ancha gama de perspectivas históricas. Agrupa a los autores por sus respectivas posiciones y los contrasta por sus desviaciones de los argumentos centrales. Como causa del revés de Chile, plantea como premisa una “matriz dominante”, que establece la existencia de una crisis institucional entre los partidos políticos. El partido que fue medular en la historia democrática de Chile, la Democracia Cristiana, cesó de fungir como elemento estabilizador central entre los partidos de izquierda y derecha. En otra tesis de la misma premisa, se señala a las contradicciones dentro de la Unidad Popular, una coalición de partidos de izquierda desequilibrada por falta de estrategias efectivas. Según algunos postulados, la Unidad Popular se negaba al diálogo con la Democracia Cristiana. Esta insuficiencia fue lo que enajenó la trayectoria sociopolítica del país y abrió una brecha por donde intervendría Estados Unidos. No había una salvaguarda en el orden militar y el frente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) actuaba instintivamente, sin medir sus pasos ni vigilar al enemigo.

Después del triunfo de Allende, la euforia prescindió de la necesidad del consenso politicopartidista y minimizó la confabulación de la derecha y los intereses americanos. La izquierda chilena realmente creyó que la transformación era inequívoca, que tenía un fundamento amplio y mayoritario, y no cabría la cizaña del adversario. Bastaba con saber que el socialismo había triunfado en Chile por medio de la democracia y eso era lo único necesario para ratificarlo. El gobierno del presidente Allende y la Unidad Popular no pensó sobre el significado de los grandes cambios que ocasionarían las reformas económicas, la política socialista, las nuevas relaciones de producción y las alteraciones de la superestructura. Dentro del marco conceptual marxista, se olvidaron que Chile era una sociedad tradicional clasista y la burguesía no cedería sin inconvenientes, a pesar de operar a través de los medios legales que representa la institución democrática. Por eso, eran necesarios la alianza de clases, el respeto a la constitución y la institución democrática.

No se puede poner en segundo término la intervención directa de Estados Unidos en los asuntos nacionales de Chile con el apoyo de la oposición de la oligarquía conservadora, que aprovechó el talón de Aquiles de la Unidad Popular –errores de percepción, confianza, triunfalismo-, para entrar por ese conducto del desliz y aniquilar a su incauto antagonista. La intervención norteamericana se puede admitir, sin relegar el factor interno, tanto de la conspiración militar como la torpeza de la izquierda, como causa principal del derrocamiento de Allende. La desclasificación de miles de documentos de la CIA lo evidencia, así como los informes congresionales. Sobre el Informe Church, dice Garcés:

Este documento es por cierto, muy importante para el estudio de la intervención de los Estados Unidos en Chile, ya que cubre un largo período, anterior a la propia UP revelando los vínculos de la CIA y de funcionarios norteamericanos tanto con los políticos como con los militares chilenos. Se denomina sugerentemente “Acción Encubierta en Chile: 1963- 1973” y admite que ésta “fue amplia y continua”, primero para detener a Allende en su campaña presidencial y luego para producir el colapso de su gobierno.[19]

La manera de maniobrar de las fuerzas yanquis en Chile es un formidable ejemplo para entender la maquinaria intervencionista de Estados Unidos. La Escuela de las Américas, la subvención a los medios de comunicación, las fuerzas armadas, los partidos políticos y las uniones obreras, entre otras cosas, son impresionantes.

Víctor Jara 1932-1973

Víctor Jara 1932-1973

Amy Goodman y Juan González nos recuerdan que el 11 de septiembre de 1973 es la fecha en que Estados Unidos cometió un acto terrorista en Santiago de Chile con el derrocamiento del gobierno legítimo de Salvador Allende y la Unidad Popular. A partir de este golpe se instituyó un gobierno represivo que duró 17 años. En 2013 Amy y Juan entrevistan a la viuda del cantautor Víctor Jara –Joan- quien recientemente había presentado una demanda en Estados Unidos contra el militar chileno que asesinó a su esposo hace cuatro décadas en pleno golpe de estado, y que ahora es ciudadano estadounidense. Joan recontó cómo halló el cuerpo del que fuera su esposo, herido de bala y mutilado, entre cientos de otros cuerpos amontonados en un estacionamiento y como resultado del asesinado sistemático al que los golpistas sometieron a miles de chilenos por sospecha de simpatizar con la Unidad Popular. Víctor Jara fue llevado el 12 de septiembre de 1973 al Estadio Chile, que había sido convertido en un cuartel provisional por las fuerzas golpistas.

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Pablo Neruda 1904-1973

Ana Gutiérrez publica en 1998 una biografía de Víctor Jara. Jara fue uno de los principales cantautores del Movimiento de la Nueva Canción chilena que tuvo su auge durante la presidencia de Allende, la cual se identificaba con los pobres y denunciaba las injusticias sociales, la indiferencia y la censura. Su música fue sancionada en varias ocasiones por el gobierno de la Democracia Cristiana, que lo acusó de activista político. Con la llegada de Allende al poder, Jara se unió al movimiento de la Unidad Popular y cayó en la lista de rebeldes del ultraconservador Partido Nacional. Fue acusado de homosexual para su descrédito. Su música fue temida por promover ideas marxistas. Otros artistas como Inti-Illimani, Quilapayún y Pablo Neruda, entre otros, fueron fichados por promover el gobierno de Allende. Víctor Jara, habiendo sido torturado en el estadio, desafió el terror del estado de sitio y comenzó a cantar una de sus más conocidas canciones, “Venceremos”, y los otros prisioneros le hicieron coro. La historia dice que fue fusilado el 16 de septiembre, cinco días después de la muerte de Allende. Esteban Valenzuela Van Treek recuerda el movimiento musical en Chile durante la presidencia de Allende. Dice que floreció la creatividad y la cultura, con decenas de artistas que mezclaron el folclor con la universalidad, fomentando el optimismo socialista de la época.

Algunos de los versos de Víctor Jara reflejan la ideología de la Unidad Popular. En “A desalambrar” se manifiesta el tema de la reforma agraria: “Yo pregunto a los presentes/si no se han puesto a pensar/que esta tierra es de nosotros/y no del que tenga más. Si molesto con mi canto/a alguien que no quiera oír/le aseguro que es un gringo/o un dueño de este país.” En un tema de solidaridad, “A Cuba”, propone: “Si me quieres, aquí estoy, /qué más te puedo ofrecer, /sino continuar tu ejemplo, /comandante compañero, /viva tu revolución./…de nuestra revolución/será lo mismo que el son/que hizo bailar a los gringos, /pero no somos guajiros…” En alusión al padre Camilo Torres, asesinado en Colombia por defender a los pobres: “Cuentan que tras la bala/se oyó una voz. /Era Dios que gritaba: / ¡Revolución! /A revisar la sotana, /mi general, /que en la guerrilla cabe/un sacristán.” En defensa a su nación, “Aquí me quedo” critica a los que se van: “Siempre los ricos fueron extranjeros/que se vayan a Miami con sus tías. /Yo no quiero la Patria dividida, /se vayan lejos con su melodía.” Y en memoria al comandante Che Guevara, la “Zamba al Che”: “…mataron al guerrillero/Che comandante Guevara… /Que los derechos humanos/los violan en tantas partes, /en América Latina… /Nos imponen militares/para sojuzgar los pueblos… /Explotan al campesino/al minero y al obrero… /A Cuba le dio la gloria/de la nación liberada…” Y en alusión a su propia madre, “Te recuerdo Amanda” se desarrolla sobre el destino de un trabajador revolucionario: “Te recuerdo Amanda/la calle mojada/corriendo a la fábrica/donde trabajaba Manuel. /La sonrisa ancha/la lluvia en el pelo/no importaba nada/ibas a encontrarte con él/con él, con él, con él/que partió a la sierra/que nunca hizo daño/que partió a la sierra/y en cinco minutos/quedó destrozado/suena la sirena/de vuelta al trabajo/muchos no volvieron/tampoco Manuel.”

La versión de Venceremos, de la campaña de Salvador Allende, que Víctor Jara cantó en el Estadio Chile antes de ser fusilado, fue la que se incluye a continuación: “Aquí va todo el pueblo de Chile/aquí va la Unidad Popular/campesino, estudiante y obrero/compañeros de nuestro cantar. /Rosa ardiente de nuestra bandera/la mujer ya se ha unido al clamor/la Unidad Popular vencedora/ ¡Será tumba del yanqui opresor! /Con la fuerza que surge del pueblo/una Patria mejor hay que hacer/a golpear todos juntos y unidos/ ¡Al poder! ¡Al poder! ¡Al poder! /Si la justa victoria de Allende/la derecha quisiera ignorar/todo el pueblo resuelto y valiente/como un hombre se levantará. / ¡Venceremos! ¡Venceremos! /con Allende en septiembre a vencer / ¡Venceremos! ¡Venceremos! /La Unidad Popular al poder.”

Se podrá siempre debatir una cosa o la otra en la historia de nuestro 911. Sin embargo, el arte es quizá la manera más “intima” de conocer los sentimientos que auguran a los pueblos. El poeta Pablo Neruda, premio Nobel de Literatura, dejó un significante legado sobre la presidencia de Allende, y que revela los designios del momento de la Unidad Popular. La Nueva Canción chilena manifiesta un profundo anhelo de justicia, democracia y equidad social durante el gobierno socialista de Chile entre 1970 y 1973.

Lecturas

Amorós, Mario. Allende. La biografía. Barcelona: Ediciones B, 2014.

—. «Las huellas de la CIA en Chile.» Rebelión. Noviembre de 2014. http://www.rebelion.org/docs/35208.pdf.

—. «Salvador Allende ante el mundo.» junio de 2008. http://www.rebelion.org/docs/68095.pdf.

Ampuero, Roberto. El Ultimo tango de Salvador Allende. Santiago: Penguin Random House Grupo Editorial Chile, 2012.

Bitar, Sergio y Pizarro, Crisóstomo. La caída de Allende y la huelga de El Teniente: lecciones de la historia. Santiago: Ornitorrinco, 1986.

Davis, Nathaniel. Los dos últimos años de Salvador Allende. Barcelona: Plaza & Janés Editories Sa, 1986.

Dinges John, Landau Saul. Assassination on Embassy Row. New York: McGraw-Hill, 1981.

Dinges, John. The Condor Years: How Pinochet and His Allies Brought Terrorism to Three Continents. New York: The New Press, 2004.

Drake, Paul W. «The Last Two Years of Salvador Allende, by Nathaniel Davis.» The American Historical Review, October 1987: 1064-1065.

Falcoff, Mark. «Chile: el dilema de política exterior norteamericana.» Revista de Ciencia Política, Vol. VIII Nos. 1-2, 1986.

Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina. México: Siglo XXI editores, 1971.

Garcés, Mario y Leiva, Sebastián. Perspectivas de análisis de la Unidad Popular: opciones y omisiones. Proyecto: Los movimientos sociales populares y la izquierda chilena en la Unidad Popular y su respuesta frente al golpe de estado de septiembre de 1973, Escuela de Historia y Ciencias Sociales, Universidad ARCIS, Santiago: Centro de Estudios Miguel Enríquez, Archivo Chile, 2004.

Goodman, Amy y González, Juan. «La familia del cantante chileno Víctor Jara demanda al presunto asesino ante un tribunal estadounidense.» Democracy Now! 9 de septiembre de 2013. http://www.democracynow.org/es/2013/9/9/40_years_after_chile_coup_family (último acceso: noviembre de 2014).

Gutiérrez, Ana. «Peace profile: Víctor Jara.» Peace Review; Sep; 10, 3; ProQuest Central, 1998: 485-491.

Hobsbawm, Eric. Historia del siglo XX. Traducido por Juan Faci. Buenos Aires: Crítica, 1998.

Neruda, Pablo. Canto general. Amsterdam: Muntinga Pockets, 2004.

Nizkor, Equipo. Informe Hinchey sobre las actividades de la CIA en Chile. 18 de septiembre de 2000. http://www.derechos.org/nizkor/chile/doc/hinchey-e.html (último acceso: 22 de noviembre de 2014).

Pino, Soledad. «El asesino de Víctor Jara dice que cumplió órdenes.» Público. 30 de mayo de 2009. http://www.publico.es/internacional/228947/el-asesino-de-victor-jara-dice-que-cumplio-ordenes (último acceso: noviembre de 2014).

República de Chile, Secretaria General de Gobierno. Libro blanco del cambio de gobierno en Chile, 11 de Septiembre de 1973. Editorial Lord Cochrane Santiago, 1973.

Salazar, Gabriel. «Reseña de La caída de Allende y la huelga de El Teniente.» Proposiciones, Año 7 Vol. 13, enero-abril, enero-abril 1987.

Spooner, Mary Helen. «Nathaniel Davis, 1925-2011.» Notes on the Americas. 22 de May de 2011. http://notesontheamericas.wordpress.com/2011/05/22/nathaniel-davis-1925-2011/ (último acceso: noviembre de 2014).

Valenzuela Van Treek, Esteban. «Saber Rescatar las Innovaciones que Buscó Allende en su Centenario.» En Un siglo con Allende, de Edison Ortiz González, 103-109. Rancagua: Universidad Internacional de Verano, 2008.

Veiga González, Roberto. «Entrevista a Sergio Bitar, político chileno.» Espacio Laical. julio de 2011. http://www.espaciolaical.org/contens/esp/sd_141.pdf (último acceso: noviembre de 2014).

Zapata, Francisco. Los dos últimos años de Salvador Allende, reseña. s.f. http://aleph.academica.mx/jspui/bitstream/56789/23645/1/26-101-1985- (último acceso: noviembre de 2014).

[1] (Amorós, Salvador Allende ante el mundo 2008)

[2] Igualmente, Allende se opuso al antisemitismo.

[3] (Neruda 2004) …y Jehová repartió el mundo/a Coca-Cola Inc., Anaconda, /Ford Motors, y otras entidades:/la Compañía Frutera Inc. /se reservó lo más jugoso,/la costa central de mi tierra,/la dulce cintura de América.

[4] (Amorós, Las huellas de la CIA en Chile 2014)

[5] (Galeano 1971)

[6] (Nizkor 2000)

[7] (Nizkor)

[8] (República de Chile 1973)

[9] Ver: http://www.theclinic.cl/2012/05/15/el-ultimo-tongo-de-roberto-ampuero/, y http://www.emol.com/noticias/magazine/2012/11/17/570072/roberto-ampuero-mis-libros-reflejan-mi-decepcion-con-los-socialismos-reales.html

[10] (Bitar 1986)

[11] (Veiga González 2011)

[12] (Salazar 1987)

[13] (Spooner 2011)

[14] (Davis 1986)

[15] (Drake October 1987)

[16] (Zapata s.f.)

[17] (Dinges 2004)

[18] (Falcoff Vol. VIII Nos. 1-2, 1986)

[19] (Garcés 2004, 14)

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La asimilación benévola de Puerto Rico

Historiografía de la representación estadounidense de los puertorriqueños 1898-1930

Léster López Nieves

Será el deber del comandante de las fuerzas de ocupación anunciar y proclamar en la forma más pública que venimos, no como invasores y conquistadores, sino como amigos, para proteger a los nativos en sus casas, en sus empleos y en sus derechos personales y religiosos.

Proclama de Asimilación Benévola del presidente William McKinley

21 de diciembre de 1898

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Emilio Aguinaldo Famy 1898

“Asimilación Benévola” fue el término acuñado por la administración de William McKinley para representar la política imperialista estadounidense durante la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana de 1895 a 1898 que culminó con la toma de Puerto Rico, Guam, Cuba y Las Filipinas. La Proclama de Asimilación Benévola del presidente William McKinley fue emitida particularmente por la victoria sobre España, pero antes de embrollarse en la Guerra filipino-estadounidense y el general Emilio Aguinaldo Famy. “Asimilación Benévola” era la secuela lógica del “Destino Manifiesto” y la Doctrina Monroe, un imaginario condescendiente del racismo seudocientífico que responsabilizaba al hombre blanco anglosajón con la misión de civilizar el mundo. Por otro lado, los cañones norteamericanos no cesaban de bombardear, sitiar y ocupar las playas conquistadas. Eran los dos lados del imperialismo americano: uno traía los frutos del desarrollo industrial capitalista, la “modernización” económica, las ventajas de la tecnología, un gobierno democrático, tolerancia religiosa y justicia social. El otro traía una soberanía determinista que fijaba su poder en la ambigüedad y exigía subordinación so pena de ruina. Esta política “benévola” duró hasta que McKinley fue asesinado sin remordimientos por el también estadounidense León Czolgosz, el 6 de septiembre de 1901, y llegara Theodore Roosevelt con la política del Gran Garrote.

En Puerto Rico, McKinley comisionó ideólogos sin perder tiempo, para cimentar la construcción del discurso del poder. Eran autores de gran capacidad, al modo de los cronistas de antaño comisionados por España, que llegaron, no sólo para “describir” las nuevas posesiones, sino para promover sus potenciales. Cuando los leemos, aunque difieren por veces uno del otro, viene siendo el mismo discurso, el mismo cuento, casi como si se hubieran puesto de acuerdo en algún momento previo a publicación. Henry Carroll, por ejemplo, en su “Report on the island of Porto Rico”, fue metódico y meticuloso. Es un informe de la invasión de Estados Unidos a Puerto Rico que continúa en la tradición de los cronistas, pero con una nueva prédica anglosajona.[1] Informa sobre las condiciones políticas, económicas y sociales de Puerto Rico para hacer recomendaciones. Dice que los puertorriqueños esperaban que se les permitiera enlistarse en las fuerzas armadas de Estados Unidos, que los norteamericanos ocuparan la Isla y se introdujeran costumbres americanas; que bajo la soberanía estadounidense se remediara todos los males dejados por los españoles, que se creara un gobierno honrado y se proveyera un alto grado de libertad civil y comercial, para poder participar de los mercados estadounidenses sin aranceles, hablar inglés, y ser americanos. Sin embargo, según Carroll, los puertorriqueños no estaban capacitados para gobernarse y querían un plan de gobierno hecho por los americanos.

Puerto Rico estaba mejor preparado que México y Centroamérica para recibir a los norteamericanos porque no se fomentaba la revolución, dice Carroll. Predijo que ambos lenguajes, español e inglés, se usarían en los próximos años. Hizo una comparación y señaló que Oklahoma sirvió para llenar el territorio estadounidense de gente, mientras que Puerto Rico servirá para llenar la Isla de capital y empresas americanas, que Puerto Rico es, y debe ser, americanizado, y mientras más rápido se invirtiera el capital, mejor. El comisionado presentó testimonios de los agricultores para establecer, entre otras cosas, que se debía devaluar la moneda en un 50%, que se debían establecer bancos americanos para prestar dinero, dar libre albedrío a los estadounidenses para competir con el monopolio europeo que se llevaba las riquezas del país, y debían reducirse los impuestos injustos. Invitó a los capitalistas yanquis a invertir en la caña, e aseguró que en 300 años desaparecerían los negros, como aliciente al inversionista; que Puerto Rico era la única isla con una población predominantemente blanca en el Caribe.

Uncle_Sam_and_the_Goddess_of_Liberty_bring_freedom_to_Cuba,_Puerto_Rico,_and_the_Philippines_(1898_newspaper_cartoon)Durante la preparación del comisionado Carroll, se documentó el argumento de una amplia representación de los sectores sociales y étnicos de los municipios de la isla.[2] El autor entrevistó empresarios, políticos, funcionarios, jueces, abogados, médicos, banqueros, comerciantes, servidumbre, fabricantes, artesanos, trabajadores de la agricultura y habitantes en general. El comisionado decía que había que felicitar a Estados Unidos por la adquisición de Porto Rico en su trayecto de expansión territorial hacia el Caribe y Centro América. Era importante para Carroll que en Porto Rico se notaba una disminución gradual de las clases de color. Los puertorriqueños eran obedientes y contenidos frente a los españoles, y desde las rebeliones de los taínos en el siglo XVI, no aconteció una insurrección, salvo algunas intentonas intrascendentes en Lares 1868 y Yauco 1897, que al final fueron indultadas por Madrid. El respeto a las leyes era muy fuerte entre los habitantes. Carroll cita a Manuel Fernández Juncos para describir a los puertorriqueños como “carentes de voluntad”. Estimaba que no se cultivaba más de diez por ciento del terreno fértil del país.

Con la llegada de los norteamericanos, se cambiaron los sistemas contributivos, judiciales y gubernamentales. Se descontinuó la asignación presupuestaria que se hacía a la Iglesia. Se disminuyó el precio de la tierra en un 75% y se vacunó sin cargo a la población. También se prohibió la venta de alcohol a menores de catorce años y el general Davis anuló la declaración del horario de ocho horas previamente anunciada por el general Henry. Se organizaron la junta de salud y la oficina de instrucción pública. Luis Muñoz Rivera, secretario de la gobernación en aquel entonces, explicó la situación política a Carroll durante el dominio español en Puerto Rico. Según Muñoz Rivera, había un partido minoritario del gobierno español que controlaba el partido mayoritario de los puertorriqueños. Este partido puertorriqueño, autonómico, se dividió entre los “liberales moderados”, que contaba la mayor parte del grupo, y los “radicales”, quienes eran los menos y recurrían a la violencia cuando no estaban de acuerdo con la mayoría. Según Carroll, Muñoz Rivera no veía gran diferencia de posturas entre liberales y radicales, y afirmó que los puertorriqueños deseaban mantener una “individualidad” política y estaba seguro que Estados Unidos podría encontrar una posición económica satisfactoria. En otras palabras, Muñoz Rivera propuso que los puertorriqueños fueran permitidos un grado de autonomía mientras se acordaba a que los estadounidenses se llevaran las riquezas del país. No era para menos, ante la prepotencia de aquel imperio invasor.

Carroll recomendó, entre otras cosas, que la constitución estadounidense fuera aplicada a Puerto Rico y que los puertorriqueños fueran declarados ciudadanos estadounidenses. También propuso que los hombres mayores de 21 años pudieran votar, que Puerto Rico fuera un territorio como Oklahoma y se confiriera el poder legislativo a los habitantes cualificados; que se eligiera un representante al Congreso, que se adoptaran las leyes de derechos de autoría, que se suspendan las deudas –especialmente debido al desastre del huracán San Ciriaco-, la prohibición de la lotería y la regulación de la prostitución, y que se tradujera la tecnología agrícola a español para los agricultores locales. Carroll preguntó a Muñoz Rivera si le parecía que sería una buena idea convertir Puerto Rico en un territorio. Muñoz le contestó que quería que cesara la ocupación militar lo más pronto posible y que ser territorio sería buena idea si llevaba a conseguir la estadidad. Siempre fue insistente, sin embargo en que Puerto Rico y Estados Unidos eran dos países diferentes. Carroll supuso que los puertorriqueños aspiraban a cierta medida de independencia (“home rule”).[3]

Águila Blanca, puertorriqueño sedicioso

Águila Blanca, líder tiznado

En noviembre de 1898, Manuel Fernández Juncos confiesa a Carroll que Puerto Rico necesita educación, y sugirió que Estados Unidos implantara sus leyes y costumbres, que se encauzara la inmigración de blancos y se liberara el comercio. Carroll inquirió sobre la Guardia Civil, que torturó a los puertorriqueños sediciosos el año de los Compontes. Le contaron sobre las sociedades secretas (la Boicotizadora) que se organizaban para conspirar contra la autoridad de España. También escuchó de los Tiznados y documentó las declaraciones de un juez que se refirió a los crímenes multitudinarios contra los españoles como crímenes de odio en solidaridad con los norteamericanos. Menciona que se usaba un instrumento llamado “Los Palillos”, que eran tres palitos de seis pulgadas aproximadamente, que se amarraban por un extremo y se insertaban entre los dedos de la mano de la víctima. Luego, se amarraban los otros extremos de los palos y se iban apretando hasta que rompían los huesos, lo cual era terriblemente doloroso. Carroll propuso que ambos partidos, el Federal y el Radical, reclamaron ser asimilados por Estados Unidos; pidieron estadidad, comercio, libertad, juicios por jurado, educación y sufragio, entre otras cosas. Recalcó que los puertorriqueños fueron sistemáticamente excluidos de la administración del gobierno, que España discriminaba contra los nativos y que el clero era predominantemente peninsular. La mayoría de los curas se fueron con la llegada de los yanquis. No hubo libertad de prensa hasta la llegada de los estadounidenses. Los pocos puertorriqueños comerciantes eran metódicamente relegados de la banca por los españoles, excepto aquellos en los oficios de la agricultura. También, el comisionado informa sobre la manufactura de azúcar, baúles, carruajes, cigarrillos, cigarros, chocolate, fósforos, hielo, jabón, latas, licores, melaza, ron, sombreros y zapatos, y hace énfasis sobre las muchas fábricas en abandono.

El general George Davis fue el último gobernador militar norteamericano de Puerto Rico (1899-1900). En su informe, más de carácter militar, “Civil Affairs of Puerto Rico”, toma prestado del escrito de Carroll.[4] Davis estableció una corte federal provisionalmente y revisó algunas de las leyes orgánicas de Puerto Rico. Expresaba que la política en Puerto Rico era un “vicio” heredado de los españoles, que consistía en alcanzar el poder a toda costa para entonces repartir puestos gubernamentales entre los amigos, y que los funcionarios se olvidaban del interés público para favorecer a sus secuaces con altos salarios. También denunció la mala costumbre de depender del gobierno para todo. Igual que Carroll, subraya como ventaja que hay más blancos y que la población negra está supuestamente disminuyendo.[5] En 1900, todavía el gobierno español no había terminado de pagar la deuda de la abolición de la esclavitud. Opina el general, tanto como el comisionado Carroll, que a pesar de la amabilidad y el buen recibimiento, los puertorriqueños no están capacitados para gobernarse, particularmente por la cantidad de analfabetas, y no recomienda la autonomía. Sin embargo, luego se contradice en que hay muchas personas educadas e inteligentes, que Puerto Rico es un paraíso para la agricultura y el clima es muy saludable. El general Davis usa a los dominicanos como ejemplo de la ineptitud de los latinos, pero acepta que los puertorriqueños podrían progresar bajo la tutela de los americanos. Igual que Carroll, estima en 300 años el tiempo que tomará depurar a los puertorriqueños de la raza negra. Davis dedicó muchas líneas para describir la vileza de los españoles y la inferioridad de los puertorriqueños, especialmente los trigueños.

William Dinwiddie era periodista y fotógrafo y fue corresponsal de guerra para el semanario Harper’s Weekly durante la invasión de Estados Unidos en Puerto Rico. Escribió “Puerto Rico Its Conditions and Possibilities” como una encomienda del semanario para explorar y promocionar a Puerto Rico como lugar idóneo de los grandes capitalistas, presentando las posibilidades agrícolas, industriales y comerciales, así como para informar sobre las condiciones políticas y sociales.[6] De entrada, alude al fin de la tiranía de 400 años de España en el hemisferio occidental y se refiere a Puerto Rico como “nuestra nueva posesión”. Agradece a los generales Henry y Brooke, y a los oficiales del ejército, por ayudarlo en su trabajo de investigación, y el permiso para ver los archivos militares. Usa fotos en su informe y describe la toma de posesión como triste, por los soldados españoles que estaban casados con mujeres puertorriqueñas y ahora debían abandonarlas, así como a sus hijos, quienes sufrirían de hambre. Comentó que todos estaban callados, esperando que diera la hora para izar las banderas estadounidenses. La actitud de los americanos no era de dictadores, sino más bien de protectores. No hubo discursos ni ruidos rimbombantes, más bien un ambiente amistoso. Expuso que, con el ondear de su bandera en San Juan, Estados Unidos se convirtió en dueño de una gran cantidad de bienes; edificios, puentes, cuarteles, hospitales, fortalezas, etc., a pesar de las tres horas de bombardeo incesante a las que estuvo sometida la ciudad.

Represión española

Represión de la Guardia Civil española

Dinwiddie describe a los campesinos como famélicos con cortas expectativas de vida. Sin embargo, en contrate a los peones del Norte, el tropical siempre cuenta con algo de alimento, de lo que siembra, encuentra o roba en el monte. Se le paga una miseria y trabaja solamente la mitad del año. Trabajan tanto mujeres como niños. Hombres y mujeres no se casan; tal cosa se reduciría sencillamente a menos dinero para el campesino y más para el cura, y de todos modos, en cualquier sitio se podía hacer una casa, incluso debajo de una mata de plátano. Identificó a la Guardia Civil como la tirana oficial de la Isla. Un cañonazo dado por los americanos en el Morro fue como un presagio de felicidad para Puerto Rico. La negra nube de la crueldad española había expirado. Puerto Rico, sin embargo, era un desierto para el hombre pobre que no tenía trabajo. Este sentir se repetiría a través de los informes yanquis, ya que hubo algunos norteamericanos pobres que se embarcaron de inmediato para la Isla a buscar fortuna, pero les fue mal.

Otro informe de promoción para los grandes inversionistas fue “The Porto Rico of to-day”, de Albert Gardner Robinson.[7] Repite lo de sus coetáneos: que Puerto Rico no es lugar para los americanos pobres venir a buscar trabajo, que es solamente adecuado para los grandes inversionistas: “There is no doubt that there is little opportunity for the poor man.”[8] Además, continúa con el son de que, de todas las Antillas, Puerto Rico es dónde hay más blanco. Apoya su trabajo en una serie de cartas obtenidas del periódico “The Evening Post of New York”. Fue a Puerto Rico acompañando un destacamento militar como corresponsal y estuvo hasta el día que se izó la bandera estadounidense el 18 de octubre de 1898. Gardner Robinson estable que su motivo es ofrecer al inversionista americano una idea sobre las posibilidades comerciales en esta nueva posesión. Igual que Dinwiddie, incluye fotos. Es un trabajo escrito a manera de diario, que parece una guía turística, con análisis económico y militar. Critica la preparación militar de la invasión y la describe como desorganizada. Retrata al puertorriqueño como amable y cortés pero sin ser sumiso. Menciona la excelencia del café y compara a los caficultores de Puerto Rico con los negros algodoneros del sur estadounidense. Pone el interés comercial en orden de prioridad: café primero, azúcar y tabaco secundarios. Hace planes de cómo rociar las calles de Ponce en caso de sequía. Hace, además, un inventario de los suministros de las tiendas. Compartió entre algunas familias locales que le exclamaban constantemente con un “vivan los americanos”. Deseaba que Puerto Rico fuera como una “Bermuda americana”, y catalogó a Puerto Rico como una de las mejores islas jamás adquiridas por Estados Unidos. Describió a Ponce como una ciudad rústica donde, aunque organizada, no había lujos ni comodidades. Reiteró, como los demás, que contrario al resto de las Antillas, en Puerto Rico había mucho blanco, y concluyó que en Puerto Rico no había tanto racismo como en Estados Unidos.

Marian George era una maestra que quería educar a los niños norteamericanos sobre quiénes y cómo eran los puertorriqueños, por lo cual escribe “A Little Journey to Puerto Rico” en un estilo narrativo.[9] Del mismo modo, se refiere a Puerto Rico como una “nueva adquisición”. Empieza preguntando a los niños si saben a lo que se refiere la gente cuando habla de “nuestras nuevas posesiones”. Publica su libro como texto para las escuelas, para introducir a los niños entre 10 y 15 años a la historia de Puerto Rico. Por supuesto, omite la parte sanguinaria, donde los estadounidenses invaden. Pinta un cuadro “típico” del Puerto Rico de la época: niños desnudos jugando por las calles, hombres y mujeres fumando, ociosos; pregoneros a caballo con sus mercancías. Recalca la variedad de los colores de la piel y divide a los puertorriqueños en cinco clases sociales, y reitera lo mismo que repiten los informes; que hay más blancos que negros, la crueldad de los españoles contra los puertorriqueños, etc.

Mujer boricua, Viejo San Juan

Mujer boricua, Viejo San Juan, 1898

Explica la maestra que las mujeres están bien guardadas en sus casas, se dedican a tejer y bochinchear, y tienen poco interés en el estudio. A los blancos pudientes no les agrada el trabajo y tienen muchos sirvientes, a quienes solamente pagan con cuarto y comida. Los puertorriqueños son vagos e ignorantes, pero son amables, y educables. A los niños les enseñan a pedir dinero desde muy temprano, para mendigar por el pueblo y aportar al sustento del hogar. En Ponce, se requiere una licencia a los pordioseros. En algunas casas dejan monedas en el balcón para los niños. Los niños son muy cooperadores, pero todos tienen un cuco, que parece un perro silvestre. ¿Cómo? Sí; cada niño tiene su cuco de mascota, y debe tener cuidado que no se lo coma, porque a veces, a esos cucos, les da mucha hambre. La autora le llama a estos cucos “bugaboo”. El pueblo puertorriqueño, sostiene Marian George, es muy leal a la nación estadounidense y está ansioso en adoptar sus costumbres. Cada noche, una banda toca el himno de Estados Unidos antes de bajar la bandera.[10]

Karl Stephen Herrmann, autor de “From Yauco to Las Marias”, es un hábil observador que apunta con detalle el recorrido y las faenas de las tropas del general Teodoro Schwan, que marcharon hacia la parte occidental de la Isla.[11] Es un estilo narrativo, crónica de la entrada de los militares por Yauco. Para variar, Herrmann escribe que los puertorriqueños veían a los yanquis con desconfianza, disgusto y miedo, lo cual dista de la acostumbrada impresión de que se recibieron a los invasores con gran alegría. Había guías puertorriqueños que ayudaban en las avanzadas de los militares, algunos de los cuales fueron capturados por los españoles, pero luego liberados y recompensados por los americanos. Dice Herrmann que el ambiente mejoró luego de la proclama de Miles.[12]

Para los americanos –según él, y su proyección de la moral-, era como una ofensa capital violentar la paz de los puertorriqueños, al menos durante la guerra. Esto creó un grado de molestia entre los soldados, quienes no pensaban que todos los ciudadanos de Puerto Rico merecían respeto por igual, y era inaudito que les fueran anulados los “placeres” de la guerra (violar y robar, por ejemplo). Una sexta parte de la población puertorriqueña –según Herrmann-, de cepa blanca española, podía ser considerada como una valiosa adquisición para Estados Unidos. Sin embargo, la gran mayoría de los puertorriqueños iban a representar un problema por ser “ignorantes, sucios, mentirosos, vagos, traicioneros, homicidas, crueles,” y como si eso fuera poco, “negros”. España pudo controlar a los nativos por medio del discurso penitente de la Iglesia católica. El racismo en Puerto Rico –observó el escritor, contrario a Gardner Robinson-, es tan definido como en Kentucky; aunque se junten unos que otros blancos y hombres de color en asuntos de negocios, jamás se mezclarán socialmente. Las mujeres blancas son vigiladas estrictamente hasta el matrimonio –y aún luego-, y aprenden algunas artes, pero nunca se ensucian las manos con el trabajo y no se inclinan hacia la educación. Por otro lado, y como si no hubiera dicho lo anterior, concluye que para quitar el estrés no había nada mejor que darse un viaje a Puerto Rico, que era un edén.

Alfred Mahan fue un extraordinario estratega naval. En su “Lessons of the war with Spain and other articles”, desarrolló un análisis geopolítico importantísimo para la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana y los planes expansionistas de Estados Unidos en la mejor tradición de la Doctrina Monroe.[13] Estados Unidos vio la importancia militar de Puerto Rico para la vigilancia de Cuba, el futuro canal de Panamá y el Pacífico. Vieron la ventaja por la distancia de los países europeos, que no podrían realizar operaciones en el Caribe si no tenían bases militares para abastecerse. Puerto Rico, según Mahan –y secundado por el general Miles-, debía ser el primer objetivo de operaciones para Estados Unidos.[14] Los norteamericanos se dieron a la tarea de aniquilar el comercio español con antelación a la guerra, un bloqueo que ocasionó la pérdida de los mercados de Cuba, Puerto Rico y Las Filipinas para Madrid.

Cayetano Coll y Toste

Cayetano Coll y Toste

Rudolph Adams Van Middeldyk, en cambio, era un historiógrafo formal. En su “History of Puerto Rico” –primer libro de historia de Puerto Rico en inglés-, es, también, el primero en usar una bibliografía.[15] Van Middeldyk trabajó la historiografía puertorriqueña estudiando a Brau, Coll y Toste, Acosta y las crónicas españolas. Fue bibliotecario de la Biblioteca Pública de San Juan y, crítico de España, trató de justificar la invasión militar estadounidense. Su obra fue editada por Martin G. Brumbaugh, primer comisionado de Educación estadounidense en Puerto Rico. El estilo de hacer historia de Van Middeldyk es definitivamente positivista. Brumbaugh, en su prefacio, reconoce la importancia geopolítica de Puerto Rico. Plantea que Puerto Rico siempre fue autosuficiente y de provecho para España. Puerto Rico –decía Brumbaugh-, era un país de pocos ricos y muchos peones, sin clase media. Los pobres inspiran lástima pero, educados, son la única esperanza para el país. La población en general no sufre de la falta de civilidad, sino de un régimen corrupto que ha tenido que aguantar.

Brumbaugh caracteriza a los puertorriqueños como “conformistas estoicos” frente a la centenaria tiranía española. El problema en ese momento era que el ejército de Estados Unidos estaba haciendo por los puertorriqueños lo que los puertorriqueños debían hacer por sí mismos. De todos modos, estaban mejor ahora que antes, decía el profesor. Todo había mejorado desde que llegaron los americanos, y Brumbaugh llama al presidente McKinley “Padre de la Libertad” en Puerto Rico. Brumbaugh continúa con el señalamiento de que no había historias de revueltas u oposición a España, que los puertorriqueños eran sumisos. No había clase media y los pobres inspiraban compasión. Siempre habían sido leales, sumisos y trabajadores, y, según el educador –como dijera Carroll-, no hay historias de rebeldías y la Isla siempre resultó un beneficio económico para España. Puerto Rico era, además, “autosuficiente”, a pesar de la mediocridad administrativa madrileña. En 1903, dice Brumbaugh de los puertorriqueños: “The effect of all this upon the people of Puerto Rico has not been considered. Their rights and their needs have not come to us. We have not taken President McKinley’s broad, humane, and exalted view of our obligation to these people. They have implicitly entrusted their life, liberty, and property to our guardianship.”[16]

Van Middeldyk alude a la Carta Autonómica como un intento tardío de la Corona española para manejar sus colonias de ultramar, que realmente parecía más una burla a los reclamos legítimos del pueblo, que ya no confiaba en la metrópoli por tantas promesas rotas. Por eso, los puertorriqueños no vieron en los soldados americanos una amenaza de conquista sino más bien una esperanza de salvación contra la centenaria tiranía hispánica. El clima, además, era saludable para el hombre blanco, según él, y el paisaje de una belleza insuperable en el mundo. No obstante, Van Middeldyk luego confiesa que muchos habitantes beben agua sucia y viven en los manglares, y sus hogares son antihigiénicos, igual que los indios. Los jíbaros eran anémicos y siempre se veían enfermos, quizá por el desgaste muscular, debido a que eran blancos y se tuvieron que adaptar a los estilos de vida de los indios y los negros. No eran dados a la limpieza, decía el autor, y se pasaban fumando o mascando tabaco, y bebiendo ron “sin emborracharse”. También hace referencia a los estragos del paludismo entre la población campesina.

Jíbaros en Manatí, 1909

Jíbaros en Manatí, 1909

Aunque tenían fama de ser vagos, los puertorriqueños –resaltaba Van Middeldyk -, eran capaces de trabajar de diez a once horas diarias si se les pagaba bien. Las mujeres eran fecundas y cada una tenía de seis a diez hijos. Los puertorriqueños no eran muy inteligentes, no sabían hablar y sus canciones eran, por lo general, obscenas y sin significado. El raspe del güiro volvía loco a cualquiera, decía Van Middeldyk, y vaticinó que con el tiempo desaparecerían los jíbaros y serían reemplazados por una mejor clase de obrero, más educado y trabajador. En su carácter seudocientífico, el historiador asevera que la mezcla de los españoles con las indias y las africanas produjo una raza de mestizos inmorales, porque siempre predominan las características de la peor de las razas. Por eso, era necesario introducir parejas de blancos, y mejorar la raza. Cita a Brau para construir las características de cada raza: “de los indios vienen la vagancia, el conformismo, el desinterés y la hospitalidad, de los negros la resistencia física, la sensualidad y el fatalismo, y de los blancos el amor, el patriotismo, la perseverancia y caballería.”[17] Para afinar su arenga promocional, anuncia que Puerto Rico está en un lugar excelente para convertirse en un centro comercial internacional –puente entre Norte y Sudamérica.

Paul Miller, comisionado de Instrucción de Puerto Rico entre 1915 y 1921, publica el primer libro de historia de Puerto Rico en español por un norteamericano, “Historia de Puerto Rico”, en 1922.[18] Igual que sus coetáneos, construye una apología sobre los cubanos, que no se rendían gracias al apoyo que les brindaba Estados Unidos, y que esa fue la razón para los yanquis invadir Cuba y Puerto Rico. Dice Miller que hay temas de Historia que no contribuyen en nada al progreso de Puerto Rico. Por lo tanto, decidió omitirlos en su texto. Algunos de los temas omitidos incluyen: la ejecución de El Águila, los marinos ingleses que atacaron Puerto Rico en 1797, argumentos de política ocasionales, la cronología de los acontecimientos y particularmente el tema de la esclavitud, ya que lo único meritorio de recordar, según el autor, es la abolición. Vuelve otra vez sobre los pasos de Lasierra. Miller apunta que la bandera americana se izó con los aplausos de la multitud. Desde el día 10 de diciembre de 1898, el tratado de paz firmado en París dispuso que el Congreso de Estados Unidos determinara los derechos civiles de los puertorriqueños. Elogia a Manuel Elzaburu, Alejandro Tapia Rivera, José Julián Acosta, Julio Vizcarrondo, Rafael de Labra y Baldorioty de Castro. Cita al gobernador Macías, cuando apela a la lealtad de los puertorriqueños para que le hagan frente a los americanos. Dice que la razón del bombardeo de San Juan se debió a que Cervera se había escondido en la bahía y reitera que la causa de la guerra era el sufrimiento de Cuba.

José Julián Acosta

José Julián Acosta

De los puertorriqueños, el historiador norteamericano dice que al principio, y por la acostumbrada tiranía de los españoles, desconfiaron de los yanquis. Acusa a los españoles de negligentes por la cantidad de analfabetas que había en Puerto Rico. Estados Unidos impuso una dictadura militar en Puerto Rico, pero sin el propósito de intervenir con la población civil –a menos que fuera necesario. Como los puertorriqueños desconocían el idioma inglés, y como estaban tan acostumbrados a desconfiar de los gobernantes, no entendían las “buenas intenciones” del nuevo régimen. En febrero 1899, el gobernador norteamericano Guy Vernor Henry disolvió finalmente el gabinete autonómico, porque no era compatible con las leyes estadounidenses. Entre otras cosas, Henry abolió la tortura en el presidio. Por supuesto que Miller ve que Estados Unidos llegó a Puerto Rico para salvar a los puertorriqueños de sí mismos. En Adjuntas, Yauco y Ponce, los tiznados atacaban a los españoles en nombre de Estados Unidos. Los militares americanos, sin embargo, respetuosos de la civilidad, fueron tras ellos y los sometieron a juicios marciales. El gobernador Davis reconoció que el trabajo de Cayetano Coll y Toste fue determinante para la gestión gubernativa. Los puertorriqueños se decepcionaron con la Ley Fóraker porque no era tan liberal como la Carta Autonómica, y fueron imposibilitados de legislar por el país, lo cual quedó enteramente en manos de los norteamericanos. Por ejemplo, el proyecto de ley que apoyaba la creación de un banco agrícola, y que la gran mayoría de los puertorriqueños quería, fue continuamente socavado por los americanos. El gran descontento puertorriqueño fue la razón de que la Ley Fóraker solamente durara 17 años. Aun así, según Miller, gracias a la Ley Fóraker hubo en Puerto Rico mucho progreso. Usa el mismo tono de sus antecesores para caracterizar la gente en Puerto Rico, citando a Lasierra, por supuesto. Escribió la historia de Puerto Rico, según él, porque nadie lo quiso hacer, y era necesario para las escuelas públicas.

Edward S. Wilson fue alguacil federal bajo los gobiernos de McKinley (1900) y T. Roosevelt (1904). Escribió “Political Development of Porto Rico” –un informe comisionado por el presidente McKinley sobre la invasión estadounidense, a modo de diario, o crónica, sin bibliografía anotada.[19] Machaca sobre el mismo discurso, como sus colegas, pero es muy hábil como escritor. Omite ingeniosamente el clamor por la independencia, o la unión territorial, con un total desenfoque de los asuntos capitales de la ocupación estadounidense. Retrata la sumisión como característica y típica de los puertorriqueños. Es tan asidua su dislocación de la realidad, que se percibe en su discurso un alto grado de violencia en forma de represión y falso altruismo. Tergiversa la realidad con un constante enredo intransigente que no da lugar al discurso puertorriqueño, despachándolo como “sagastista” algunas veces, y resaltando la “ambigüedad” de los representantes como signo de sumisión o desconcierto. Sin embargo, y a pesar de las constantes torpezas de los políticos en las astutas trampas estadounidenses, se percibe un aire de temor de rebelión en sus entrelíneas. Positivista y determinista, a modo de mal augurio estima que la cultura latinoamericana prevalecerá en Puerto Rico, y que al final será más lo que los americanos aprenderán de los puertorriqueños que lo que los puertorriqueños aprenderán de los americanos. Corrige la expresión de “asimilación benévola” del presidente McKinley y la cambia a “asimilación mutua”. No es tan racista como para reconocer que las diferencias entre el hombre del norte y el del Caribe se complementan y pueden resultar en un beneficio para la nación norteamericana.

Alejandro Tapia Rivera

Alejandro Tapia Rivera

El trabajo de Wilson es uno más de la serie de informes comisionados por el gobierno estadounidense para conocer y promover el nuevo territorio adquirido. Transforma la historia al principio del siglo XX apoyándose en Carroll. Aunque el discurso de Wilson aparenta ser muy ecuánime, desde su perspectiva, enfoca la realidad histórica como un acontecimiento ajeno, separado de toda relación universal. Los gobernadores elegidos para Puerto Rico por el presidente son hombres bonachones con un alto sentido de deber patriótico, al igual que los demás oficiales norteamericanos escogidos para los puestos del gobierno. Asume la posición del benefactor paternal que llega a poner la casa en orden, pero con la dificultad ocasionada por los políticos locales. A pesar de elogiar a Luis Muñoz Rivera, lo caracteriza como el propio diablo, manipulando todo tras bastidores. Alude al estilo “petulante” de los políticos puertorriqueños, que en vez de mantener sus posiciones como hombres de categoría, prefieren abandonar la plaza en medio de la discusión, por una supuesta “virtud vanidosa” que rehusaba reconocer la derrota o la carencia de razón sobre la política o el gobierno. Toda esta obra, ingenua o ingeniosamente, desconecta la realidad de Puerto Rico del resto del mundo, en especial de Estados Unidos. Se enfoca exclusivamente en el ambiente politicopartidista puertorriqueño y recalca el trato “preferencial” de los estadounidenses, que recién invadían y debían, a su entender, borrar todo el legado, costumbres y mentalidades españolas. Muchas cosas eran ciertas: la tiranía de España, la lucha politicopartidista interna, la crisis económica, la incertidumbre, la estúpida creencia de que los norteamericanos llegaban para traer la salvación –analogía de los taínos esperando a los dioses. Wilson no negaba el descontento puertorriqueño, pero no acababa de dar con la solución, la cual sería lo imposible: que Estados Unidos se fuera de Puerto Rico y nos dejara bregar con el cataclismo de una colonia sin metrópoli. A veces parece algo ingenuo, o ambivalente, en sus alegatos. Concuerda con Carroll de que Puerto Rico debía tener alguna clase de autonomía. Estados Unidos, dijo Wilson, tenía una deuda moral con Puerto Rico.

No obstante, Wilson plantea que los puertorriqueños carecen de moral y el gobierno español no pudo ser más corrupto. Escribe que el legado de España en Puerto Rico fue la innegable degradación moral e intelectual. Hace un análisis responsable cuando se refiere a la tiranía de los gobernadores españoles, que venían a Puerto Rico a vaciar sus arcas con la corrupción, la treta y la estafa. La práctica cultural enseñó, por siglos –según Wilson-, que la autoridad gubernamental estaba concebida específicamente para engañar y robar. Es una observación de Wilson que cala muy profundo. Al final, aclara, es la culpa de España, que tenía el poder sobre la sociedad. Nota el fuerte clasismo, la división entre los propietarios, que “no trabajaban”, y los proletarios, la gente común, que sí, tenía que trabajar para vivir, y resalta que el campesino trabaja duro. Otro problema es la religión católica, que según Wilson, deberá cambiar, si es que se pretende hacer ciudadanos estadounidenses de los puertorriqueños. En suma, recomienda la americanización de los puertorriqueños. Sin embargo, está conciente de que los puertorriqueños quieren una buena relación con Estados Unidos o prefieren la independencia. Varias veces el autor alude a la idea de la Asamblea de Ponce y lo que allí se dijo en 1887.

Román Baldorioty de Castro

Román Baldorioty de Castro

Esencialmente, Wilson hace lo que hicieron los otros cronistas yanquis –ofrecer una idea sobre el ambiente en Puerto Rico, la vida política-, y como Van Middeldyk, la complementa con la nota de los autonomistas y la Carta Autonómica. Hace énfasis en la estrategia de Sagasta para apaciguar los ánimos revolucionarios de Cuba mediante la oferta de una autonomía limitada. El pacto con los liberales en Puerto Rico hubiera sido perfecto de no haber irrumpido la disidencia de Barbosa y sus seguidores puristas. Esta dicotomía no le dio el cariz esperado al “autonomismo de última hora”, y como remedio frustrado al fin, no sirvió para persuadir a los cubanos. Cánovas del Castillo nunca habría consentido a una autonomía limitada y bochornosa propuesta por los liberales puertorriqueños, que fue rescatada, ya natimuerta, por Sagasta. Wilson retrata a Muñoz Rivera como un oportunista que pacta con los liberales de España para asegurar una posición de poder en Puerto Rico. Documenta los ataques de las “turbas republicanas” contra los unionistas. Los republicanos quedan retratados como incondicionales de Estados Unidos, que piden se celebre la invasión. Muñoz Rivera denunció a Estados Unidos como un conquistador que vino a hacer siervos de los puertorriqueños. Muñoz y De Diego estaban decepcionados porque ni siquiera se declaraba a Puerto Rico como territorio, o colonia, ni mucho menos, Estado. Ya los americanos habían construido su imagen de los puertorriqueños. Knowlton Mixer cita las “investigaciones” del decano de la Universidad de Puerto Rico, Fred Fleagle, para asegurar que la negritud y el incesto hacían del puertorriqueño un degenerado.[20]

Los estadounidenses invadieron Puerto Rico como parte de un plan de expansión hacia el Caribe en su afán por el control del paso marítimo para el comercio. Sin perder tiempo, enviaron –suplemento de las fuerzas armadas-, una batería de intelectuales, escritores y observadores, para componer un discurso de poder usando el determinismo positivista como arma de justificación, exterminio o sometimiento. Ingeniosos, al fin, unieron el discurso español al propio para fabricar la imagen de los puertorriqueños. Se hizo con la única intención de implantar su imperio por sobre todas las cosas, físicas o intelectuales. Se insertaron en la historia, en la educación, política, economía, etc. con el fin de hacer desaparecer las “especies inferiores” y proliferar su ralea. La aniquilación histórica, la destrucción del “degenerado”, constituiría la mejor vida de ellos; del “otro”, que no somos nosotros, ni lo que pensamos, ni lo que sabemos. En palabras de la escritora estadounidense Toni Morrison, premio Nobel de Literatura 1993, no hay tal cosa como “razas”; solamente hay una, la raza humana, y el racismo es una construcción social elaborada especialmente para el lucro, o para satisfacer a las personas que necesitan estigmatizar a otros porque se sienten inferiores, y de esa manera, señalan o critican para definir una mala conducta o alguna característica negativa. El racismo, como tal, es muy doloroso y perjudicial para las personas que son víctimas, por el color de su piel o su condición socioeconómica.[21] Nuestra respuesta inequívoca a todo este discurso derrotista es entender lo que se ha hecho y no creer el perfil social que el otro construye y pretende que creamos de nosotros mismos.

 

Lecturas

Brau, Salvador. Puerto Rico y su historia: investigaciones críticas. Valencia: Imprenta de Francisco Vives Mora, 1894.

Carroll, Henry K. Report on the island of Porto Rico. Washington DC: Treasury Department, 1899.

Davis, George W. Civil Affairs of Puerto Rico. Washington DC: Government Printing Office, 1900.

—. Military Government of Porto Rico. Washington DC: Government Printing Office, 1902.

Dinwiddie, William. Puerto Rico Its Conditions and Possibilities. New York: Harper and Brothers Publisher, 1899.

Fleagle, Fred K. Social Problems in Porto Rico. New York: D. C. Heath & Co., Publishers, 1917.

Foucault, Michel. Genealogía del racismo. Traducido por Alfredo Tzveibel. La Plata: Editorial Altamira, 1975.

Gardner Robinson, Albert. The Porto Rico of to-day. New York: Charles Scribner’s Sons, 1899.

George, Marian M. A Little Journey to Puerto Rico. Chicago: A. Flanagan Company, 1900.

Herrmann, Karl Stephen. From Yauco to Las Marias. Boston: Richard G. Badger & Co., 1900.

Mahan, Alfred T. Lessons of the war with Spain and other articles. Boston: Little, Brown, and Company, 1899.

Miller, Paul G. Historia de Puerto Rico. Chicago: Rand McNally y Compañía, 1922.

Mixer, Knowlton. Porto Rico, History and Conditions. Segunda edición. San Juan: Ediciones Puerto, 2005.

Morrison, Toni, entrevista de Stephen Colbert. The Colbert Report, Episode: 11027 (19 de noviembre de 2014).

Van Middeldyk, Rudolph Adams. History Puerto Rico. Middlesex: Echo Library , 1903.

Wilson, Edward S. Political Development of Porto Rico. Segunda edición. San Juan: Ediciones Puerto, 2005.

[1] (Carroll 1899)

[2] De sobre 800 páginas de texto, más de 700 son dedicadas a entrevistas, datos y estadísticas.

[3] (Carroll 1899, 234)

[4] (Davis, Civil Affairs of Puerto Rico 1900)

[5] Este determinismo biológico es examinado por Michel Foucault: Esto permitirá decir: “Cuanto más las especies inferiores tiendan a desaparecer, cuantos más individuos anormales sean eliminados, menos degenerados habrá en la especie, y más yo -como individuo, como especie- viviré, seré fuerte y vigoroso y podré proliferar. La muerte del otro -en la medida en que representa mi seguridad personal- no coincide simplemente con mi vida. La muerte del otro, la muerte de la mala raza, de la raza inferior (o del degenerado o del inferior) es lo que hará la vida más sana y más pura”. (Foucault, Michel, Genealogía del racismo. Traducido por Alfredo Tzveibel. La Plata: Editorial Altamira, 1975, página 206.) En sus Investigaciones críticas, Salvador Brau (1842-1912) secunda al autonomista barbosista, el doctor Francisco del Valle Atiles (1852-1917), quien dirigió el Ateneo Puertorriqueño y fuera alcalde de San Juan en 1898: A causa del predominio que siempre tuvo y sigue teniendo en Puerto Rico el elemento caucásico, y atentos a los datos que la observación nos suministra, puede asegurarse que la raza negra, no engrosada por la inmigración, está llamada a desaparecer de la isla por fusión dentro de la raza superior que la absorbe, modificándose a su vez. En este cruzamiento que presenciamos, el aniquilamiento de la raza negra no se produce ya porque las enfermedades o el mal trato la hagan y menguar, sino porque la raza blanca renueva constantemente sus representantes, mientras que la abolición de la trata cortó la corriente inmigratoria del negro. (Brau, Salvador. Puerto Rico y su historia: investigaciones críticas. Valencia: Imprenta de Francisco Vives Mora, 1894, página 360.)

[6] (Dinwiddie 1899)

[7] (Gardner Robinson 1899)

[8] (Gardner Robinson, 218)

[9] (George 1900)

[10] (George, 35)

[11] (Herrmann 1900)

[12] La proclama a los habitantes de Puerto Rico del general Nelson Miles el 28 de julio de 1898, es el discurso de “asimilación benévola”: …No hemos venido a hacer la guerra contra el pueblo de un país que ha estado durante algunos siglos oprimido, sino, por el contrario, a traeros protección, no solamente a vosotros sino también a vuestras propiedades, promoviendo vuestra prosperidad y derramando sobre vosotros las garantías y bendiciones de las instituciones liberales de nuestro Gobierno. (Traducción de Miller.)

[13] (Mahan 1899)

[14] Russell Alger describe cómo se suscita la discusión entre los generales, el secretario de Guerra –él mismo- y el presidente sobre el primer lugar donde debía la invasión desembarcar. Hubo incertidumbre sobre quiénes serían los generales a la cabeza de las expediciones a Cuba y Puerto Rico, y cuál debía ser la primera en ejecutarse. Nelson Miles insistía que Puerto Rico era más importante. Como resultado, Miles decidió encargarse de la campaña a Puerto Rico, aunque en segundo orden. De hecho, Alger comenta que fue un error de Miles, puesto que se había perdido la mejor de las batallas, la de Santiago de Cuba. Llegando a Puerto Rico, desde su salida de Guantánamo la noche del 21 de julio de 1898, el general Miles cambió sus planes al último momento, y en vez de invadir por Fajardo, optó entrar por Guánica. Ver: Alger, Russell A., The Spanish-American War, páginas 59, 60, 69 y 304.

[15] (Van Middeldyk 1903)

[16] (Van Middeldyk, 5)

[17] (Van Middeldyk, 81)

[18] (Miller 1922)

[19] (Wilson 2005)

[20] (Mixer 2005, 179-181)

[21] (Morrison 2014)

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María de las Mercedes Barbudo Coronado (1773-1849)

Léster López Nieves

En Claridad: María de las Mercedes Barbudo Coronado: Una mujer con historia

Este informe usa como fuente principal el trabajo de Raquel Rosario Rivera, ya que son muy escasos los datos sobre María de las Mercedes Barbudo Coronado.

Datos personales

María de las Mercedes

No es segura la fecha exacta de su nacimiento, pero se estima en 1773. La madre de María de las Mercedes, María Belén Coronado, fue inscrita en el Libro de matrimonios de blancos, pero condición de parda libre fue escrita y borrada dos veces, lo que sugiere que había duda sobre su ascendencia. María Belén era hija natural de María Soledad Coronado, una mulata que también fue hija natural sin saber quién era su padre. Lo más seguro es que fuera un militar. Era la época en que llegaba el mariscal Alejandro O’Reilly a sancionar a los soldados que cohabitaban con puertorriqueñas sin considerar condición o casta. O’Reilly decía que “cada soldado se arrancó con alguna negra o mulata que llamaba su casera” y le entregaba “cada uno de los cuatro pesos mensuales que recibía de tesorería para su subsistencia” y con ese dinero “comía el soldado, la casera” y los hijos. Era la época en que Puerto Rico se reducía a una rudimentaria ciudadela militar, donde muchos de los soldados hacían servicio obligatorio. María Belén, la madre de Mercedes, se casó con un soldado de mediana importancia, quizá sargento, porque disponía de ciertas comodidades, y vivían en una casa de la Calle Luna, de mampostería techada de ladrillo, que generalmente correspondía a los comerciantes y artesanos de “mediana fortuna”. Luego, María de las Mercedes se mudó a la calle San Sebastián, esquina San José, donde se dedicó por más de una década a cuidar a su hermana María del Rosario, quien padecía de una desconocida enfermedad, y a su sobrina Rita Mercadillo Barbudo, de quien se encargó. Ambas, María Belén, madre, y María Soledad, abuela, llevaban dos generaciones de descendencia matrilineal, conservando el apellido Coronado.

Campeche Retrato de un oficial del regimento Fijo de Puerto Rico

Oficial español en Puerto Rico a final de siglo XVIII, retrato de Campeche

El padre de María Mercedes, Domingo Tomás Barbudo, se cree que llegó a Puerto Rico con los refuerzos de guarnición que envió España a Puerto Rico luego de que La Habana fuera sitiada por los ingleses durante la Guerra de los Siete Años. Se cree también que Domingo Tomás Barbudo partió de Puerto Rico por una década, entre 1775 y 1785 aproximadamente, y que su ausencia se debió a la participación de las tropas españolas en la campaña de apoyo a la Revolución estadounidense en Pensacola. Los Barbudo Coronado eran tres hermanos: José, María de las Mercedes y María del Rosario. La familia Barbudo Coronado tenía parentesco con las familias Campeche y Baldorioty. Rosa Arzola Campeche, la sobrina de José Campeche, fue la primera esposa de José Barbudo, hermano mayor de María de las Mercedes. José Barbudo tuvo siete hijos con diferentes mujeres, aunque sólo se casó con la primera. Su tercera mujer fue María del Rosario Baldorioty. Con María del Rosario tuvo una hija llamada Ramona, que fue la hermana de Román Baldorioty de Castro en otro enlace. La familia Barbudo Coronado heredó capital de Juan Veloz Coronado, único hermano de María Belén, quien reconoció a su hermana y a sus hijos antes de morir. Aparentemente era un buen caudal, y Veloz debió ser comerciante o contrabandista.

Educación

1 001María de las Mercedes era una mujer educada. No se sabe con exactitud cómo estudió, pero se cree que, dado a lo habitual de la época, estudió con las monjas en el Convento de las Carmelitas. Esto se evidencia de su fina caligrafía, que exhibía al escribir sus cartas. A su estilo de escribir se le llamaba “letra de monjas”, por el método de enseñanza de las religiosas, que consistía en la práctica de leer y copiar hasta perfeccionar la caligrafía. Es su época existían pocas escuelas para las mujeres. Estaban las “matronas”, que iban a las casas de los pudientes a educar sus hijos. También, había pequeñas escuelas privadas, con licencia o sin licencia, condición que dependía de si pagaban o no al cabildo, y no a alguna certificación de calidad. Una de estas escuelas “con licencia” fue fundada por el maestro Victoriano de Aldea Urries, a quien también se le atribuye parte de la educación de María de las Mercedes. Aldea Urries es mencionado como un importante educador y científico de la época, quién colaboró con el proceso evolutivo de la botánica transatlántica.[1] Con el tiempo, María Mercedes aprendió a manejar los negocios de su tío, Juan Veloz Coronado, quien era prestamista, y se convirtió en una comerciante acreditada del área de San Juan. Cuando María de las Mercedes tenía 15 años estalló la Revolución francesa. En Puerto Rico se celebraba la coronación de Carlos IV con carreras de Caballo, lo cual era usual en San Juan, y donde muy probablemente María de las Mercedes participó. Tendría 17 cuando en 1791 se alzaron en Haití y 23 cuando Abercromby irrumpe en Puerto Rico, en 1797. Dentro de este contexto histórico se dan los años formativos de nuestra insigne protagonista.

Contexto político

En 1797 la población de San Juan fue movilizada para su defensa contra los ingleses, donde seguramente participaran el padre y el hermano de María de las Mercedes. El gobernador Ramón de Castro declaró un estado de sitio y la ciudad sufrió dos semanas de intenso bombardeo. Por eso fue con gran júbilo que se celebró la huida de los invasores. Se agradeció a Dios en las misas, desfilaron los militares y hubo infinidad de fiestas. Por eso se dice que el comienzo del siglo XIX en Puerto Rico fue considerablemente optimista. Pero esa felicidad no duraría mucho para nuestra María de las Mercedes. En 1808, su madre, María Belén, aparece como viuda en los registros. O sea, que no sabemos cómo, pero su padre, Domingo Barbudo, ha fallecido, quién sabe si durante la conflicto con los ingleses. En 1817 murió su querida hermana María del Rosario. María de las Mercedes contaba 44 años ese año. En 1824, cuando tenía 51 años, el gobernador Miguel de La Torre ordena un registro de su casa, donde se incautan varios documentos comprometedores, entre ellos periódicos de Venezuela, publicaciones europeas y posiblemente ensayos que ella misma escribiera, de los cuales hay testimonio de su existencia en la Biblioteca Carnegie de San Juan, y que hoy día no se sabe dónde están.

María de las Mercedes estaba al tanto de los acontecimientos políticos, en especial durante la invasión napoleónica y el periodo constitucional, gracias a las noticias de padre y hermano, que estuvieron activos en el vaivén de las operaciones militares. Y no era para menos, pues miles de nuevos soldados llegaron a Puerto Rico con el Ejercito Expedicionario, o Ejército Realista de España, a partir del levantamiento en México en 1810, y muchas tropas puertorriqueñas también fueron desplazadas de sus regimientos fijos. Matías Escuté Valvei, hijo, un coronel realista puertorriqueño que luego tornó subversivo, estableció amistad con María de las Mercedes. El padre del coronel Escuté fue el sargento Matías Escuté, padre, compañero de armas de Domingo Barbudo en las campañas de Pensacola. Otro liberal, el venezolano José María Rojas, se reunía con Mercedes en su casa, la cual se sospecha que fue centro de reuniones de conspiradores contra España. Rojas era un agente revolucionario que colaboraba con Bolívar.

Con la instalación del gobernador Miguel de La Torre en 1823, llegó un nuevo periodo de Antonio Valerorecrudecida represión en la Isla. José de Luque, un espía contratado por La Torre, fue quien descubrió las correspondencias de María de las Mercedes con los liberales en Puerto Rico. Entre estas correspondencias se encuentra que María de las Mercedes conocía al general puertorriqueño Antonio Valero Bernabé. De hecho, se piensa que fue la misma María de las Mercedes quien recomendó a Valero para unirse al Ejército Libertador de Venezuela. Se vincula con la venezolana Josefa Zavaleta de Arrubla, esposa de Juan Manuel Arrubla, amigos ambos del prócer Francisco de Paula Santander. Josefa Zavaleta estuvo en Puerto Rico, donde fue encarcelada por sus expresiones antiespañolas en 1823, y era cuñada del coronel Escuté Valvei, quien estaba casado con su hermana, María Luisa Zavaleta. De Josefa Zavaleta no se supo más, después de su cautiverio en La Fortaleza. Al coronel Escuté Valvei se le atribuye la fundación de la Imprenta Fraternidad, en la Calle San Justo, donde se produjo el primer periódico de Puerto Rico, el Diario Liberal y de Variedades. Este periódico tuvo su mayor despliegue durante el Trienio Liberal, y casi todos sus artículos se publicaban bajo el anonimato. En el 1823 arrestaron al coronel por unas correspondencias de Santomas que lo implicaban a él y a María de las Mercedes en un plan para derrocar al gobierno español en Puerto Rico, pero éste logró escapar de su prisión el Castillo San Cristóbal.

El gobernador La Torre vigiló la casa Barbudo por año y medio, desde septiembre de 1823. La conspiración liberal contempló la toma de los fuertes de San Juan. La médula de los subversivos consistía de los propios oficiales puertorriqueños en el ejército realista. Además de la casa de los Barbudo, se vigilaba la de los Hernaíz. La casa Barbudo, ahora, solo consistía de María de las Mercedes y su sobrina Rita, hija de su fenecida hermana María del Rosario. Pedro Tomás de Córdova hace referencia a una mujer en San Juan que recibía cartas disidentes, en cuya casa se reunían para discutir sobre “materias políticas peligrosas al sosiego público”.[2] Una de las cartas interceptadas, que incluía una proclama, leía lo siguiente:

¡Americanos puertorriqueños! Despertad de vuestra apatía antes de que España os deje redimidos a un puñado de tierra impotente, para que seáis eternamente esclavos de bárbaros cosacos o españoles poco menos bárbaros. Ya es tiempo de que hagamos, de que obtengamos lugar distinguido en el mundo, de que obremos como hombres sin necesidad de tutores y luchemos mucho contra los españoles intrusos y obstinados, en disponer lo ajeno. ¡Viva la independencia! ¡Viva la libertad! ¡Viva la República de Colombia![3]

Y lo más admirable es que María de las Mercedes nunca negó su complicidad con las cartas, todo lo contrario, reclamó que se las devolvieran. Según los informes del gobernador, el padre José Antonio Bonilla era uno de los liberales que visitaba la casa de María de las Mercedes. Al parecer, María de las Mercedes era una persona de posición significativa, ya que hizo varias recomendaciones de confianza sobre distinguidas personas, como la ya mencionada de Valero, y otra sobre el sacerdote Francisco Pérez, quien era otro separatista puertorriqueño que partió a luchar por la independencia en Venezuela.

Otro singular camarada de María de las Mercedes fue José María Vargas, sexto presidente de Venezuela, con quien se cree que estuvo estrechamente vinculada. La escusa más obvia, ya que Vargas era médico, era la visita a María del Rosario, su hermana enferma. Después del destierro de Mercedes, el doctor Vargas se fue de Puerto Rico, acto que fue delatado desde Santomas, donde el espía José Luque lo descubrió, a La Torre. El Diputado a las Cortes de 1820, el general Demetrio O’Daly, también fue amigo de María de las Mercedes. O’Daly fue mandado a arrestar por el gobernador, por estar involucrado en el movimiento separatista.

Una de las razones principales, expresadas por el propio gobernador, para el destierro de María de las Mercedes, fue usar su hogar como centro de reuniones para los separatistas. La Torre se quejaba de que

… esta mujer desde hace años observa esta conducta, mantiene en su casa tertulia de gentes nocivas, propalaba sus designios con cautela y dispone los ánimos de la juventud inexperta, siga difundiendo sus perversas opiniones, su perniciosa doctrina de independencia y su odio terrible contra el paternal gobierno de Su Majestad.[4]

Las reuniones en casa de María de las Mercedes eran similares a las logias de los masones, excepto que por ser mujer, no se le permitía tal categoría. Se cree que un cargamento de 90 libros subversivos procedente de Francia, entre los cuales figuraba El Contrato Social, de Rousseau, confiscado por las autoridades en el puerto de Mayagüez, iba dirigido a María de las Mercedes. Era una época de prohibición de la lectura y todo lo que estimulara el intelecto. Muchos de los allegados de María de las Mercedes eran miembros de la Sociedad Económica del País. En las “tertulias” se discutían las ideas de Rousseau y Voltaire, entre otras cosas.

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General Demetrio O’Daly

El 22 de octubre de 1825 se citó a María de las Mercedes Barbudo Coronado para que confesara su delito. Se le interrogó sobre las cartas y no negó que fuera cierto. No negó su complicidad con todos los nombres de imputados que le citaron y quienes ya habían abandonado la Isla. Luego la llevaron a su casa y la registraron. Encontraron un sinfín de comunicaciones comprometedoras, donde se convocaba a la revolución. Se le acusó de espía y de “ponzoña de la insurrección”.[5] Por tal “horrendo crimen”, el siguiente día, 23 de octubre de 1825, la confinaron en el Castillo San Cristóbal a esperar hasta que la goleta El Marinero la llevara a una Casa de Recogidas en La Habana, donde estuvo recluida por cinco meses. Fue la primera y última vez que María de las Mercedes partía de su suelo amado. Pero María de las Mercedes se las arregló para dejar un apoderado que le liquidó las propiedades, y remitió su dinero, el cual le ayudaría en el exilio. Ni tonta no perezosa, María de las Mercedes, no se sabe cómo, salió de Cuba. Fue a parar a Santomas. Allí se encontró con el espía Luque, que no pudo hacer nada al respecto, y posiblemente con Demetrio O’Daly. Diez días después, abordó el bergantín Hunter, de bandera inglesa, y marchó a La Guaira, Venezuela, donde se encontró con sus amigos José María Rojas, Matías Escuté Valvei y José María Vargas, entre otros. Su hermano José murió poco tiempo después víctima de la persecución y encarcelación en España. Ni María de las Mercedes, ni José, supieron de sus paraderos, a pesar de que trataron rencontrarse.

En Caracas, donde María de las Mercedes fue a residir, la situación se tornaba violenta por las retractaciones remanentes de la guerra. Gracias al apoyo de sus amigos, y su indómito temple, María de las Mercedes prevaleció en el comercio como prestamista. Allí también estaban los puertorriqueños Antonio Valero Bernabé y el padre José María Bonilla, entre otros tantos exiliados de la Isla que dieron allí los últimos suspiros del sueño de ver a Puerto Rico libre. María de las Mercedes Barbudo falleció el 17 de febrero de 1849 a los 76 años. Fue enterrada en la Catedral de caracas, un lugar reservado para personas de importancia nacional, donde originalmente estuvo también el Libertador, y aún allí permanecen sus restos.

 

Bibliografía

Angleró, Doris. «La mujer y la política a través de la historia.» 80grados.net. 2 de marzo de 2012. http://www.80grados.net/la-mujer-y-la-politica-a-traves-de-lahistoria/ (último acceso: 2012).

James Delbourgo, Nicholas Dew. Science and Empire in the Atlantic World. New York and London: Routledge, 2007.

Marzán, Jaime. «Introito a Mercedes.» Web Oficial. 3 de marzo de 2011. http://jaimelmarzanramos.weebly.com/1/post/2011/03/introito-a-mercedes.html (último acceso: 2012).

Pérez Ortiz, Melanie. «Para presentarles a Mercedes de Jaime Marzán.» 80grados.net. 25 de mayo de 2012. http://www.80grados.net/para-presentarles-a-mercedes-de-jaime-marzan/ (último acceso: 2012).

Pérez Rivera, Tatiana. «Mercedes siglo y medio después.» El Nuevo Día, 30 de mayo de 2011.

Rosario Rivera, Raquel. María de las Mercedes Barbudo, primera mujer independentista de Puerto Rico 1773-1849. San Juan: Raquel Rosario Rivera, 1997.

 

 

[1] (James Delbourgo, Nicholas Dew 2007, 236)

[2] (Rosario Rivera, 135)

[3] (Rosario Rivera, 136-137)

[4] (Rosario Rivera, 163)

[5] (Rosario Rivera, 174)

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Buscan a turista que se lanzó de tanquero cerca del Canal de la Mona

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29 de diciembre de 1953

La Guardia Costera continúa la búsqueda del joven de 26 años

Por Léster López Nieves

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El turista desaparecido fue identificado como el dominicano Ulises Pichardo de La Rocha, quien viajaba en el tanquero Prometeo junto a dos americanos de la Compañía de Fomento de Puerto Rico, además del vicegobernador, Javier Aguirre, el profesor Adalberto Linares, el empresario sangermeño Oscar Martín y el célebre pianista Pedro José Expósito. (Archivo)

Personal de rescate de la Guardia Costera continúa esta noche la búsqueda del ciudadano dominicano, que presuntamente saltó por la borda la noche del sábado mientras el barco navegaba por el Canal de la Mona.

Pichardo, de 26 años, fue identificado como veterano condecorado de la Guerra de Corea, del Regimiento 65 de Infantería, quien, a eso de las 8:46 p.m., fue visto por otros pasajeros lanzándose al mar a unas 15 millas náuticas al este de la Isla de Mona.

Se desconocen las razones por las cuales se cree que el turista se lanzó desde la embarcación, aunque se piensa que fue por “miedo a un puñado de polvo”.

La embarcación iba rumbo a San Juan para finalizar un viaje de tres meses desde el Pacífico.

Oficiales de la Guardia Costera en San Juan recibieron el reporte sobre el incidente alrededor de las 9:00 p.m. del sábado, y de inmediato enviaron un helicóptero y una embarcación para realizar la búsqueda, se informó en un comunicado.

A eso de las 7:00 p.m. de hoy, el capitán del Prometeo, Eric Samrug, en representación de la compañía de tanqueros New Panamax, indicó que un helicóptero del cuerpo castrense se había retirado del lugar, pero una escampavía continuaba en el área en intento por localizar al individuo.

Samrug no anticipó el tiempo que durará la búsqueda.

La pesquisa en torno a las circunstancias en que el hombre supuestamente saltó al agua la maneja el Negociado Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés).

Hay que añadir que el tanquero toma el nombre Prometeo de uno de los dioses mitológicos griegos, del grupo de los titanes, que robó el fuego para calentar a los hombres que había hecho de barro. Como castigo, Zeus, rey de los dioses olímpicos, lo encadenó en una cueva, donde un buitre le comía el hígado todos los días mientras se le regeneraba por las noches. Finalmente, Hércules rescata a Prometeo de la horrible condena.

Prometeo es, según la mitología griega, el creador de los hombres. Eran estos hombres muñecos de barro hasta que Zeus les infundió vida con su aliento. Prometeo les llevó el fuego, en contra de los deseos de Zeus. Para castigar a los hombres, Zeus mandó crear la primera mujer, Pandora, y la acompañó con una cajita llena de males. Un mito que nos recuerda Adán y Eva.

En “El fuego y su aire”, de Enrique Laguerre, Prometeo representa el proyecto estadounidense de crear un “nuevo hombre” en Puerto Rico, uno acorde al mercado y la “modernización” capitalista que se llevaba a cabo desde la invasión. Por eso se habla del “miedo de un puñado de polvo” en el capítulo 7. Esta es una muy intrínseca interpretación del mito si tomamos como ejemplo la ilustración de Mary Shelley en su novela Frankenstein, que critica la pretensión científica de los tiempos, de hacer el papel de Dios y crear a un ser humano.

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Otro análisis de “La noche que volvimos a ser gente”

En Claridad: La noche que volvimos a ser gente, otro análisis

Léster López Nieves

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José Luis González

El cuento toma lugar a finales de la década de 1960, o a principios de 1970. Es un espacio urbano, la gran metrópolis industrializada de Nueva York. El protagonista vive en El Barrio de Manhattan y trabaja en Brooklyn. Rivera de Álvarez dice que la generación del 45 es literatura de posguerra que denota la “angustia existencial y el pesimismo”. Cita a Emilio Díaz Valcárcel para señalar que es la década de los genocidios atómicos del Japón y el inicio de un “paradójico” crecimiento económico en Puerto Rico, donde se pierden los valores morales.[1] Quizá por eso el narrador pensó al principio que el problema en el subway era a causa de la “tercera guerra mundial”. Eran los tiempos de la Guerra Fría. Es también la época cuando cambió el proceso de americanización, de impositivo hasta la década del 1940, a persuasivo pos Segunda Guerra Mundial. Surge una nueva clase burguesa en Puerto Rico, ávida de entregar valores tradicionales por “modernización” materialista al estilo yanqui. Se relega el idioma vernáculo y la lealtad patriótica. La industrialización provoca el abandono del campo en busca de trabajo y crecen los arrabales en la periferia urbana puertorriqueña. Se generan éxodos a Nueva York.

Hay que considerar la activación nacionalista y la influencia de Pedro Albizu Campos en medio del fervor político que causó la entrega definitiva de Puerto Rico a Estados Unidos mediante la fórmula del estado “libre y asociado” a principios de 1950.[2] En los años de 1960 y 1970 surgen movimientos revolucionarios, como las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, lo cual acentúa los conflictos políticos y la suspicacia contra los boricuas en Nueva York.

Podemos pensar que el puertorriqueño que llegaba a Nueva York a finales de 1940 llegaba con cierta aprensión. René Marqués se refiere también a esta época como una de “pesimismo literario pero optimismo político”. Katherine Marsh Kennerley demuestra cómo Luis Muñoz Marín institucionaliza la cultura para resolver el problema que representaba tener una “nación sin estado”. Según ella, la institucionalización respondió también a la necesidad de separar la cultura del estatus político.[3] Marqués, contrario a González, era un veterano del ejército de Estados Unidos que colaboraba con la DivEdCo en el proyecto muñocista. El “jíbaro” se convirtió en el emblema clásico que nos daría una base ideológica para aceptar el discurso del “Norte” y un nacionalismo limitado a la cultura. Marqués lo llamaba el “puertorriqueño dócil”. González veía el pesimismo literario, pero no el optimismo político.

A través de La noche, José Luis González pinta al emigrante puertorriqueño como un trabajador de fábrica que vive una vida aparentemente sencilla; tiene su trabajo, su apartamento y sus amistades. Sin embargo, es inteligente: sabe hablar inglés y sabe que lo están explotando. González presenta a la comunidad puertorriqueña como fraterna y solidaria antes del apagón. Todos se encargaban de velar por el bienestar de un huérfano retardado sin lazos familiares.

El protagonista no llega a tiempo para ver el alumbramiento de su hijo porque se queda extraviado en el tren camino a su apartamento. Esto puede significar las nuevas generaciones de boricuas que empezaban a nacer en Nueva York y la falta de inherencia con su propio destino, condicionado a la servidumbre y resignación. El título La noche que volvimos a ser gente sugiere que el boricua no era “gente”. El periódico The New York Times dijo que no hubo un alza de crímenes como consecuencia del apagón. O sea, que la gente se portó bien, al menos por esa noche. Dice Rivera de Álvarez que la generación del 45 encuentra sus ideales literarios en escritores que van más allá de Quiroga; en autores norteamericanos de la talla de Hemingway, y profundizan en las técnicas del soliloquio subjetivo de los personajes en un plano filosófico existencialista. En palabras de Rivera:

El pesimismo será nota dominante en esta literatura de narración, y habrá de quedar sobrentendido que el mismo responde a la incapacidad del hombre para transformar el mundo en que vive, un mundo de exacerbado materialismo que ha venido a anular los valores trascendentales de la vida y también la potencia para transformarse a sí mismo.[4]

Siendo esto así, no queda más que realizar que el narrador de La noche nos somete a un monólogo aparentemente ingenuo que caracteriza el suceso tan arbitrario del apagón de Nueva York como una catarsis existencial, y la pesadilla del emigrante se convierte –al menos por unos instantes- en un dulce ensueño. Por eso, González, además de la condición inhumana bajo el capitalismo, denuncia la credulidad del emigrante esperanzado frente a la inmoralidad de la factoría. Con la generación del 45 se favorecen los ambientes urbanos, aunque no se desliga por completo el pasado campesino. Por eso José Luis Gonzáles nos presenta con el personaje de Trompoloco, que nos conecta al pasado paisa. El narrador nos cuenta que:

el pobre Trompoloco se cayó del coy allá en Puerto Rico cuando era chiquito y según decía su mamá, que en paz descanse, cayó de cabeza y parece que del golpe se le ablandaron los sesos… nadie abusa de él porque su mamá era muy buena persona, médium espiritista ella, tú sabes, y ayudaba a mucha gente y no cobraba.[5]

En La noche que volvimos a ser gente se tratan los temas de la emigración del boricua a Nueva York, la industrialización, la inmoralidad de la explotación clasista, la sociedad urbana y el prejuicio racial. También se juega con los cambios lingüísticos, como consecuencia de la emigración al país angloparlante. Se hace una radiografía del emigrante campesino, ahora proletariado en la metrópolis, y se subraya la descomposición, o transformación cultural, y sus contradicciones existencialistas.

Por eso, La noche que volvimos a ser gente es una burla, porque realmente, en Nueva York, nunca fuimos gente. Durante la década de 1960 en Puerto Rico, “la deuda del sector público se triplicó” y la del sector privado iba peor.[6] Fue una época de convulsión política con las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional y el Ejército Popular Boricua, donde reinaba el caos entre los arrabales y los niuyores. Puerto Rico era un país en el que se procesaba una “revolución pacífica” y la nación se reducía a una “salsa”. La hispanidad languidecía ante las nuevas oligarquías anexionistas. En fin, Puerto Rico no era un paraíso, y mucho menos Nueva York, donde te acababan de rematar para que fueras menos “gente”. Entonces, ¿por qué volver a ser gente? Sería una ironía si la historia fuera lo contrario, y José Luis González la conocía en carne propia.

A pesar de haber escrito su cuento alrededor de 1970, González, según la categorización generacional –y a pesar de su evolución como artista-, ¿era un escritor pesimista, como en La carta, donde el hijo le describe una vida optimista a su Qerida bieja ajena a las realidades neoyorquinas, y que en efecto, necesitó extender la mano para sufragar el sello, o había cambiado su estilo? Es muy cierto que el autor nos pone en relieve la realidad puertorriqueña migratoria, la vida mecanizada en la gran metrópolis. “Y pensé: menos mal que está oscuro y no nos pueden ver la cara, porque si se dan cuenta que somos puertorriqueños…”

Podemos interpretar La noche que volvimos a ser gente como un cuento esperanzador para los puertorriqueños que se olvidaban que eran gente en el idilio de un paraíso falsamente romantizado, que debido a la deshumanización de las factorías, por una noche volvieron a esa forma de ser que no existía. Puerto Rico, lleno de arrabales, un país maquillado de nación para compensar su agonía de libertad. Pensar que somos una nación porque tenemos una cultura de banderas y salsa es lo más ridículo, una burla a la dignidad humana. Por eso, José Luis González escribe un cuento que rebasa la ironía para caer en el sarcasmo.

 

Referencias

Chan, Sewell. Remembering the 77 Blackout. City Room news blog, New York: The New York Times, 2007.

García Passalacqua, Juan M. «Ponencia leída en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, en el simposio sobre José Luis González, el 22 de abril de 1997.» Exégesis. Mayagüez: Universidad de Puerto Rico, 1997.

González, José Luis. «La noche que volvimos a ser gente.» Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña Año 14, Núm. 52 (1971).

Irizarry Mora, Edwin. Economía de Puerto Rico. México: McGraw Hill, 2011.

Marsh Kennerley, Catherine. Negociaciones culturales: los intelectuales y el proyecto pedagógico del estado muñocista. San Juan: Ediciones Callejón, 2009.

Rivera de Álvarez, Josefina. Literatura puertorriqueña. Madrid: Ediciones Partenón, 1983.

Rodríguez Juliá, Edgardo, entrevista de Ángel Collado Schwarz. José Luis González visita el cuarto piso La Voz del Centro, (22 de 1 de 2006).

 

[1] (Rivera de Álvarez 1983)

[2] (Ibid.)

[3] (Marsh Kennerley 2009). En su trabajo, Marsh Kennerley realiza un abarcador examen del proyecto muñocista y la colaboración de Marqués.

[4] (Rivera de Álvarez, 488)

[5] (González)

[6] (Irizarry Mora 2011)

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La nueva historiografía puertorriqueña

Léster López Nieves

Picasso

Autorretrato Pablo Picasso

El comienzo del siglo XX se caracterizó por el rompimiento de las normas de la forma en el arte así como la historia. Schonberg rompió con las reglas de la música y Picasso con las de la pintura. La literatura dejó atrás las limitaciones de antaño y floreció allende Europa. En Francia, la Historia despertó a partir de la Escuela de los Anales, al mismo tiempo que caía la bolsa de valores en Nueva York. Las guerras mundiales echaron el progresismo de la Ilustración y el Romanticismo por el suelo y nació el Modernismo. Se planteó que la Historia no podía limitarse a la pedantería de los conquistadores y el procerato nacionalista. Se reinterpretaron los mitos históricos con el revisionismo histórico. Inglaterra pasó de heroína a villana con la revisión de Eric Williams sobre el romanticismo abolicionista.[1]

Eric Williams

Eric Williams

Eventualmente, en la década de 1970, y a partir de la Escuela de los Anales, se marcan los inicios de una nueva tendencia en la forma de escribir historia, con el nombre de Jaques Le Goff sonando como referencia importante.[2] A esta nueva tendencia se le llama Nueva Historia.

El concepto de la Nueva Historia, según Fernando Picó, no fue muy bien acogido al principio de los 70 por los paladines de la puertorriqueñidad, que eran los que estaban atrincherados en el Instituto de Cultura Puertorriqueña, que no querían rescindir de la categoría de José de Diego y los patricios de la clase hacendada.[3] Picó nos relata cómo Arturo Morales Carrión ayudó a rescatar el archivo de los gobernadores españoles, de Washington, y Luis de La Rosa los pliegos municipales, que estaban a punto de perecer en las vísceras de las ratas. Da crédito a Gervasio García y al Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña por la entrada de la Nueva Historia al plantel historiográfico borincano en la década de los 80, no tanto por ser una teoría nueva, sino más bien como un rechazo a la Vieja Historia, la cual describe como aquella dedicada a matizar la política de las instituciones oficiales. Dice nuestro insigne profesor que Lo que estaba en juego era qué movía el cambio histórico, si las iniciativas de arriba o las de abajo,[4] y fue obvio que, como siempre fue la de arriba la voz cantante, de ahora en adelante serían otras voces las que se harían sentir en la palestra de los relatos.

Fernando Picó

Fernando Picó

La Nueva Historia, pues, es todo aquello después de la Vieja Historia, como diría Picó, la historia de los marginados: mujeres, oprimidos, homosexuales, discriminados, pobres, desposeídos, negros, censurados, ateos y disidentes; la historia que es inevitable y se bifurca. Microhistoria y macrohistoria. Historia de los zapatos, historia de la locura. Historia de la música, historia de la educación de la música, historia de la ideología de la educación de la música, historia de la política de la ideología de la educación de la música, historia de la etnología de la música, historiografía de la historia de la política de la música y la historia de los músicos que se dedicaron a hacer historia. Todas las historias son igualmente sustanciales para entender la experiencia humana; es historiar con una perspectiva holística.

Ana Lydia Vega

Ana Lydia Vega

La literatura se hace cómplice de la historia. Paralelamente surge un grupo de escritoras y escritores que ajustan la historia. La mayor crítica de los historiadores tradicionales a los novohistoriadores es que no son estrictos en sus métodos. El positivismo requiere el método científico para validar la información, pero los novohistoriadores no necesariamente reconocen los documentos oficiales como fehacientes de la historia. Los documentos oficiales, después de todo, hacen valer la verdad oficialista, que no siempre es la ajustada a la realidad, ya que la realidad es siempre relativa y múltiple. Por eso, las escritoras y escritores, para no meterse en aprietos con los censores, prefieren hacer justicia a través de su creatividad y en honor a la historia. Ese pasado muy nuestro, que revela y repara, se rescata del olvido, de la empresa del colonialista, que anula. Ana Lydia Vega dice que tiene una vocación de historiadora frustrada que la tortura. Dice la escritora:

Al calor de los destapes setentistas, bajo las influencias capitales de la Revolución Cubana, la Guerra de Vietnam, los movimientos de liberación femenina, negra y “gay” y el entonces nuevo y vigoroso independentismo socialista universitario, el gran vacío histórico de nuestra formación escolar se nos hizo totalmente evidente. Y totalmente insoportable.[5]

La literatura ha conspirado en el arduo trabajo de recuperar nuestra historia vejada, para dejar ver, por encima del manto falaz, la especulada naturaleza de nuestra idiosincrasia. Escritoras y escritores se han consagrado a la elucubración de lo verídico al margen de la verdad.

Mario Cancel

Mario Cancel

Los historiadores, también están haciendo su trabajo, y con bastante ahínco. La nueva historiografía puertorriqueña se ha infundido en todos los campos relacionados de la academia. Se hace la historia médica, arquitectónica, culinaria, educativa, religiosa, migrante, industrial, agrícola y militar. Se va más allá. Se hace la historia de la historia. Mario Cancel, de 80grados, dice que en los 70 hubo un nacionalismo cultural. Luego, en los 90, los posmodernistas y socialistas convirtieron la nación en un problema. El pesimismo se apoderó de la intelectualidad de la izquierda y, según Cancel, el aliento de la Nueva Historia murió. La nación se convirtió en una construcción ideológica y el historiador en un entertainer sujeto al poder de la globalización, los medios de comunicación y la wikicultura. Sin embargo, la nueva tendencia de diversificación de representaciones en la historiografía, como se promueve en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, da nuevas esperanzas. Dice Cancel:

El hecho de que en el panorama se puedan identificar excelentes escritores que trabajan la Historiografía, pero provienen de otras disciplinas académicas, me parece esencial.[6]


[1] En su tesis doctoral, The Economic Aspects of the Abolition of the Slave Trade and West Indian Slavery, Williams deja ver la razón económica de la abolición de la esclavitud en Inglaterra y se desvía de la historiografía oficialista que le adjudica causas humanitarias.

[2] Ver: Le Goff, Jaques. Pensar la historia. Barcelona: Paidós, Surcos, 2005.

[3] (Picó, La Nueva historia y el Archivo General 2006)

[4] Ibíd.

[5] (Vega 1994) 102

[6] (Cancel Sepúlveda 2011)

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Dios es barroco y Jesucristo rapero

Léster López Nieves

Un día fui a darle un regalo a un gran compañero. Digo compañero porque lo conozco de poco tiempo, pero me gustaría llamarle amigo. Gran compañero porque ha sido desde el principio un solidario socio en el arte de la conversación, que nunca ha cerrado sus puertas, ni a mis más porfiados argumentos ni a mis menos ilustradas defensas. Y creo que es uno de esos raros tipos buenos, en el mejor sentido de la palabra. En esas estaba porque era precisamente lo que le pensaba decir al darle el regalo, pero como no soy persona de discursos enlatados, le dije lo primero que me vino a la mente, ya que el regalo era un CD de las Partitas para violín solo, de Juan Sebastián Bach: si Dios fuera músico –le dije-, habría compuesto esta música.  Se me olvidó mencionar que el compañero a quién me refiero es el director de la escuela de teología de una universidad. En fin, fue el discurso que se me ocurrió, por ser él un erudito de Dios y yo un músico imprudente. Esperé una reacción, pero fue su respuesta la que me tomó por sorpresa: si Jesucristo fuera músico, sería rapero. De repente, una musa espontánea me iluminó. Supe que el tema sería extenso, y como de costumbre, ya mi ilustre compañero me estaba tirando con datos bibliográficos desde su impresora. Era una compleja proposición.

En primer lugar, decir que si Jesucristo estuviera vivo, en nuestros tiempos, sería rapero, también quiere decir que el hijo de Dios sería un marginado social, de clase baja, posiblemente de origen étnico matizado, conocedor del crimen, con escasa o ninguna educación académica. Posiblemente habría ya recorrido la cárcel y lo estarían tratando exactamente como lo trataron hace dos milenios. Fue lo que le comenté a otro colega, unas horas más tarde, y éste asintió dándome toda la razón, y me replicó, con los ojos más abiertos aún, que sí: en efecto, el mundo está patas arriba. Al otro día, y en la misma frecuencia, le comenté a una vecina evangélica que no me imaginaba a Jesucristo guiando un Lexus y codeándose con los riquitos del Condado. Inmediatamente saltó a recitarme de memoria el mandato divino de la Biblia que justificaba la riqueza, como en la predestinación de Calvino. Claro está, lo idóneo sería que todos estemos cómodos materialmente, que no le falte nada a nadie y que hasta tengamos algún lujo. Pero tristemente no es así. Todavía vivimos en los tiempos en que unos deben sufrir para que otros sean felices, al menos materialmente. Y el problema empeora cuando los pobres se olvidan de su humildad.

¡Tampoco sería un rapero cristiano! Creo que Jesucristo estaría en contra de las ganancias, de incorporar el catecismo a una música que no evoca el sentimiento religioso. El canto solemne es más apropiado que el ritmo perrero. Si los religiosos necesitan una música para adoctrinar y no están satisfechos con los himnos, que se inventen otra. Creo que así pensaría el Señor rapero. Y cero temas con moralejas. El honor ya está en veda. En un mundo donde el trecho entre el dicho y el hecho es un arte rentable, lo moral se convierte en un ejercicio vicioso. Enrique Santos Discépolo, en su Cambalache, nos dice que hoy da lo mismo ser burro que ser profesor, ser derecho o traidor, que todo es igual, que nada es mejor. Serrat, en Los macarras de la moral, nos dice que los moralistas se pasan pescando en el río turbio del pecado y la virtud, azuzando el miedo, a costa de un credo.

Nadie puede proclamar ser poseedor del título de la virtud y nadie quiere el título del pecado. Realmente, a nadie le importa. Lo más que importa en la vida es una cosa: el dinero. Creo que Jesucristo estaría de acuerdo con esta declaración. Ocurre que a la mayoría de las personas no le agrada el tema. A poca gente le gusta hablar de su condición socioeconómica. Para ponerlo más crudo: el clasismo. El tan arraigado y disimulado concepto de la lucha, o el terror, de las clases sociales. Lo dije al principio, si Jesús fuera rapero, pertenecería a la clase social inferior, o sea, aquellos que tienen que recibir ayudas del gobierno para ir a la primera universidad que los acepte, por sus bajos promedios académicos, debido a la poca o ninguna disciplina de estudios y trabajo que heredaron de sus padres; quienes, en cambio, viven del mantengo porque sus otros padres habían llegado del campo y vivían en un arrabal buscando trabajo y comiendo carne enlatada de la PRERA. Y aunque no sabían leer, era gente decente, hasta el día que se abusó de la confianza y el jíbaro terminó en la cárcel. Es raro, o mejor dicho, improbable, pensar que una persona con dinero vaya a la cárcel, y los ricos dicen que los pobres son pobres porque son vagos –como decían los españoles-, y no quieren salir de la pobreza. O los salarios son miserables y el rico se hace cada día más rico y el pobre se ve cada día más pobre.

ImagenJuan Sebastián Bach tuvo más suerte. Vivió en los tiempos en que existía una clase musical. Sí, una clase exclusivamente de músicos, que sólo hacía música. Sus tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres, tíos, hermanos, primos, hijos y nietos, todos, eran músicos, los mejores de la época, y Juan Sebastián era el mejor de todos, y es considerado el Padre de la Música. Fue encarcelado por desobedecer a sus benefactores. Formó su propia orquesta, con sus veinte hijos y esposa. Cuando joven, incursionaba de noche en los archivos personales de otros músicos miembros de su familia, como un ladrón, para estudiar códigos de música y asimilar los secretos del arte. Bach era un hombre de fe, toda su música la compuso para Dios. Atemperó la tonalidad de los instrumentos para que todos se afinen en un mismo tono –La-, a una frecuencia de 440 vibraciones por segundo, a partir de lo cual, la música trasciende efectivamente como un lenguaje universal. Hay mucho más que podemos decir sobre Bach, pero no cabe duda de que era un músico dichoso.

En cambio, Jesús se nos quedó rezagado. Otra vez a lo mismo, el maltrato, el mal entendimiento, otros dos mil años tratando de interpretar su filosofía. Porque se me hace muy difícil ver a Jesucristo guiando un Lexus, codeándose con neoliberales penitentes. Me lo imagino cantando un rap donde se queja porque no tiene ropa para ir a la universidad mientras los riquitos gastan miles en Plaza Las Américas para estrenar la moda, porque tendrá que coger la guagua mientras los riquitos viajarán cómodos en coches con aire acondicionado; porque ni a su padre ni a su madre les importa si estudia o no, pues ellos no saben más que ver televisión mientras los padres de los riquitos ya están haciendo planes de viaje a Europa.  Jesús está tan pelao que no tiene para un desodorante y no consigue novia, y los chicos riquitos descubren que son lindos y seguramente tendrán fiestas.

El consumismo monstruoso que ha engendrado el capitalismo se manifiesta en el frenesí de compras en Plaza Las Américas. Nosotros observamos como si no fuéramos parte del asunto, hasta el día que nos toca de cerca. Entonces, y sólo entonces, no querremos cerrar los ojos, jamás retornar al ensueño de los impasibles. Pero olvidamos con facilidad.  El discurso moral no tiene importancia. ¿Qué le vamos a decir al joven que ha llegado al umbral de la universidad pero con trabajar en el fastfoods no le alcanzó? ¿Qué no venda drogas? Que rece. Ciertamente –Jesús dirá-que cuando las desigualdades sean menos, cuando la vida sea más cómoda para la mayoría, sin privilegios; cuando el rico ya no necesite del pobre para poder ser rico, entonces, volveré, quizás en dos o tres mil años más. De verdad creo que lo diría así. Hay dos cosas seguras –diría Jesucristo-, una que sabemos y otra que no sabemos. Primero: los ricos no van querer dejar de ganar más así porque sí. Segundo: no sé cuál música estará de moda de aquí a cuando regrese.

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Claridad / Diez mujeres en la historiografía latinoamericana

En Claridad: Diez mujeres en la historiografía latinoamericana

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Diez mujeres de la historiografía latinoamericana

Léster López Nieves

“Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.” Redondillas, Sor Juana Inés de la Cruz

“Me pregunté cuáles podrían ser las razones que hacen a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar contra la mujer, criticarlas ya sea en la palabra o en los escritos…” La Ciudad de las Damas, Cristina de Pisán

Será que el misógino teme perder su precaria hombría ante el deslumbre de la fémina. Bien la quiere para osar en lo indecible, como Thais, destructora de la ciudad persa; o depurar su sangre, como Lucrecia, creadora del guerrero romano. Lo cierto es que la historia de la mujer es la historia de la lucha de géneros; no tanto del hombre foráneo, sino del doméstico. La pregunta persiste: ¿por qué ofende tanto el hombre a la mujer?  A continuación versaremos sobre las realidades de un grupo selecto de mujeres estoicas, clarividentes e indelebles para la historia. Ejemplos a seguir por hombres y mujeres. No es tanto que ellas sean parte de la historia de la humanidad sino que dentro de ésta dieron una lucha doblemente difícil, no solamente por ellas sino a pesar de la misma humanidad a la que pertenecen.

MalincheMalinalli Tenépatl (1500-1527), La Malinche, para algunos, traidora de los aztecas, delatora de Moctezuma, fue víctima y heroína de su momento histórico. Vendida por su madre, esclava de los mayas, cuando llegaron los españoles llegó su oportunidad para emanciparse y, más todavía, jugar un papel extraordinario. A la hora de la verdad no importaron sus compueblanos, ni su cultura, ni su familia. ¿Por qué, si nada bueno representaban? Esta talentosa mexica aprendió súbito la lengua de sus interlocutores y fue una intérprete del náhuatl al castellano instrumental para los designios de la Conquista. También se le describe como muy hermosa, otro don femenino a su ventaja, por lo que se convirtió en la amante del propio Conquistador, Hernán Cortés. Muchas leyendas y romances se han escrito en su nombre, mas ninguno tan real como su condición de género. Solamente vivió unos escasos veintisiete años, pero logró mejor vivencia que la de una esclava. En México se le puede hacer referencia como traidora; la Eva, la Dalila, La Malinche. Pero para los que estudian la historia, fue una mujer que logró sobrevivir en el sometido mundo de los hombres indígenas aprovechando la necesidad del sometido mundo de los hombres europeos. Su caso fue único.

Juana InésLa vida de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695) es el testimonio de la actitud opresora de la Iglesia, aunque en su caso particular, y durante poco tiempo, oportunamente paradójica. La Iglesia, a través del padre Antonio Núñez de Miranda, manipuló su obra y usó el ejemplo de su vida para promover lo que debían ser los estándares de la vida religiosa y escarmentar a las mujeres atrevidas. Extraño acontecer, que Sor Juana Inés de la Cruz no se empeñara en ser sagrada, sino terrenal. Mientras otras religiosas rivalizaban por quién era la más santa, Sor Juana luchaba por su independencia intelectual. ¿Por qué?  Una mujer imaginaria en las tinieblas de un pasado alucinado descubre que su única salvación yace en los claustros eclesiásticos, no tanto por su alma espiritual como por su vocación mundana. ¿Qué otro destino le esperaba a una mujer de sobresaliente condición? ¿Casarse y ser ama de casa, con la prohibición de educarse? ¿Sobrevivir por su cuenta en un mundo salvaje? Soberbia idea disimular en un convento, hasta que descubrieran su designio. ¡Qué mucha desolación Sor Juana, pero no fue en vano! Tu voz no se perdió, y es hoy por hoy un símbolo de libertad. Sor Juana es única, pero el inicio de su educación fue gracias a la biblioteca de sus familiares, igual que Lola y Luisa.

María de las MercedesMaría de las Mercedes Barbudo Coronado (1773-1849) fue una comerciante del área de San Juan de Puerto Rico. Cuando  tenía quince años estalló la Revolución francesa. Dos años después la de Haití, y en 1797, a sus veintitrés, Abercromby invade Puerto Rico. Dentro de este contexto histórico se dan sus años formativos. Mercedes estuvo al tanto de los acontecimientos políticos durante la invasión napoleónica y el periodo constitucional, gracias a los testimonios de su padre y su hermano, que eran militares. En 1823, el nuevo gobernador Miguel de La Torre inauguró un periodo de represión intensificada. La Torre vigiló la casa de María de las Mercedes. Una de las cartas interceptadas, que incluía una proclama, leía “… Despertad de vuestra apatía antes de que España os deje redimidos a un puñado de tierra impotente, para que seáis eternamente esclavos de bárbaros cosacos o españoles poco menos bárbaros…” María de las Mercedes nunca negó su complicidad. Una de las razones principales, expresadas por el propio gobernador, para el destierro de María de las Mercedes, fue usar su hogar como centro de reuniones para los separatistas. La Torre se quejaba de que “… esta mujer desde hace años… mantiene en su casa tertulia de gentes nocivas… su perniciosa doctrina de independencia y su odio terrible contra el paternal gobierno de Su Majestad.” Se le acusó de espía y de “ponzoña de la insurrección”. Por tal “horrendo crimen”, el siguiente día, 23 de octubre de 1825, la confinaron en el Castillo San Cristóbal a esperar hasta que una goleta la llevara a una Casa de Recogidas en La Habana. Eventualmente llegó a Venezuela. Allí también estaban los puertorriqueños Antonio Valero Bernabé y el padre José María Bonilla, entre otros tantos exiliados de la Isla que dieron allí los últimos suspiros del sueño de ver a Puerto Rico libre. María de las Mercedes Barbudo fue una mujer valiente, digna de recordar. Podemos compararla con Lola, también desterrada.

Manuela SáenzLa ecuatoriana Manuela Sáenz (1797-1856) fue una mujer brava. No solamente se le describe en su historia como hermosa sino, además, como guerrera combatiente. Fue notoria por su relación con Simón Bolívar. Sin embargo, aún para la época de la revolución, el rol de la mujer estaba limitado a la tutela del hombre. Pocas mujeres excepcionales como Manuela existieron. Su comparación más cerca puede ser María de las Mercedes. Apenas después de un siglo, se comenzó a reconocer como prócer revolucionaria, pues fue desterrada y olvidada después de su muerte. Recibió su educación formal con las monjas, pero huyó del convento a los diecisiete años. Tuvo una experiencia amorosa con un oficial español y a los diecinueve su padre la casó con un médico inglés, ocultando su condición de hija ilegítima, pero también huyó de éste. En 1821, José de San Martín le confirió el título de Caballeresa de la Orden El Sol del Perú por su participación heroica en la guerra de independencia del Perú. En 1823 conoció al Libertador. A Manuela Sáenz a apodan la Libertadora del Libertador porque le salvó la vida a Bolívar durante un atentado contra su vida en 1828. También se rumoraba que Manuela era una indecente, por habar abandonado a su marido y hacer lo que le venía en ganas. En 1834, muerto ya Bolívar, Manuela fue desterrada a Jamaica por Santander. Manuela, sin embargo, llegó a parar en Perú, donde conoció a Giuseppe Garibaldi y otros personajes que la visitaban. Allí, en el pueblo de Paita, permaneció hasta su muerte en 1856. María de las Mercedes corrió una suerte casi similar.

Lola Rodríguez de TióLola Rodríguez de Tió (1843-1924), poetisa de Puerto Rico, orgullo nacional, tampoco jugó muy bien el rol de género, ni de española. Era, como diría Betances, una “mala española”, que merecía ser libre, estar libre de la tiranía española, la misma que la deportó dos veces. Gracias a su arreglo literario de “Linda borinqueña”, o “Linda peruana”, de origen musical debatible entre Francisco Ramírez Ortiz y Félix Astol, resultó la idea que para el siglo XX se convirtió en el himno ineludible de Puerto Rico, tergiversado con la letra paisajista de Manuel Fernández Juncos. La letra de Lola era revolucionaria, preparada para la República de Puerto Rico en 1868. Lola no fue una mujer común; cultivó las letras y la poesía, gracias a la amplia biblioteca de su padre, como en el caso de Sor Juana. Cultivó también la amistad de personalidades envueltas en la política de la época. En Cuba, su segunda patria, ala que pudo volar, trabajó como superintendente de escuelas públicas. Su conciencia de mujer fue reflejada en sus versos, como en su himno: Ya no queremos déspotas/caiga el tirano ya/las mujeres indómitas/también sabrán luchar. Lola Rodríguez de Tió fue inigualable, excepto por el lado poético de Sor Juana.

Luisa CapetilloLuisa Capetillo (1879-1922) fue una intelectual feminista y sindicalista de principios del siglo XX. Su formación de base europea la ayudó a vislumbrar la situación de Puerto Rico en su época. Su conciencia creció de su posición como lectora en las fábricas de tabaco. Allí, leía a sus compueblanos sobre las situaciones políticas que atravesaba el país. Tuvo hijos fuera del matrimonio y se le atribuye ser la primera mujer puertorriqueña en usar pantalones, además de fumar en público. Llegó a ser líder de la Unión Libre de Trabajadores, en franca competencia con la American Federation of Labor de Santiago Iglesias. Algunos de los temas en su obra son el amor libre, los derechos de la mujer y el socialismo. Luisa es la verdadera primera mujer sufragista de Puerto Rico, contrario a Felisa. En una convención de la Federación Libre de trabajadores en 1908, trató de convencer a las mujeres a que lucharan por el derecho al voto. Se iba a caballo por los campos de la isla a educar a los trabajadores, en una campaña de 1909 llamada la “Cruzada del Ideal”. También publicaba sus trabajos en una revista de su autoría, titulada “La Mujer”. Podemos pensar que María de las Mercedes hubiera hecho lo mismo de haber nacido en la misma época, pero Luisa dedicó su vida a la justicia por los trabajadores.

Felisa Rincón de GautierFelisa Rincón de Gautier vivió casi un siglo (1897-1994). Nacida en Ceiba, Puerto Rico, pronto llegó a formar parte del teatro político en la capital. Lo más seguro es que recibiera sus conocimientos de la política de manos de su padre, Enrique Rincón Plumey, abogado de profesión y sobrino de José María Marxuach Echavarría, quien fuera el único alcalde que ejerció bajo el gobierno español y el estadounidense. De ahí que su casa fuera punto de tertulias políticas frecuentes – ¿reminiscencias de María de las Mercedes?-. Sin sospechar lo que su larga vida le deparaba, estudió y se graduó en farmacéutica. No obstante, por tradición doméstica, también era una consumada costurera. Fue la primera mujer alcaldesa de San Juan, capital de Puerto Rico (1946-1968) y a la misma vez, primera mujer alcaldesa de una ciudad del Nuevo Mundo. Con esta hazaña histórica, se convierte en una mujer que rompió con los roles de género de la época. Y como quien dijera el proverbio, “si no puedes con el enemigo, únete a él” – ¡contrario a María de las Mercedes!-, pasó, de ser militante del Comité Ejecutivo del Partido Liberal en la década de 1930, con Antonio R. Barceló, a ser Presidenta del Comité del Partido Popular Democrático de San Juan, con Luis Muñoz Marín. En su afán patriótico, luchó, junto a Ricardo Alegría, por convertir a San juan en una ciudad de estatura internacional. Su labor llevó a la creación de centros de cuidado preescolar, las llamadas “Escuelas Maternales”, así como la acreditación del Hospital Municipal de San Juan y la Escuela de Medicina en la década de 1950. Recibió innumerables condecoraciones, entre las más destacadas la Medalla de Juana de Arco, de Francia, la Orden de Isabel la católica, de España, y la Orden de Simón Bolívar, de Venezuela. El asunto con Felisa es que tenemos aún en memoria reciente la imagen de la nieve ridícula y el “populismo” con la repartición de los regalos para los niños “pobres” el Día de Reyes. En este sentido, podemos pensar en Evita.

Frida KahloFrida Kahlo (1907-1954), fue una excepcional artista, insigne símbolo de México. Rompió con muchos de los esquemas de género tradicionales al casarse con el pintor comunista Diego Rivera, quien le llevaba más de veinte años; por ser amante del revolucionario ruso judío León Trotsky, y por su orientación bisexual. Esto la hace excepcional. Además, creó un estilo, aún por determinar, de pintura, a mi entender una fusión nacionalista (folclorista) surrealista o impresionista. Como si esto fuera poco, parte de su obra la realizó postrada debido a la parálisis que le causó una fractura vertebral ocasionada por un accidente cuando tenía dieciocho años. Sin embargo, quizá lo más admirable de su vida fue su tenacidad de sobreponerse a sus impedimentos físicos. A los 13 años había contraído poliomielitis. Ni la deformidad de su pierna, ni las innumerables cirugías para corregir sus padecimientos, lograron detener su avance en la vida. Aun así, Frida sufrió la soledad en su infancia, tema recurrente en sus trabajos. Su amor por Diego Rivera era “irracional”, pues aunque Diego tuvo amoríos con la propia hermana de Frida, y otras mujeres, Frida siempre lo amó entrañablemente. Por eso podríamos decir que lo que más se destaca de Frida Kahlo es su inconvencionalidad, y es incomparable.

Evita PerónLe dio vida a los “descamisados” y al Partido Peronista Femenino. Algunos dicen que fue una santa, alimentando las especulaciones místicas tan ansiadas por el fervor católico. Otros dicen que fue la mujer más sagaz de la historia latinoamericana. Se describió como hija natural de un prostíbulo, donde recibiría su educación.  Fue acusada de cómplice nazi. Sin embargo, fue, y sigue siendo, venerada por millones de argentinos como “Líder Espiritual de la Nación”. Evita Perón llegó al estrado del poder al convertirse en la amante –como Manuelita, pero sin boda-, luego esposa, del coronel Juan Perón. Veinticuatro años menor que Perón, fue expuesta a los oficios de la política y muy pronto los perfeccionó. Fue odiada por las mujeres de la burguesía, que no podían ver a una de casta inferior lucir tan esplendorosa. Sin embargo, fue campeona en la lucha por lograr el derecho al voto femenil en Argentina, donde no fue legal hasta 1947. El papa no la quería por su clase, ni menos el rey de Inglaterra, quien rehusó recibirla, pero fue la primera mujer latinoamericana en la portada de la revista neoyorquina Times. Convirtió la Sociedad de Beneficencia, en principio auspiciada con donaciones, en una agencia permanente de servicio social del gobierno, para ayudar a mujeres realengas y niños huérfanos. Muchas historias se han escrito sobre Evita, música y obras teatrales. Incluso su cuerpo después de fenecida, embalsamado, desapareció por dieciséis años. Gracias a su gestión, nuevas oportunidades profesionales florecieron para las mujeres argentinas, relegadas al dictamen del hombre. Perón acertó en su juicio al escogerla como compañera; fue su vía hacia la historia. No obstante, el coronel acabó debiéndole más a ella.

Rigoberta MenchúRigoberta Menchú (1959), Premio Nobel de la Paz, es una líder guatemalteca que se ha destacado por luchar pro derechos humanos en un país reconocido en la historia por sus regímenes ultrarepresivos y por su discriminación contra los indígenas. Los indios de Guatemala constituyen la gran mayoría y viven sumidos en la miseria. Se exilió en México durante la Guerra Civil Guatemalteca (1962-1996) y era parte del Comité de Unidad Campesina. Por ser mujer e indígena, la veracidad de sus testimonios son continuamente cuestionados. Varios críticos conservadores estadounidenses la acusan de ser una terrorista comunista. Uno de los grandes logros de Rigoberta fue la condena internacional por el genocidio que el ejército guatemalteco llevaba contra los indígenas, donde su padre y su hermano fueron vilmente asesinados. Pero Menchú va más allá. Denunció también el genocidio sufrido desde la llegada de los europeos al Nuevo Mundo. Rigoberta todavía tiene como meta alcanzar la presidencia de su país. Pero su historia demuestra que, aún en el siglo XXI, la discriminación contra la mujer y los indígenas sigue vigente. Rigoberta Menchú es única en la historia.

Por ende, la historia de la mujer la debe conocer bien el hombre, pues tiene a su madre de cerca, y el mismo amor que siente por su progenitora debe inspirar la calidad de amor por su prójima. Todas estas mujeres expuestas comparten la opresión y el desdén del hombre. ¿Por qué? ¿Será que el día que la mujer esté en su máximo apogeo, educada y desarrollada intelectual y emocionalmente, represente una amenaza frente al nervio brutal del hombre? ¿Teme el hombre ser desplazado de su régimen machista? ¿Es que la mujer es tan indeciblemente excelsa y eficaz, que el hombre se siente más seguro controlándola? ¿Cuántas voces no siguen aún en el silencio de la historia, esperando una mano amiga? Si no fue la Iglesia, fue el Estado. Si no fue el padre, fue el amante. La mujer aprendió a unirse a un enemigo para combatir al otro. Usó de la fuerza del pasivo para defenderse del agresor. Muchas de nuestras protagonistas históricas tienen en común haber sido hijas naturales, amantes libres o revolucionarias. Se destacaron por ser innovadoras y cuestionar su condición de género. Los cambios en las actitudes sociales han sido lentos pero se palpan. Un premio Nobel de la Paz nunca habría sido posible antes del siglo XX, ni para una mujer, ni mucho menos una indígena. La revolución hispanoamericana dejó en el tintero la libertad de la mujer. En Cuba se ha cuestionado esa realidad. La cultura y la tradición son fuertes, pero hay que desmenuzarla. Nadie mejor para explicar que Sor Juana Inés de la Cruz:

Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés de la Cruz

En perseguirme, mundo, ¿qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?
Yo no estimo tesoros ni riquezas;
y así, siempre me causa más contento.
Y no estimo hermosura que, vencida,
es despojo civil de las edades,
ni riqueza me agrada fementida,
teniendo por mejor, en mis verdades,
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades
que no mi pensamiento en las riquezas
poner riquezas en mi pensamiento.

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