La música indígena en Puerto Rico

Historiografía de la música indígena en Puerto Rico

Léster López Nieves

areitos

Areitos

El objetivo de este trabajo es presentar extractos de algunos de los textos donde se discute el tema de la música de los aborígenes de Puerto Rico en todas sus manifestaciones, sin formular juicios sobre sus contextos. Mi único propósito es señalar su referencia en la historiografía de Puerto Rico.

La música era la  memoria colectiva de los indígenas. Los “bohiques” ilustraban la historia en los areytos. Se cantaba y se tocaban instrumentos musicales. En ausencia de escritura, transmitían sus conocimientos, ideas y sentimientos oralmente. En los areytos se declamaba, se cantaba, se danzaba y se dramatizaba. Pedro Escabí Agostini dice que:

La música es aliada nata de otras de las bellas artes para formar con éstas nuevas formas artísticas. Se combinan los sonidos musicales con la prosa y la poesía para formar la canción. Junto al teatro se crea la ópera, la opereta, la zarzuela y la comedia musical. Junto a la pantomima y a la gimnasia forma la danza, etc.[1]

Los taínos tenían una música particular para celebraciones, ritos religiosos y vida social. Héctor Campos Parsi anota que:

Cada yucayeque tenía su grupo de instrumentistas celebrantes que servía de banda acompañante de los cantantes en las ceremonias religiosas, hacía el ruido incandatorio ante las tormentas y la algazara característica de los bailes guerreros. Además de los grupos preparados especialmente para interpretar los ritmos y cantos tradicionales, el pueblo participaba como instrumentista y cantante en casi todas las ceremonias -tanto hombre como mujeres. Cada cacique tenía un grupo de músicos que le precedía en las procesiones de visita a otros yucayeques, al comienzo de las grandes ceremonias del pueblo, como le acompañaba a la guerra.[2]

Había bandas de instrumentos de “guamos” y de “guajeyes”. Ricardo Alegría encontró flautas de hueso que se enterraban con los muertos, y por ésta razón, Campos Parsi piensa que eran muy importantes entre los instrumentos. Los cronistas subrayan que grandes cantidades de personas participaban. El areyto fungía como “libro de historia, poema épico, el romance, la leyenda, el rito religioso, la proclama guerrera, la celebración y conmemoración del pueblo taíno”.[3] Los cronistas denominaban estas canciones “cancioncillas amables”, o “arahuacos”.

Campos Parsi continúa. Describe los areytos con diferentes instrumentaciones de acuerdo al propósito: de conjura, memoria colectiva y fúnebre, entre otros. Se usaba la forma antifonal: en el areyto de yucayeque “El pueblo participaba con exclamaciones, comentarios y digresiones alusivas, una función no muy diferente a la que tuvo el coro en el teatro griego”.[4] Según Escabí, la música era una práctica mayor en la cultura aborigen. Los taínos, según algunos cronistas, cantaban hasta ocho veces al día.[5] Tenían un sistema educativo organizado, donde la música era una manifestación social necesaria. Escabí Agostini establece que los taínos tenían una especie de conservatorio donde se enseñaba el…

…uso correcto de los instrumentos musicales, clases de gimnasia, clases de danza, clases de memorización, clases de improvisación, tanto de pasos para la danza, como poética y musical.[6]

Es notable el énfasis que hacen los cronistas cuando indican que los taínos comenzaban a entrenar desde muy temprana edad, y cuando comparan los areytos con la escritura de los moros para contar historias. De sus instrumentos, tenemos información documentada de tambores -el mayohavao-, sonajeras, maracas, güiros, flautas y trompetas. Además, los descubiertos por el etnólogo Walter Roth, quién encontró en las Guyanas trompetas de madera y cerámica, tubas, flautas de amor y transversales, fagotes, pitos y flautas de pan; e instrumentos de cuerda que se asumen que “fueron aprendidos a construir después de la llegada de los europeos”.[7] El cronista P. André Chevillard (sólo se sabe la fecha de su muerte, en “Las Antillas, 1682”) dice que se hacía un areyto especial cuando le cortaban por primera vez el cabello a los niños. También documenta el “rito de paso” de las niñas:

En esta ceremonia se le enseña a la niña la higiene sexual, se le enseña su participación en el acto sexual, se le desflora y se prepara para el matrimonio que ha de empezar en el próximo areito donde será entregada a uno de los jóvenes que ha pasado la ceremonia del rito de paso similar.[8]

Comencemos a explorar algunas estampas de sobrevivencia musical en esta mínima bibliografía.

    Abbad y Lasierra, Historia geográfica, civil y natural de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico

Abbad y Lasierra escribe sobre los areitos; no era solamente por diversión sino que por “ocupación”, por ejemplo: la guerra, ritos mágicoreligiosos, nacimientos, muertes, curaciones y cualquier acontecimiento importante. Describe los areitos de las lecturas de Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557) como celebraciones elaboradas, representadas con baile, actuación, música y narración. Dice que los indios terminaban embriagados con “chicha” y aspiraban tabaco. Es interesante la nota de que hasta sus días -1782-, se usaban los mismos instrumentos que menciona, el mayohabao y la maraca.[9]

    Alegría, Historia de nuestros indios

Alegría cita a los cronistas principales y nos dedica cuatro párrafos en torno a los areytos. En su Historia de nuestros indios, nos dice lo que leemos a continuación:

Los indios acostumbraban celebrar en sus yucayeques grandes fiestas, que llamaban areytos, para conmemorar algún suceso importante como el casamiento del cacique, un triunfo guerrero, una buena cosecha o la llegada de un visitante distinguido. Los areytos se organizaban con varios días de anticipación y todos en el yucayeque trabajaban preparando las comidas y bebidas para la fiesta. El cacique enviaba mensajeros a los yucayeques vecinos invitando a sus habitantes a asistir.

El areyto se celebraba en el batey del pueblo. Lo dirigía el cacique, quien iniciaba la fiesta entonando canciones que narraban la vida del yucayeque. Mencionaba a los caciques anteriores, contaba la historia del cemí del yucayeque, y se refería a los tiempos buenos y a los tiempos malos, así como a cualquier otro asunto de importancia ocurrido en el pasado. En esta forma aprendían y recordaban los indios la historia de su pueblo.

Durante el areyto se cantaba y bailaba. En algunas ocasiones los hombres bailaban separados de las mujeres, pero en otras bailaban juntos. En uno de estos bailes los indios formaban hileras, poniendo cada cual sus manos en los hombros del que estaba delante y ejecutando todos a un tiempo los pasos que les señalaba el que dirigía el baile. Como instrumentos musicales se usaban las maracas y un tambor hecho del tronco de un árbol ahuecado. A veces los areytos duraban varios días.

En el areyto se repartían los alimentos preferidos de los indios y se bebía mucho. Esta celebración servía para estrechar los lazos de amistad entre los yucayeques vecinos.[10]

    Las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias

Fray Bartolomé de las Casas nos brinda unas interesantes asociaciones. Nos habla de Cuba y México, pero se refiere a las prácticas de los nativos antillanos. Narra una anécdota del legendario Hatuey, donde, al parecer, se trata de usar el areyto como medio mágicoreligioso para exhortar la paz al feroz asecho de los cristianos:

De la isla de Cuba

El año de mil y quinientos y once pasaron a la isla de Cuba, que es, como dije, tan luenga como de Valladolid a Roma, donde había grandes provincias de gentes. Comenzaron y acabaron de las maneras susodichas y mucho más y más cruelmente. Aquí acaecieron cosas muy señaladas. Un cacique y señor muy principal que por nombre tenía Hatuey, que se había pasado de la isla Española a Cuba con mucha de su gente por huir de las calamidades e inhumanas obras de los cristianos, y estando en aquella isla de Cuba y dándole nuevas ciertos indios que pasaban a ella los cristianos, ayuntó mucha o toda su gente y les dijo: “Ya sabéis cómo se dice que los cristianos pasan acá, y tenéis experiencia qué les han parado a los señores fulano y fulano y fulano y a aquellas gentes de Haití (que es la Española). Lo mismo vienen a hacer acá. ¿Sabéis quizá por qué lo hacen?” Dijeron: “No, sino porque son de su natura crueles y malos.” Dice él: “No lo hacen por sólo eso, sino porque tienen un dios a quien ellos adoran y quieren mucho, y por haberlo de nosotros para lo adorar nos trabajan de sojuzgar y nos matan”. Tenía cabe sí una cestilla llena de oro en joyas, y dijo: “Veis aquí el dios de los cristianos; hagámosle, si os parece, areítos (que son bailes y danzas) y quizá le agradaremos y les mandará que no nos hagan mal.” Dijeron todos a voces: “Bien es, bien es.” Le bailaron delante hasta que todos se cansaron, y después dice el señor Hatuey: “Mira, como quiera que sea, si lo guardamos, para sacárnoslo al fin nos han de matar: echémoslo en este río.” Todos votaron que así se hiciese y así lo echaron en un río grande que allí estaba.[11]

Las Casas asimismo compara la costumbre de los areytos antillanos con la cultura azteca cuando cuenta cómo se recordaba a los caciques muertos a causa de la barbarie española:

De la Nueva España

Pero dejado todo esto, en que había grandes y muchas cosas que contar, sólo quiero decir una señalada que allí aquellos tiranos hicieron: yéndose el capitán de los españoles al puerto de la mar a prender a otro cierto capitán que venía contra él y dejado cierto capitán, creo que con ciento o pocos más hombres que guardasen al rey Moctezuma, acordaron aquellos españoles de cometer otra cosa señalada para acrecentar su miedo en toda la tierra, industria, como dije, de que muchas veces han usado. Los indios y gente y señores de toda la ciudad y corte de Moctezuma no se ocupaban en otra cosa sino en dar placer a su señor preso, y entre otras fiestas que le hacían era en las tardes hacer por todos los barrios y plazas de la ciudad los bailes y danzas que acostumbran y que llaman ellos mitotes, como en las islas llaman areítos, donde sacan todas sus galas y riquezas, y con ellas se empluman todos, porque es la principal manera de fiestas suyas y regocijo; y los más nobles y caballeros y de sangre real, según sus grados, hacían sus bailes y fiestas más cercanas a las casas donde estaba preso su señor. En la más propincua parte a los dichos palacios estaban sobre dos mil hijos de señores, que era toda la flor y nata de la nobleza de todo el imperio de Moctezuma. A éstos fue el capitán de los españoles con una cuadrilla de ellos, y envió otras cuadrillas a todas las otras partes de la ciudad donde hacían las dichas fiestas, disimulados como que iban a verlas, y mandó que a cierta hora todos diesen en ellos. Fue él, y estando embebidos y seguros en sus bailes, dice “¡Santiago y a ellos!” Y comienzan con las espadas desnudas a abrir aquellos cuerpos desnudos y delicados y a derramar aquella generosa sangre, que uno no dejaron a vida. Lo mismo hicieron los otros en las otras plazas. Fue una cosa ésta que a todos aquellos reinos y gentes puso en pasmo y angustia y luto, e hinchó de amargura y dolor; y de aquí a que se acabe el mundo o ellos del todo se acaben, no dejarán de lamentar y cantar en sus areítos y bailes como en romances (que acá decimos) aquella calamidad y pérdida de la sucesión de toda su nobleza, de que se preciaban de tantos años atrás.[12]

    Brau, Historia de Puerto Rico

Salvador Brau dedica un párrafo al referirse a los areytos en su Historia de Puerto Rico. Nos dice lo siguiente:

La principal diversión de los isleños era el juego de pelota, ejercicio favorable al desarrollo muscular, que se practicaba en el batey, plazoleta en que también se celebraban los areytos, simples bailes, al parecer, en que los danzantes coreaban un monótono estribillo; pero en realidad, escuela popular que dirigían los caciques o taínos más notables, inculcando fácilmente en el pueblo, con ayuda del ritmo y la cadencia bailable, las tradiciones y leyendas nacionales.[13]

    Fewkes, Prehistoric Porto Rican pictographs

Refiriéndose a los bateyes donde se hacían los areytos, Fewkes relata:

El aspecto general de estos perímetros, con sus ídolos y figuras talladas en algunas de las piedras de sus demarcaciones, y la presencia de montículos de vecinos (algunos de los cuales eran lugares de sepultura y otros, sitios de villas prehistóricas), confirman mi creencia de que eran las plazas en las que se celebraban los bailes ceremoniales llamados areytos, especialmente los ritos funerarios de culto a los antepasados ​​que alcanzó un alto desarrollo entre los prehistóricos puertorriqueños. Aquí se realizaron bailes conmemorativos de los muertos enterrados cerca, y aquí se cantaron canciones en la memoria de sus antepasados, como Oviedo y otros han afirmado.

Compara los aborígenes de Puerto Rico y el sudoeste de Norteamérica:

Además de areytos ceremoniales, juegos también, sin duda, se llevaron a cabo en estos perímetros, que se comparan en alguna medida con las plazas de los pueblos del sudoeste [norteamericano], que se utilizan para todas las funciones públicas.

Fewkes también piensa que los areytos eran igualmente religiosos y seculares:

El pueblo de los indios debe haber estado cerca; Oviedo decía que cerca de cada pueblo había un lugar para el batey o juego de pelota “Si bien el ajuste del nombre local dado a estos perímetros tiene un fundamento en la tradición, y si bien pueden haber sido utilizado por los indios para los juegos, el descubrimiento de los cementerios adyacentes indica que también se utilizaron en el ejercicio de areytos, de los cuales los aborígenes de Puerto Rico tenían muchas clases. Pero como los juegos entre los antillanos fueron probablemente mitad seculares y mitad religiosos, no hay ninguna razón por la cual no se deberían haber llevado a cabo en las plazas que a veces se utilizaban para areytos puramente ceremoniales.[14]

    Kuss, Ficción e historiografía: las crónicas españolas como fuentes para la etnohistoria musical americana

Kuss cita a los siguientes autores: Francisco Esteve Barba[15] y Donald Thompson[16]. Éstos hacen fuertes críticas a la exactitud de los cronistas en torno a las costumbres musicales de los aborígenes:

El fraile se apasiona por la causa indígena, considerando los rituales religiosos nativos como diabólicos” y omite ” información que contradice sus propósitos evangelizantes” ([Esteve Barba] 1964: 9). Esta caracterización es congruente con la forma de “predicar a través de una parábola” que Bartolomé de Las Casas, en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552), emplea en un relato moralizante que hace referencia al areíto, ritual indígena de los tainos antillanos (Thompson 1993: 191).[17]

Kuss reconoce “la brillante pesquisa de Thompson” en su afán de destruir la mitología histórica puertorriqueña y para acabar de demostrar que no somos “castizos”.

En un estudio magistral que puede servir como modelo metodológico para el futuro revisionismo histórico que proponemos, Donald Thompson investiga referencias a música y danza entre los tainos antillanos (1993), específicamente sobre el tan mentado areíto, registradas inicialmente por Fray Ramón Pané, el catalán a quién Colón encargó que recogiera costumbres de los habitantes de Hispaniola (hoy Haití y República Dominicana) en su segundo viaje (1493). Mucho se ha escrito sobre qué transmitió Fray Ramón, dado que, siendo catalán, reportaba en castellano información en otras lenguas que pudo no haber dominado. Su famosa Relación acerca de las antigüedades de los indios sobrevive sólo en la traducción italiana (1571) de la biografía de Colón por su hijo Fernando, también perdida. A través de Fray Ramón, Bartolomé de Las Casas, Pedro Mártir citando a Fray Ramón, y Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, nos llega (según la brillante pesquisa de Thompson) un concepto del areíto antillano tan saturado de significados como indefinido en origen. Aparece como “ritual, celebración, narración, canto de trabajo, lección de historia limitada a hijos de la nobleza indígena, rito funerario, danza social, ritual de fertilidad, o simplemente , regocijo de borrachera”(1993: 187). Lo que fascina es la recepción de estas inexactitudes, tan susceptible a la formación de utopías como lo fue la visión histórica de Garcilaso en la formación de utopías andinas y europeas. El areíto en general y el Areíto de Anacaona en particular, cuya primera mención Thompson encuentra en la Historia general y natural de los Indias de Oviedo (Sevilla, 1535), asume foco cultural en la creación antillana y nutre la imaginación tanto de dramaturgos como de compositores e historiadores, incluyendo a Lope de Vega, quien instala a indios cantando areítos en El nuevo mundo descubierto por Colón (Thompson 1993: 192). Antonio Gallego contribuye a la dimensión española: “El areíto es voz que todavía recoge el diccionario de la lengua de la Real Academia Española (1970): “Canto popular de los antiguos indios de las Antillas y de la América Central. 2. Danza que se bailaba con este canto.” Y del Diccionario de la Música, de Michel Brenet (1926), publicado en Barcelona (1946), notablemente aumentado con “terminología y folklore español y americano”, se recoge la voz y la variante, “Areite, m. Danza religiosa que bailaban los indios de Méjico y Guatemala, según refiere J. Inzenga (V. Guaracha).”Y “Areíto, m. Baile popular de los naturales de Cuba, según el historiador P. Las Casas. (V. Guaracha)” (Gallego 1993: 265- 268, nota 3). Gallego también cita a Oviedo, pasado por el filtro de La música en Cuba (1946), del literato cubano Alejo Carpentier: “Tenían estas gentes la buena y gentil manera de rememorar las cosas pasadas e antiguas; esto era en sus cantares y bailes, que ellos llaman areyto, que es lo mismo que nosotros llamamos bailar cantando…” (1993: 267). La dialéctica entre proceso histórico y autenticidad se sintetiza en la historia cuando la concebimos como fenómeno de recepción. Y las crónicas son parte irreversible de la historia como proceso, que se esclarece y vigoriza aun cuando la búsqueda esté impulsada por la utopía de la autenticidad. [18]

    Miller, Historia de Puerto Rico

La gran polémica de la sobrevivencia indígena de siglos XX-XXI empieza con la publicación de Miller en 1922, la cual es la culminación de décadas de investigación y debate de historiadores de la talla de Alejandro Tapia y Rivera, José Julián Acosta, Salvador Brau, Cayetano Coll y Toste, Manuel Úbeda Delgado, Agustín Stahl y José M. Nazario Cancel.[19] A continuación veamos cómo se socava el carácter de las prácticas musicales de nuestros aborígenes:

El bohique era sacerdote y médico. Como sacerdote o agorero atendía a los ritos religiosos; como médico o curandero a la salud de las personas que componían la tribu. También enseñaba a los niños los areytos o romanees históricos para que supieran las hazañas de sus antepasados.[20]

La ceremonia del matrimonio se celebraba también con areytos, pero no tenía carácter religioso. El indio boriqueño adquiría muchas veces su mujer a cambio de dotes consistentes en collares u otras prendas. Los caciques poseían más de una mujer, pero siempre había una favorita.[21]

    Lope de Vega, La famosa comedia del Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón

El gran escritor del Siglo de Oro español no se quedó fuera del gran dilema al añadir en los versos de su poema remembranzas de un país lejano. Seguramente, ciertas historias, que llegaron a sus oídos, si no sus ojos, concordaban.

 A cacique tan hermoso,

hoy que sale el sol,

y a esposa de tal esposo,

hoy que sale el sol,

nuestro areíto[22] glorioso,

hoy que sale el sol,

consagre el canto famoso,

hoy que sale el sol divino,

hoy que sale el sol.[23]

Con esto, no puede ser,

en tantas guerras y pleitos,

que de tus bodas y areitos

reciba el alma placer.[24]

Es gente alegre y discreta,

que unos a otros se abrazan,

y quieren salir a tierra

a hacer areitos y danzas.[25]

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    Instrumentos y voces musicales taínas

El güiro

Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, “güiro” es una voz taína que no es del Caribe, irónicamente, sino de Costa Rica y México:

Güiro.

(Voz taína).

2. m. Ant., C. Rica y Méx. Instrumento musical popular que tiene como caja una calabaza de güiro.[26]

Según Luis Hernández Aquino, es ciertamente una voz indígena de Puerto Rico que se refiere al instrumento, también llamado “güícharo”.[27]

En conversación con el profesor de música Noel Allende Goitía, de la Universidad Interamericana de Puerto Rico en San Juan, los taínos no legaron nada en materia de música a los borincanos. Según él, el güiro, así como las maracas y todo lo demás, es herencia africana.[28] Este discurso ha frecuentado las aulas musicales por un tiempo pero no se considera serio. Es muy probable que existan paralelismos históricos, como las pirámides en Egipto y México. Sin embargo, el origen lingüístico debe dilucidar cualquier duda.

Las maracas

Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, “maraca” es una voz guaraní:

 Maraca.

(Del guar. mbaracá).

1. f. Instrumento musical suramericano, que consiste en una calabaza con granos de maíz o chinas en su interior, para acompañar el canto. Actualmente se hace también de metal o materiales plásticos. U. m. en pl.[29]

Sin embargo, Hernández Aquino cita que es una voz arahuaca, un instrumento indio hecho de higüera.[30]

El mayohabao

El mayohavao es un instrumento de importancia entre los aborígenes. Por su construcción se puede derivar que los indios conocían el uso de las teclas tonales, como las que se usan en el diseño de la marimba, otro instrumento atribuido fervientemente al origen africano, aunque se establece que es de origen maya.

En torno al “mayohabao”, Ramón Pané nos dice:

Y cuando quieren cantar sus canciones, tocan cierto instrumento, que se llama mayohabao, que es de madera, hueco, fuerte y muy delgado, de un brazo de largo y medio de ancho. La parte donde se toca está hecha en forma de tenazas de herrador y la otra parte semeja una maza, de manera que parece una calabaza con el cuello largo. Y este instrumento tocan, el cual se oye a legua y media de distancia. A su son cantan canciones, que aprenden de memoria; y lo tocan los hombres principales, que aprenden a tañerlo desde niños y a cantar con él, según su costumbre.[31]

El guamo o botuto, o fotuto

Según Hernández Aquino, era una concha que se soplaba y sonaba como un tipo de trombón.[32]

La guaracha

Según Hernández Aquino, era un estilo de cantar con coro, y el sustantivo es de la voz indígena.[33]

La giahuba o yahuba

Según Hernández Aquino, era una música sonora y fuerte relacionada con la mitología, donde se menciona el personaje Yahuba Bayael, que de acuerdo al mito, era Yadruvava, un indio que se convirtió en pájaro cantante cuando lo sorprendió el sol de la madrugada.[34]

    Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias

Al momento de concluir el proceso de investigación de este trabajo, se entiende que la fuente más importante en torno a la descripción de las costumbres musicales de los indígenas, registrada por un cronista, corresponde a la obra de Fernández de Oviedo, de donde no pocos han surtido sus historiografías. Es interesante la manera en que Fernández establece las prácticas musicales dentro de los contextos culturales. Por ejemplo, en el próximo inciso, vemos cómo se reflexiona sobre la cualidad de memorización colectiva de los areytos:

Que trata de las imágenes del diablo que tenían los indios, é de sus idolatrías, y de los areytos y bailes cantando, y la forma que tienen para retener en la memoria las cosas pasadas que ellos quieren que queden en acuerdo a sus sucesores y al pueblo.

Por todas las vías que he podido, después que a estas Indias pasé, he procurado con mucha atención, así en estas islas como en la Tierra Firme, de saber por qué manera o forma los indios se acuerdan de las cosas de su principio y antecesores, y si tienen libros, o por cuáles vestigios y señales no se les olvida lo pasado. Y en esta isla, a lo que he podido entender, solos sus cantares, que ellos llaman areytos, es su libro o memorial que de gente en gente queda de los padres a los hijos, y de los presentes a los venideros, como aquí se dirá.[35]

En la siguiente sección, Fernández logra una comprensiva descripción:

Pasemos a los areytos o cantares suyos, que es la segunda cosa que se prometió en el título de este capítulo. Tenían estas gentes una buena y gentil manera de memorar las cosas pasadas y antiguas; y esto era en sus cantares y bailes, que ellos llaman areyto, que es lo mismo que nosotros llamamos bailar cantando. Dice Livio que de Etruria vinieron los primeros bailadores a Roma, y ordenaron sus cantares, acordando las voces con el movimiento de la persona. Esto se hizo por olvidar el trabajo de las muertes de la pestilencia, el año que murió Camilo; y esto digo yo que debía ser como los areytos o cantares en coro de estos indios. El cual areyto hacían de esta manera. Cuando querían haber placer, celebrando entre ellos alguna notable fiesta, o sin ella por su pasatiempo, juntábanse muchos indios e indias (algunas veces los hombres solamente, y otras veces las mujeres por sí); y en las fiestas generales, así como por una victoria o vencimiento de los enemigos, o casándose el cacique o rey de la provincia, o por otro caso en que el placer fuese comúnmente de todos, para que hombres y mujeres se mezclasen. Y por más extender su alegría y regocijo, tomábanse de las manos algunas veces, y también otras trabábanse brazo con brazo ensartados, o asidos muchos en rengle (o en coro así mismo), y uno de ellos tomaba el oficio de guiar (ora fuese hombre o mujer), y aquel daba ciertos pasos adelante y atrás, a manera de un contrapás muy ordenado, y lo mismo (y en el instante) hacen todos, y así andan en torno, cantando en aquel tono alto o bajo que la guía los entona, y como lo hace y dice, muy medida y concertada la cuenta de los pasos con los versos o palabras que cantan. Y así como aquel dice, la multitud de todos responde con los mismos pasos, y palabras, y orden; y en tanto que le responden, la guía calla, aunque no cesa de andar el contrapás. Y acabada la respuesta, que es repetir o decir lo mismo que el guiador dijo, procede incontinente, sin intervalo, la guía a otro verso y palabras, que el coro y todos tornan a repetir; y así sin cesar les dura esto tres o cuatro horas y más, hasta que el maestro o guiador de la danza acaba su historia; y a veces- les dura desde un día hasta otro.

Algunas veces junto con el canto mezclan un tambor, que es hecho en un madero redondo, hueco, cóncavo, y tan grueso como un hombre y más o menos, como le quieren hacer; y suena como los tambores sordos que hacen los negros; pero no le ponen cuero, sino unos agujeros y rayos que trascienden a lo hueco, por donde  rebomba de mala gracia. Y así, con aquel mal instrumento o sin él,…[36]

En la siguiente representación, nos proporciona un análisis comparativo:

…en su cantar (cual es dicho) dicen sus memorias e historias pasadas, y en estos cantares relatan de la manera que murieron los caciques pasados, y cuántos y cuáles fueron, y otras cosas que ellos quieren que no se olviden. Algunas veces se remudan aquellas guías o maestro de la danza; y mudando el tono y el contrapás, prosigue en la misma historia, o dice otra (si la primera se acabó), en el mismo son u otro.

Esta manera de baile parece algo a los cantares y danzas de los labradores, cuando en algunas partes de España en verano con los panderos hombres y mujeres se solazan; y en Flandes he yo visto la misma forma de cantar, bailando hombres y mujeres en muchos coros, respondiendo a uno que los guía o se anticipa en el cantar, según es dicho. En el tiempo que el comendador mayor don fray Nicolás de Ovando gobernó esta isla, hizo un areyto ante él Anacaona, mujer que fue del cacique o rey Caonabo (la cual era gran señora): y andaban en la danza más de trescientas doncellas, todas criadas suyas, mujeres por casar; porque no quiso que hombre ni mujer casada (o que hubiese conocido varón) entrasen en la danza o areyto. Así que tornando a nuestro propósito, esta manera de cantar en esta y en las otras islas (y aun en mucha parte de la Tierra Firme) es una efigie de historia o acuerdo de las cosas pasadas, así de guerras como de paces, porque con la continuación de tales cantos no se les olvidan las hazañas y acaecimientos que han pasado. Y estos cantares les quedan en la memoria, en lugar de libros de su acuerdo; y por esta forma recitan las genealogías de sus caciques y reyes o señores que han tenido, y las obras que hicieron, y los malos o buenos temporales que han pasado o tienen; y otras cosas que ellos quieren que a chicos y grandes se comuniquen y sean muy sabidas y fijamente esculpidas en la memoria. Y para este efecto continúan estos areytos, porque no se olviden, en especial las famosas victorias por batallas.

Pero en esto de los areytos, más adelante (cuando se trate de la Tierra Firme) se dirán otras cosas; porque los de esta isla, cuando yo los vi el año de mil y quinientos y quince años, no me parecieron cosa tan de notar, como los que vi antes en la Tierra Firme y he visto después en aquellas partes. No le parezca al lector que esto que es dicho es mucha salvajez, pues que en España e Italia se usa lo mismo, y en las más partes de los cristianos (y aun infieles) pienso yo que debe ser así. ¿Qué otra cosa son los romances y canciones que se fundan sobre verdades, sino parte y acuerdo de las historias pasadas?[37]

Pues luego bien hacen los indios en esta parte de tener el mismo aviso, pues les faltan letras, y suplir con sus areytos y sustentar su memoria y fama; pues que por tales cantares saben las cosas que hace muchos siglos que pasaron. En tanto que duran estos sus cantares y los contrapases o bailes, andan otros indios e indias dando de beber a los que danzan, sin pararse alguno al beber, sino meneando siempre los pies y tragando lo que les dan.[38]

De aquí la descripción del famoso mayohabao:

Y esto que beben son ciertos brebajes que entre ellos se usan, y quedan, acabada la fiesta, los más de ellos y de ellas embriagados y sin sentido, tendidos por tierra muchas horas. Y así como alguno cae beodo, le apartan de la danza y prosiguen los demás; de forma que la misma borrachera es la que da conclusión al areyto. Esto cuando el areyto es solemne y hecho en bodas o mortuorios o por una batalla, o señalada victoria y fiesta; porque otros areytos hacen muy a menudo, sin emborracharse. Y así unos por este vigió, otros por aprender esta manera de música, todos saben esta forma de historiar, y algunas veces se inventan otros cantares y danzas semejantes por personas que entre los indios están tenidos por discretos y de mejor ingenio en tal facultad. La forma de aquel tambor, de que de su uso se hizo mención, suele tener es la que está pintada en esta figura (Lámina 1, fig. 3 y 4)[39] el cual es un tronco de un árbol redondo, y tan grande como le quieren hacer, y por todas partes está cerrado, salvo por donde le tañen, dando encima con un palo, como en atabal que es sobre aquellas dos lenguas que quedan del mismo entre esta señal semejante (fig. 5). La otra señal, que es como aquí está (fig. 6) es por donde vacían o evacuan el leño o tambor cuando le labran; y esta postrera señal ha de estar junto con la tierra, y la otra que dije primero de su uso, sobre la cual dan con el palo; y este tambor ha de estar echado en el suelo, porque teniéndole en el aire no suena. En algunas partes o provincias tienen estos tambores muy grandes y en otras menores de la manera que es dicha, y también en algunas partes los usan encuerados, con un cuero de ciervo o de otro animal (pero los encuerados se usan en la Tierra Firme); y en esta y otras islas, como no había animales para encuerarlos,  tenían los tambores como está dicho. Y de los unos y de los otros usan hoy en la Tierra Firme, como se dirá adelante en la segunda parte, cuando se tocare la materia misma u otra, donde intervengan tambores.[40]

Fernández se fascina con los atabales y ofrece imágenes metafóricas con personajes bíblicos. Dice que algunos mayohabaos estaban cubiertos con piel humana:

Un depósito se me ofrece de una nueva manera de atabales que en la parte austral de estas nuestras Indias se han hallado y visto, lo cual en la continuación de estas historias estará más largamente escrito en sus lugares apropiados, así cuando se trate de la gobernación de Popayán en el libro XLV, como en el libro XLVI de la última parte de estas historias. Mas por ser cosa muy notable hacer los hombres atabales, o ser los hombres atabales, decirse ha aquí en suma lo que en esto pasa: y diré primero una cláusula del testamento del herético Zisca, capitán muy señalado de los heréticos de Bohemia, porque quiere parecer a lo que los indios hacen en algunas provincias (no lejos sino muy cerca) de la línea del equinoccio. Escribe Eneas Silvio Picolomineo, natural de Sena, cardenal de Santa Sabina, en su Historia de Bohemia, que siendo herido de pestilencia en un castillo, llamado Priscovia, el herético capitán Zisca, por permisión de Dios (según se debe creer), murió aquel aborrecible monstruo, cruel, espantable, enojoso, contra el cual, no bastando poder humano, bastó para matarle solo el dedo de Dios. Dicen que Zisca, estando enfermo, fue preguntado dónde le enterrarían, y respondió que le desollasen después de muerto, y echasen la carne a las aves y bestias, y del cuero hiciesen un atabal, y le llevasen ante sí, como capitán, cuando fuesen a pelear, y que en oyendo los enemigos el son del atabal, huirían. Lo que con este tal atabal se conforma en las partes que he dicho de estas nuestras Indias es lo que ahora diré. Cuando fue preso Atabaliba, príncipe muy poderoso e rico, huyó un capitán suyo de Cajamarca o desde su real de Atabaliba, con cinco o seis mil indios, y se alzó con la provincia de Quito, y traía unos hijos de Atabaliba que allá estaban. Y Atabaliba estando preso, envió por ellos a un hermano suyo, y este no queriéndoselos dar, le mató y le hizo sacar todos los huesos por cierta parte, quedando el cuerpo entero y lo hizo atabal: de tal manera, que la una parte del atabal, o mejor diciendo tambor, eran las espaldas, y la otra…[41]

Y procede con sus imágenes tenebrosas; menciona cientos y cientos de tambores:

…parte era la barriga. Y curada la cabeza, y piernas, y pies, y brazos, y manos, y lo restante del cuerpo estaba entero como preñado y hecho atabal o tambor como es dicho: lo cual hizo por asegurar su tiranía, y por atemorizar a otros a quien amenazaba que no le siendo obedientes, los convertirla en semejantes tambores. Estando en esta ciudad de Santo Domingo de la Isla Española el capitán Sebastián de Benalcázar, cuando iba a su gobernación de Popayán, el año que pasó de mil y quinientos y cuarenta, yo platiqué con él algunas veces, como con hombre que se había hallado en la conquista de las provincias de Quito y Popayán, y de aquellas partes australes y señoríos de Atabaliba. Y cómo ha muchos años que nos conocemos y somos amigos, como tales, sociablemente y de grado me informó de muchas cosas que yo deseaba certificarme; y entre otras le pregunté por el atabal o tambor que es dicho, y me dijo que él había visto el mismo atabal, y que era muy gran verdad haber así pasado como es dicho. Y me dijo más: que lo tal es cosa muy usada en aquellas partes, y que vio en una población principal, llamada Lile, que es en la gobernación de Popayán (la cual está en dos grados y medio de esta parte de la línea equinoccial), en solas tres casas seiscientos y ochenta atabales semejantes al que es dicho. Y aquellos tales instrumentos de música los hacen de los enemigos que vencen o pueden haber; y cuanto más valeroso es el capitán o señor de aquellos que en aquellas partes tienen señorío, tanto es mayor el número que tiene de tales atabales, y es un gran testimonio de su esfuerzo y crueldad, de lo cual muchos se precian. Y ningún atabal de los que de otros animales se hacen, les place, ni otra música han por tan suave y grata a sus orejas, como aquella. Y así cuando hacen sus areytos y fiestas, esos atabales se tañen, y los tienen por un muy excelente ornamento de su Estado, y por grande autoridad de su potencia. Ved, lector, qué ceremonias les da a entender el diablo, que son grandeza y de honrosa reputación, porque cada día crezca la república infernal y no falten homicidios, con que se vierta sangre humana, y se ofrezca al demonio en sacrificio: de lo cual él se huelga mucho, como más largamente lo dice el Tostado, excelente doctor, relatando las causas por qué Busiris sacrificaba los extranjeros, por hacer placer o servicio a sus dioses, y porque le prosperasen en Estado.[42]

Areyto de conjura:

Tornando a la historia del levantamiento de los indios, digo que después que los principales de ellos se confederaron para su rebelión, cupo al cacique Agüeybaná, que era el mayor señor de la isla, de matar a don Cristóbal de Sotomayor, su amo, a quien el mismo cacique servía y estaba encomendado por repartimiento, según tengo dicho, en la casa del cual estaba; y jugaron a la pelota o juego que ellos llaman del batey, que es lo mismo. Y una hermana del cacique…[43]

Contexto histórico:

… que tenía don Cristóbal por amiga, le avisó y le dijo: “Señor, vete de aquí: que este mi hermano es bellaco y le quiere matar.” Y una lengua que don Cristóbal tenía, llamado Johan González, se desnudó una noche e se embijó o pintó de aquella unción colorada que se dijo en el libro VIII, capítulo VI, que los indios llaman bija, con que se pintan para ir a pelear, o para los areytos y cantares y cuando quieren parecer bien. Y cómo el Johan González venia desnudo y pintado y era de noche y se entró entre los que cantaban en el corro del areyto, vio y oyó cómo cantaban la muerte del don Cristóbal de Sotomayor y de los cristianos que con él estaban; y salido del cantar, cuando vio tiempo y le pareció, avisó a don Cristóbal y le dijo la maldad de los indios y lo que habían cantado en el areyto y tenían acordado. El cual tuvo tan mal acuerdo, que como no había dado crédito a la india cacica, tampoco creyó al Johan González: la cual lengua le dijo: “Señor, esta noche nos podemos ir, y mirad que os va la vida en ello: que yo os llevaré por donde no nos hallen.” Pero como su fin era llegado, no lo quiso hacer. Con todo eso, así como otro día amaneció, estimulado su ánimo y como sospechoso, acordó  de irse; mas ya era sin tiempo: y dijo al cacique que él se quería ir donde estaba el gobernador Johan Ponce de León, y él dijo que fuese en buena hora, y mandó luego venir indios que fuesen con él y le llevasen las cargas y su ropa, y se los dio bien instruíos de lo que habían de hacer; y les mandó que cuando viesen su gente, se alzasen con el hato y lo que llevaban, y fue así: que después de ser partido don Cristóbal, salió tras él el mismo cacique con gente, y le alcanzó una legua de allí de su asiento, en un rio que se dice Cauyo. Y antes que a él llegasen, alcanzaron al Johan González, la lengua, y le tomaron la espada y le dejaron ciertas heridas grandes, y le querían acabar de matar; y cómo llegó luego Agüeybaná, dijo la lengua, en el lenguaje de los indios: “Señor, ¿por qué me mandas matar? Yo te serviré y seré tu naboría:” y entonces dijo el cacique: «Adelante, adelante, a mi datihao (que quiere decir mi señor, o el que, como yo, se nombra), deja ese bellaco.” Y así le dejaron, pero con tres heridas grandes y peligrosas, y pasaron y mataron a don Cristóbal y a los otros cristianos que iban con él (que eran otros cuatro), a macanazos; quiero decir con aquellas macanas que usan por armas, y flechándolos.[44]

Y finalmente:

La gente de esta isla es lora y de la estatura y forma que está dicho de los indios de la Española, sueltos y de buena disposición en la mar y en la tierra, puesto que son para más los de la isla de San Johan, o más guerreros, y así andan desnudos. En las idolatrías del cemí y en los areytos y juegos del batey y en el navegar de las canoas y en sus manjares y agricultura y pesquerías, y en los edificios de casas y camas, y en los matrimonios y subversión de los cacicazgos y señorío, y en las herencias y otras cosas muchas, muy semejantes los unos a los otros. Y todos los árboles, y plantas, y frutas, y hierbas, y animales, y aves, y pescados, e insectos que hay en Haití o en la Isla Española, todo lo mismo se halla en la de Boriquen o isla de San Juan.[45]

Bibliografía

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[1] (Escabí Agostini 1987)

[2] (Campos Parsi, Héctor 1976)

[3] (Ibid., 7)

[4] (Ibid., 9)

[5] (Escabí Agostini, Op. Cit., 39)

[6] (Ibid., 44)

[7] (Ibid., 43)

[8] (Ibid., 41)

[9] (Abbad y Lasierra 1970, 27-28)

[10] (Alegría 1992, 63)

[11] (Las Casas 1552, 12)

[12] (Ibid., 22)

[13] (Brau 1975, 12)

[14] (Fewkes 1907, 459)

[15] (Esteve Barba 1964)

[16] (Thompson Fall-Winter, 1993)

[17] (Kuss 2011, 15)

[18] (Ibid., 21)

[19] (Delgado Colón 2006)

[20] (Miller 1922, 37)

[21] (Ibid., 40)

[22] Fíjense cómo le hace un diptongo en esta ocasión, si no es una falla de imprenta.

[23] (Vega 2011, 30)

[24] (Ibid., 32)

[25] (Ibid., 38)

[26] (RAE 2011)

[27] (Hernández Aquino 1977 )

[28] Conversación en la Universidad Interamericana, abril 2011.

[29] (RAE, Op. Cit. 2011)

[30] (Hernández Aquino)

[31] (Pané 1988, 25)

[32] (Hernández Aquino, Op. Cit.)

[33] (Ibid.)

[34] (Ibid.)

[35] (Fernández de Oviedo 1851, 125)

[36] (Ibid, 127)

[37] (Ibid, 128)

[38] (Ibid., 129)

[39] La lámina original se incluye abajo, después de estas notas al calce.

[40] (Fernández de Oviedo, Op. Cit. 130)

[41] (Ibid, 217)

[42] (Ibid, 218)

[43] (Ibid., 472)

[44] (Ibid, 473)

[45] (Ibid, 488)

Lámina 1

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