Nuestro 911

La presidencia de Salvador Allende, 1970-1973

Léster López Nieves

En Claridad: Nuestro 911

La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. José Martí, 1891

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Salvador Allende, presidente de Chile 1970-1973

La historia de la presidencia de Salvador Allende en Chile (1970-1973) es de las más diáfanas y características de la Historia. A pesar de algunos intentos frustrados de historiógrafos inescrupulosos, que han tergiversado los acontecimientos con la ambición de justificar la dictadura militar de Augusto Pinochet y la intervención estadounidense en el proceso democrático de Chile, ha quedado más que unánimemente aceptado en la Historia que el golpe de estado de 1973 fue una tragedia significante para el progreso y el bienestar de la comunidad latinoamericana, un “revés” de la historia humana. La presidencia de Allende y el gobierno de la Unidad Popular se dan dentro del contexto de la Guerra Fría, y es una clásica evidencia de la naturaleza cínica y perniciosa de la política exterior de Estados Unidos durante un periodo en el cual empuñaba el pretexto de la democracia frente a los procesos socialistas de liberación nacional en los países del llamado “Tercer Mundo”.

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Jacobo Arbenz, presidente de Guatemala 1950-1954

El historiador Mario Amorós da continuidad a la búsqueda de la verdad contra la pretendida ambigüedad histórica del golpe de estado.[1] Su trabajo no se alinea con ninguna de las ideologías de los bloques de la Guerra Fría. En 1971, el gobierno de Chile bajo Allende se unió al Movimiento de Países No Alineados, una organización que rechazaba la política de Estados Unidos y la Unión Soviética.[2] Amorós describe cómo Allende y la Unidad Popular se proclaman en contra del estilo soviético del comunismo que coartaba la libertad de expresión. El gobierno de Allende denunciaba el imperialismo ruso tanto como el estadounidense y abogaba por el derecho a la libre determinación de los pueblos, especialmente a partir de la invasión soviética de Hungría. Del mismo modo, Allende defendió el gobierno legítimo de Jacobo Arbenz, depuesto por Allan Dulles, jefe de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), con el auspicio la United Fruit Company, en 1954. Arbenz fue obligado a desnudarse en público antes de irse de Guatemala. Su familia entera sufrió humillaciones por parte de los golpistas y su hija llegó a suicidarse. Quizá esto pasó por la mente de Allende cuando le tocó la misma suerte. El avasallamiento de la United Fruit en América Latina fue denunciado en el poema “La United Fruit Co.” de Pablo Neruda.[3]

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Augusto César Sandino, General de los Hombres Libres 1895-1934

Allende se solidariza con los movimientos de liberación antiimperialistas del mundo. Denunció igualmente la situación de Nicaragua y la dictadura de Somoza, así como la invasión estadounidense de la República Dominicana en 1965. La Organización de Estados Americanos (OEA), manipulada por Estados Unidos, fue también tenazmente denunciada. En fin, Allende, en representación del movimiento izquierdista latinoamericano, criticó las maniobras imperialistas de Estados Unidos, y fue esta “actitud” lo que le costó la vida. Además, cada vez que ocurrían estos atropellos por parte de Estados Unidos, la Organización de las Naciones Unidas conspiraba con su silencio o neutralidad. Incluso, en una época en que el socialismo se identificaba fuertemente con el poder soviético, Allende denunció la invasión de Checoslovaquia en 1968, demostrando así su independencia política y su compromiso con los derechos a la libre determinación de los pueblos, en franca oposición al control estadounidense de América Latina. Defendió las revoluciones cubana y vietnamita, lo cual era la política del programa socialista internacional de la Unidad Popular en solidaridad con los países dependientes y colonizados. Uno de los primeros decretos del presidente Allende fue restablecer relaciones con Cuba, aislada por el embargo de Estados Unidos.

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Charlemagne Péralte 1886-1919

El norte de Allende era reformar la constitución para que la nación chilena fuera la máxima beneficiaria de sus recursos naturales y no las compañías extranjeras, que a cambio de inversiones millonarias terminaban llevándose la mejor parte del patrimonio legítimo de los chilenos. Amorós recuenta cómo Chile se convirtió en la segunda preocupación para Estados Unidos después de Cuba. Estados Unidos, históricamente, ya tenía como uso y costumbre la manipulación política de los países latinoamericanos por medio de la dominación de sus gobiernos, posicionando la oligarquía, invirtiendo en infraestructura y preparando militares para subvencionar sus intereses geopolíticos y explotación de recursos naturales.[4] La izquierda surgió en representación de los intereses nacionales de cada pueblo en cuestión, empezando por Centroamérica, el Caribe, y más adelante el continente sudamericano. Todo comenzó con México en 1846, cuando Estados Unidos se apropió de la mitad del territorio mexicano durante su expansión hacia el Oeste. Luego vino la invasión a Nicaragua en 1893 (sin contar las incursiones de William Walker a mediados de siglo), donde se derrocó al presidente Zelaya para impedir la construcción del canal por Japón, y donde permanecieron ocupando el país hasta 1925. En el ínterin, los marines entrenaron a la Guardia Nacional y pusieron de cabecilla a Anastasio Somoza, para hacer frente a la resistencia del general Augusto Sandino, más tarde asesinado por mediación de los yanquis. En 1898, la Guerra Cubana-hispano-estadounidense marcó la sucesión de las posesiones españolas en el Caribe y se formalizó la preeminencia del poderío americano en la región. La United Fruit Company y la Standard Fruit Company llegaron a Honduras en 1899 y comenzó un periodo de la historia centroamericana que culminaría con las llamadas Guerras bananeras.

Farabundo Martí

Farabundo Martí 1893-1932

Los inversionistas americanos acaparan la producción y toman posesión de grandes extensiones de terreno y así la infraestructura y la economía. En 1903, Estados Unidos conjura para llevar a Panamá a declarar su independencia de Colombia y tener dominio ilimitado sobre la región para la construcción del canal interoceánico. En 1905 se infiltran los yanquis en las aduanas, e invaden la República Dominicana, de 1916 a 1924, donde poco a poco se engendra la tiranía de Trujillo. En 1915, los estadounidenses entran en Haití y gestionan el asesinato del líder de la resistencia, Charlemagne Péralte, y ocupan la nación hasta 1934. Allá se engendró un infame de nombre Papa Doc Duvalier. Mientras tanto, en El Salvador, el líder Farabundo Martí luchaba infructuoso contra las fuerzas de las compañías fruteras y los americanos se vieron obligados a enviar tropas para proteger sus inversiones en 1932.

Eduardo Galeano 1940-2015

Eduardo Galeano 1940-2015

Desde 1946 comienza una serie de gestiones de Estados Unidos para consolidar su poder en Bolivia, y en 1948 Washington acomoda al general Manuel Odria en Perú. En 1954, Stroessner se impone en Paraguay por casi cuarenta años para facilitar las intrigas yanquis, y el mismo año cae el gobierno de Arbenz en Guatemala. Diez años después, los estadounidenses aparecen detrás del golpe de estado contra Joao Goulart en Brasil y en 1966 el general Onganía hace lo suyo en Argentina, con el aval de Casa Blanca. En 1972, Uruguay se ve sumido en la dictadura de Bordabarry y finalmente, en 1973, los yanquis se encargan de Chile. Este resumen cronológico de cuentas no incluye el gran número de cientos de miles de víctimas vilmente asesinadas en nombre del lucro americano. Tampoco incluye la cizaña sembrada entre partidos, clases y mercados. Para tener una idea aproximada del patrimonio que ha escapado de Latinoamérica para el beneficio de los americanos, se debe ver Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, y la razón que incluimos estos datos en este trabajo es porque están intrínsecamente relacionados al golpe de la presidencia de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile, en 1973.[5]

Ya desde 1964 la CIA estaba interviniendo, específicamente con la inversión de alrededor de veinte millones de dólares en la campaña presidencial de Eduardo Frei y el Partido Demócrata Cristiano. Esto se conoce del Informe Hinchey de 2000:

En abril de 1962, el “Grupo Especial del Panel 5412” (“5412 Panel Special Group”) -un cuerpo del subgabinete encargado de revisar las propuestas de acciones encubiertas- aprobó una propuesta para llevar a cabo un programa de ayuda financiera encubierta al Partido Demócrata Cristiano (PDC) en sustento de la candidatura presidencial de Eduardo Frei en 1964. (Nizkor 2000)

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Salvador Guillermo Allende Gossens 1908-1973

Amorós concluye que el triunfo de Frei alentó a la CIA a continuar su respaldo por la oposición a Allende. Henry Kissinger, asesor de Seguridad Nacional para la administración de Nixon, tuvo mucho que ver con la política que se esbozó en Estados Unidos contra el gobierno de la Unidad Popular. Kissinger decía que los chilenos eran unos “irresponsables” porque permitían el auge del socialismo en Chile, y entre otras cosas, comisionó una campaña de terror dirigida contra la Unidad Popular en 1964.

El presidente Richard Nixon dio la orden para destruir la economía chilena, usando a la CIA para preparar un eventual golpe de estado. Uno de los miedos más grandes para Nixon era que Chile se convirtiera en un ejemplo para Europa y el resto de Latinoamérica. La International Telephone and Telegraph (ITT Corporation) y la CIA presionaron a los democratacristianos para enfrentar a Allende. Los magnicidios comenzaron con el comandante René Schneider, por ejemplo, por su lealtad constitucional. El Informe Hinchey establece el afán de Nixon por arruinar la economía de Chile, quien ordenó, también, repartir millones de dólares entre los democratacristianos y los fascistas del movimiento Patria y Libertad, así como el periódico El Mercurio.[6] En 1972, en un discurso en las Naciones Unidas, Allende se refirió a las maniobras de Washington en Chile como un “Vietnam silencioso”. Las grandes minas de cobre, principal recurso de Chile, pasarían, de manos de las compañías norteamericanas, a ser nacionalizadas y convertirse en propiedad del pueblo chileno. Una de las quejas de los empresarios americanos fue que muchos de estos patrimonios no serían indemnizados por Allende porque, según el argumento del presidente, ya se habían lucrado más que suficiente. Con el auspicio de los yanquis se maquinó un bloqueo económico mientras el bando de Pinochet recibía cientos de millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional y la CIA. Ya desde 1947, año en que se firmó el Tratado Interamericano de Mutua Defensa con Estados Unidos, las Fuerzas Armadas de Chile habían sido asimiladas con la doctrina, el entrenamiento y el equipo yanqui. En 1952, las Fuerzas Armadas de Chile también se adscribieron al Programa de Asistencia Militar de Washington. Otro informe, el Informe Church, establece que antes de 1973, cientos de militares chilenos habían estudiado en la Escuela de las Américas en Panamá, y habían absorbido la doctrina anticomunista directamente de los peritos de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, donde también se enseñaban las artes y ciencias de la tortura.[7]

El embajador americano, Nathaniel Davis, ya sabía del golpe de estado. Kissinger insiste, a pesar de las pruebas que demuestran lo contrario, que la culpa la tuvo el propio Allende; que fue un problema político nacional y que Estados Unidos no tuvo nada que ver. El exasesor de Allende y exdirector de la UNESCO, Joan Garcés, declaró a la prensa que la verdadera causa del golpe militar que derrocó al gobierno constitucional y democrático del presidente Salvador Allende y la Unidad Popular fue la acción directa o indirecta de Nixon en su ambición de hacer prevalecer los intereses de los inversionistas capitalistas de Estados Unidos en Chile. De hecho, el lema de los militares era derrocar la Unidad Popular aunque costara miles de muertos. Hay listas detalladas de las aportaciones de dinero que hizo el gobierno de Estados Unidos a la oposición chilena.

El historiador Gonzalo Vial Correa elaboró el famoso Libro Blanco, en el que se adultera la historia para impugnar las críticas del golpe de estado, donde un supuesto Plan Z, de la Unidad Popular, se estaba conspirando para producir un autogolpe, y de esa manera Allende justificaría convertirse en dictador, y por eso era necesario que actuaran los militares, en pro de la democracia.[8] El Informe Church reconoce esta falsedad, donde también colaboraron escritores de la CIA y el almirante chileno Patricio Carvajal. El Plan XX, para argumentar las razones del golpe contra Goulart en Brasil, fue parecido. El coronel Manuel Contreras, uno de los golpistas, fue el principal informante para la CIA en Chile. Contreras se convirtió en el director de la DINA (Dirección Nacional de Inteligencia de Chile) y fue fiel colaborador del subdirector de la CIA, Vernon Walters. Por supuesto que hay una fila de historiadores prestos a cultivar el despojo de cualquier historia que convenga. Roberto Ampuero, por ejemplo, desarrolla un revisionismo intricado. Trata de echar tierra sobre la figura de Allende rebuscando imperfecciones de matrimonio o de carácter personal en su vida íntima, pero no tiene habilidad para crear la trama, según la crítica literaria. Las reseñas de “El último tango de Salvador Allende” señalan una deformación a la memoria del presidente socialista, una mezcla de hechos reales y ficción.[9] Ampuero escudriña tramas personales del presidente con la ayuda del agente retirado de la CIA, David Kurtz, quien se dedicó a profanar la historia de Allende. Quiere construir a un Allende despolitizado que bebe Whisky y tiene a su secretaria como amante. Se dice que Ampuero es un neoliberal convertido, que dejó de creer en el socialismo por sus malas experiencias en Cuba. Se refiere a la izquierda y la derecha como si fuera la misma cosa, pero hace campaña con derechistas como el presidente Sebastián Piñera, y condena socialistas, como a la presidenta Michelle Bachelet.

Sergio Bitar, en La caída de Allende y la huelga de El Teniente: lecciones de la historia, plantea que la nacionalización no se llevó a cabo debidamente; que las estrategias pudieron ser mejores, a pesar de las buenas intenciones del presidente Allende.[10] Por ejemplo, se subestimó la oposición política y los planes de los americanos. La nacionalización del cobre y el conflicto financiero internacional que causó los embargos, fueron como una cadena reaccionaria. Bitar fue asesor y ministro de minería de Allende durante la huelga de El Teniente, la mina de cobre más importante de Chile. Bitar fue apresado, internado en un campo de concentración y vedado de su nación por diez años. El proceso de nacionalización, favorecido por los chilenos, fue iniciado por el presidente Eduardo Frei, cuando compró la mayoría de las acciones de la corporación estadounidense Braden Cooper, en 1967. Sin embargo, no fue hasta 1971, bajo la presidencia de Allende, que se nacionalizó por completo, y se expropiaron el resto de las acciones. Según Roberto Veiga González, en su entrevista de 2011 con Bitar, los problemas de Estados Unidos con Chile ocurren dentro del contexto de la Guerra Fría y el antagonismo de este país hacia el bloque soviético y las ideas marxistas.[11] Por eso, la dificultad de los cambios sociales que tanto se necesitaban en América Latina. Sin embargo, no fue una razón válida; eran más bien los intereses de las corporaciones americanas que realmente estaban en juego. Gabriel Salazar reseña a Bitar en 1987 y critica al autor por obviar algunas citas que cree esenciales. Por ejemplo, Salazar apunta a la importante movilización de los obreros por parte de la oposición derechista. Bitar responde que era necesario, por supuesto, incorporar inusualmente a los trabajadores para quebrar la imagen socialista del gobierno de Allende, y si tenía éxito ese movimiento, fácilmente podía absorber a comerciantes, agricultores y profesionales. Salazar concluye que el trabajo de Bitar no es positivo para entender la Historia.[12]

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Charles Horman 1942-1973

Nathaniel Davis trata de tergiversar la historia del rol de los americanos. Según Mary Helen Spooner, Ed Horman, el padre de dos norteamericanos asesinados por Pinochet durante el golpe, lo llamó un “mentiroso bien refinado” –”a very polished liar”- en 1973.[13] Davis era un instructor naval, embajador de Estados Unidos en Chile al momento del golpe de estado, y es recordado, entre otras cosas, por no haber intervenido para salvar las vidas de sus conciudadanos estadounidenses en Chile durante el derrocamiento del presidente Salvador Allende. Según Spooner, mientras las embajadas de otros países asumían su responsabilidad de proteger a sus ciudadanos, el embajador Davis se hizo de la vista larga, alegando que los golpistas no permitían la comunicación con los americanos. En un ejemplo, una mujer de nacionalidad estadounidense no fue guarecida en la embajada de Estados Unidos, por lo que tuvo que pedir asilo en la de Panamá, y así sucesivamente otros ciudadanos pidieron asilo político en otras embajadas, ya que la suya no les amparaba. Aparentemente, esta actitud mostrada por el embajador Nathaniel Davis le angustió toda la vida y no volvió a tocar el tema de Chile en conferencias o clases universitarias después de publicar su libro.[14] Paul W. Drake, en su examen, plantea que el trabajo de Davis es una especie de negación sobre la participación suya y de Estados Unidos en la planificación del golpe y el asesinato de Allende, así como de miles de seguidores de la Unidad Popular, y el también sacrificado periodista neoyorquino, Charles Horman, sobre quien el cineasta Costa-Gavras hizo su película “Missing” en 1982.[15] Añade Drake, que el embajador Davis trata de justificar el golpe de estado. Davis insinúa lo del Libro Blanco y el Plan Z, además de tratar de mancillar la imagen de Allende y la Unidad Popular con alusiones a falsos testimonios de corrupción y escándalos sexuales en el gobierno socialista chileno, sin evidencias algunas, por lo que Davis queda desacreditado en la comunidad historiadora. Aún más absurdo es que, a pesar de las evidencias, Davis negara cualquier intervención estadounidense en el golpe.

Según Francisco Zapata, el trabajo de Davis incluye exclusivamente su visión negativa de los izquierdistas y no menciona nada positivo del gobierno de Allende y la Unidad Popular.[16] Davis quiso dar a entender que Estados Unidos estaba de manos atadas y no pudo intervenir ni siquiera para salvar a los suyos, como en el caso de la ejecución del periodista Charles Horman por obra de un oficial de la embajada estadounidense que lo delató ante los militares chilenos. La obra de Davis es realmente un conjunto de sofismas especialmente ideados para crear la imagen de un Estados Unidos inocente de la masacre y los magnicidios del golpe de Pinochet con el apoyo de la CIA, donde una larga gama de generales y ministros fueron asesinados. Davis se destaca en su intencional deformación de los informes que describen las huelgas laborales que fueron determinantes para el golpe, tergiversando unas y negando otras. Impulsó desesperadamente la tesis del suicidio de Allende y procuró enterrar para siempre la posibilidad de conocer con certeza lo acaecido.

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La Operación Cóndor fue un plan militar represivo de Estados Unidos coordinado con dictadores de Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Perú entre 1970 y 1980 para vigilar, torturar y asesinar a los opositores del saqueo sistemático de los patrimonios nacionales por las corporaciones americanas y multinacionales

John Dinges, en Los años del cóndor, revela que Pinochet, bajo la Operación Cóndor con EU, creó una alianza secreta entre Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia y Paraguay para asesinar a los marxistas internacionalmente.[17] Pinochet fue un “dictador de dictadores”. Tenía su más cercano aliado en Kissinger, y veía a estos seis países como el “último bastión de la civilización cristiana”. Pinochet creó una maquinaria homicida con alcance mundial. Asesinó al ministro de defensa chileno, Orlando Letelier, y a su secretaria norteamericana, Ronni Moffit, en Washington DC; en Argentina, al expresidente de Bolivia Juan José Torre, al senador uruguayo Zelmar Michelini, a su predecesor, el general Carlos Prats Gonzáles, y a su esposa, Sofía Cuthbert; y al director del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile (MIR), Edgardo Enríquez. Se estima alrededor 300 asesinatos internacionales, incluyendo el atentado contra el ministro de Interior chileno, Bernardo Leighton y su esposa en Roma. Con verdugos como el estadounidense Michael Townley, y los sudamericanos Otto Paladino, Enrique Arancibia, Raúl Iturriaga y Manuel Contreras, creó, bajo Operación Cóndor, la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), una especie de CIA chilena.

Escribe Mark Falcoff, miembro del American Enterprise Institute, que dentro del contexto de la Guerra Fría, Chile entró en la lista de contradicciones políticas para Estados Unidos en cuanto al tema de la democracia. Mao Zedong en China, Fidel Castro en Cuba, Ho Chi Minh en Vietnam, los sandinistas en Nicaragua, Panamá, Guatemala, etc.[18] Estados Unidos favorecía al régimen que le conviniera, muy a pesar de la democracia. Después del lío en Chile, trató de arreglar el problema y devolver la democracia a la nación chilena. Con todo, Pinochet confeccionó la constitución de 1980 para perpetuarse en el poder. La oposición militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez le hizo la lucha armada al régimen militar chileno porque no confió en sus promesas de retorno a la democracia, y se mantuvo separado de la oposición unida de los partidos moderados en la coalición, Acuerdo Nacional.

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Fidel Castro en las Naciones Unidas 1960

Gracias a la experiencia e inversiones norteamericanas, se logró desarrollar la industria del cobre durante el periodo entre las guerras mundiales. La oligarquía chilena hacía eco a la política estadounidense, por lo cual declaró ilegal al Partido Comunista en 1947. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se dedicó totalmente a la recuperación europea, y al no tomar en cuenta Latinoamérica, los políticos comenzaron a echar alas y exigir la nacionalización de la industria del cobre. La Revolución cubana, sin embargo, fue lo que realmente alertó a los americanos. El presidente John F. Kennedy respondió con el programa Alianza para el Progreso en 1962 y Chile fue su mayor beneficiario. La CIA, en su propósito anticomunista, financió a Eduardo Frei y el Partido Demócrata Cristiano, quienes estuvieron en el poder de 1964 a 1970, año en que triunfó la coalición de la Unidad Popular con Allende a la cabeza. La subida de los izquierdistas a la presidencia representó un fuerte revés para Washington, que tanto dinero había invertido en Frei.

Con este panorama, de un gobierno socialista en el poder gracias a la democracia, Estados Unidos buscó desesperadamente una oposición política con suficiente fuerza para remover a los marxistas. Por medio de la CIA, que actuaba “independientemente” del Congreso, vertieron millones de dólares para fomentar la oposición, especialmente por la nacionalización del cobre. Estados Unidos necesitaba a Chile por los espectros de Nicaragua, Cuba, Vietnam, y los futuros Allendes, Che Guevaras y Castros latinoamericanistas. La industria del cobre fue inicialmente adquirida en 1969 por los democratacristianos, pero el precio del cobre en el mercado mundial bajó y los americanos se movieron hacia la inversión en las finanzas, aprovechando la enorme deuda externa de Chile. Además, Chile representaba una importancia geopolítica para Estados Unidos por su posición geográfica y oligarquía pro americana, y son frecuentes las maniobras navales conjuntas en los ejercicios de UNITAS y la relación con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

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Che Guevara 1928-1967

La existencia de un régimen fascista como el de Pinochet solamente es posible dentro del marco del capitalismo industrial estadounidense y su pobre excusa de la democracia. O sea, antes de ser marxista, para Estados Unidos es preferible tener un reino de regímenes fascistas en Latinoamérica. Washington no escatima a la hora de culpar a Allende del fracaso político de los chilenos, y a pesar de la gran masacre y el terror de las torturas, violaciones y total degradación de los derechos humanos. Todavía, además, hay que hacer una efectiva evaluación del modo que el neoliberalismo supuestamente ha beneficiado, al fin, la calidad de vida de todos los chilenos, y poner en tela de juicio la conveniencia de servir a los intereses del imperio del norte, o si es preferible mirar hacia el sur y servir a los intereses no solamente nacionales sino también socioeconómicos. Después de todo, Chile fue el primer país en el mundo de llegar a la admisión del socialismo por vía del sufragio. Otro problema es la tendencia de estos regímenes fascistas al “libertinaje” en el poder y causar o cometer atrocidades en nombre de la “democracia” con una directa referencia a Estados Unidos. Pinochet, por ejemplo, llegó a ser foco de preocupación para los yanquis al no poder controlar a sus generales desaforados y no tener el poder de emplazar a criminales, como en el sonado caso de Orlando Letelier, asesinado en las mismas calles de la capital norteamericana.

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Orlando Letelier 1932-1976

En Perspectivas de análisis de la Unidad Popular: opciones y omisiones, de Mario Garcés, y Sebastián Leiva, se hace una revisión de diferentes posturas respecto a las causas del golpe de estado contra el gobierno democrático socialista de Salvador Allende y la Unidad Popular. Se reseña los siguientes trabajos: Pensando a Chile, de Clodomiro Almeyda; Memoria de la izquierda chilena, de Jorge Arrate y Eduardo Rojas. Chile: la legalidad vencida, de Susana Brun; Chile: La problemática del poder popular en el proceso de la vía chilena al socialismo 1970-1973, de Hugo Cancino; El gobierno de Salvador Allende, de Luis Corvalán Lepe; Los partidos políticos y el golpe del 11 de septiembre, de Luis Corvalán Márquez; La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, de Manuel Antonio Garretón y Tomás Moulián; Poder Popular y Cordones Industriales, testimonios sobre el movimiento popular urbano, 1970-1973, de Frank Gaudichaud; El Chile perplejo, del avanzar sin transar al transar sin parar, de Alfredo Jocelyn-Holt; La rebelión permanente, las revoluciones sociales en América Latina, de Fernando Mires; Conversación interrumpida con Allende, de Tomás Moulián; La revolución desarmada, Chile 1970-1973, de Gabriel Smirnow; Grandes alamedas, el combate del presidente Allende, de Jorge Timossi; El quiebre de la democracia en Chile, de Arturo Valenzuela; y Tejedores de la revolución, los trabajadores de Yarur y la vía chilena al socialismo, de Peter Winn.

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La activista política Ronni Moffitt 1951-1976, fue asesinada por orden de Pinochet junto a Letelier en Washington

Se persigue investigar a fondo la historia de la caída del gobierno de la Unidad Popular y la presidencia de Salvador Allende. El trabajo de Garcés y Leiva es un excelente análisis historiográfico que usa como referencia una ancha gama de perspectivas históricas. Agrupa a los autores por sus respectivas posiciones y los contrasta por sus desviaciones de los argumentos centrales. Como causa del revés de Chile, plantea como premisa una “matriz dominante”, que establece la existencia de una crisis institucional entre los partidos políticos. El partido que fue medular en la historia democrática de Chile, la Democracia Cristiana, cesó de fungir como elemento estabilizador central entre los partidos de izquierda y derecha. En otra tesis de la misma premisa, se señala a las contradicciones dentro de la Unidad Popular, una coalición de partidos de izquierda desequilibrada por falta de estrategias efectivas. Según algunos postulados, la Unidad Popular se negaba al diálogo con la Democracia Cristiana. Esta insuficiencia fue lo que enajenó la trayectoria sociopolítica del país y abrió una brecha por donde intervendría Estados Unidos. No había una salvaguarda en el orden militar y el frente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) actuaba instintivamente, sin medir sus pasos ni vigilar al enemigo.

Después del triunfo de Allende, la euforia prescindió de la necesidad del consenso politicopartidista y minimizó la confabulación de la derecha y los intereses americanos. La izquierda chilena realmente creyó que la transformación era inequívoca, que tenía un fundamento amplio y mayoritario, y no cabría la cizaña del adversario. Bastaba con saber que el socialismo había triunfado en Chile por medio de la democracia y eso era lo único necesario para ratificarlo. El gobierno del presidente Allende y la Unidad Popular no pensó sobre el significado de los grandes cambios que ocasionarían las reformas económicas, la política socialista, las nuevas relaciones de producción y las alteraciones de la superestructura. Dentro del marco conceptual marxista, se olvidaron que Chile era una sociedad tradicional clasista y la burguesía no cedería sin inconvenientes, a pesar de operar a través de los medios legales que representa la institución democrática. Por eso, eran necesarios la alianza de clases, el respeto a la constitución y la institución democrática.

No se puede poner en segundo término la intervención directa de Estados Unidos en los asuntos nacionales de Chile con el apoyo de la oposición de la oligarquía conservadora, que aprovechó el talón de Aquiles de la Unidad Popular –errores de percepción, confianza, triunfalismo-, para entrar por ese conducto del desliz y aniquilar a su incauto antagonista. La intervención norteamericana se puede admitir, sin relegar el factor interno, tanto de la conspiración militar como la torpeza de la izquierda, como causa principal del derrocamiento de Allende. La desclasificación de miles de documentos de la CIA lo evidencia, así como los informes congresionales. Sobre el Informe Church, dice Garcés:

Este documento es por cierto, muy importante para el estudio de la intervención de los Estados Unidos en Chile, ya que cubre un largo período, anterior a la propia UP revelando los vínculos de la CIA y de funcionarios norteamericanos tanto con los políticos como con los militares chilenos. Se denomina sugerentemente “Acción Encubierta en Chile: 1963- 1973” y admite que ésta “fue amplia y continua”, primero para detener a Allende en su campaña presidencial y luego para producir el colapso de su gobierno.[19]

La manera de maniobrar de las fuerzas yanquis en Chile es un formidable ejemplo para entender la maquinaria intervencionista de Estados Unidos. La Escuela de las Américas, la subvención a los medios de comunicación, las fuerzas armadas, los partidos políticos y las uniones obreras, entre otras cosas, son impresionantes.

Víctor Jara 1932-1973

Víctor Jara 1932-1973

Amy Goodman y Juan González nos recuerdan que el 11 de septiembre de 1973 es la fecha en que Estados Unidos cometió un acto terrorista en Santiago de Chile con el derrocamiento del gobierno legítimo de Salvador Allende y la Unidad Popular. A partir de este golpe se instituyó un gobierno represivo que duró 17 años. En 2013 Amy y Juan entrevistan a la viuda del cantautor Víctor Jara –Joan- quien recientemente había presentado una demanda en Estados Unidos contra el militar chileno que asesinó a su esposo hace cuatro décadas en pleno golpe de estado, y que ahora es ciudadano estadounidense. Joan recontó cómo halló el cuerpo del que fuera su esposo, herido de bala y mutilado, entre cientos de otros cuerpos amontonados en un estacionamiento y como resultado del asesinado sistemático al que los golpistas sometieron a miles de chilenos por sospecha de simpatizar con la Unidad Popular. Víctor Jara fue llevado el 12 de septiembre de 1973 al Estadio Chile, que había sido convertido en un cuartel provisional por las fuerzas golpistas.

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Pablo Neruda 1904-1973

Ana Gutiérrez publica en 1998 una biografía de Víctor Jara. Jara fue uno de los principales cantautores del Movimiento de la Nueva Canción chilena que tuvo su auge durante la presidencia de Allende, la cual se identificaba con los pobres y denunciaba las injusticias sociales, la indiferencia y la censura. Su música fue sancionada en varias ocasiones por el gobierno de la Democracia Cristiana, que lo acusó de activista político. Con la llegada de Allende al poder, Jara se unió al movimiento de la Unidad Popular y cayó en la lista de rebeldes del ultraconservador Partido Nacional. Fue acusado de homosexual para su descrédito. Su música fue temida por promover ideas marxistas. Otros artistas como Inti-Illimani, Quilapayún y Pablo Neruda, entre otros, fueron fichados por promover el gobierno de Allende. Víctor Jara, habiendo sido torturado en el estadio, desafió el terror del estado de sitio y comenzó a cantar una de sus más conocidas canciones, “Venceremos”, y los otros prisioneros le hicieron coro. La historia dice que fue fusilado el 16 de septiembre, cinco días después de la muerte de Allende. Esteban Valenzuela Van Treek recuerda el movimiento musical en Chile durante la presidencia de Allende. Dice que floreció la creatividad y la cultura, con decenas de artistas que mezclaron el folclor con la universalidad, fomentando el optimismo socialista de la época.

Algunos de los versos de Víctor Jara reflejan la ideología de la Unidad Popular. En “A desalambrar” se manifiesta el tema de la reforma agraria: “Yo pregunto a los presentes/si no se han puesto a pensar/que esta tierra es de nosotros/y no del que tenga más. Si molesto con mi canto/a alguien que no quiera oír/le aseguro que es un gringo/o un dueño de este país.” En un tema de solidaridad, “A Cuba”, propone: “Si me quieres, aquí estoy, /qué más te puedo ofrecer, /sino continuar tu ejemplo, /comandante compañero, /viva tu revolución./…de nuestra revolución/será lo mismo que el son/que hizo bailar a los gringos, /pero no somos guajiros…” En alusión al padre Camilo Torres, asesinado en Colombia por defender a los pobres: “Cuentan que tras la bala/se oyó una voz. /Era Dios que gritaba: / ¡Revolución! /A revisar la sotana, /mi general, /que en la guerrilla cabe/un sacristán.” En defensa a su nación, “Aquí me quedo” critica a los que se van: “Siempre los ricos fueron extranjeros/que se vayan a Miami con sus tías. /Yo no quiero la Patria dividida, /se vayan lejos con su melodía.” Y en memoria al comandante Che Guevara, la “Zamba al Che”: “…mataron al guerrillero/Che comandante Guevara… /Que los derechos humanos/los violan en tantas partes, /en América Latina… /Nos imponen militares/para sojuzgar los pueblos… /Explotan al campesino/al minero y al obrero… /A Cuba le dio la gloria/de la nación liberada…” Y en alusión a su propia madre, “Te recuerdo Amanda” se desarrolla sobre el destino de un trabajador revolucionario: “Te recuerdo Amanda/la calle mojada/corriendo a la fábrica/donde trabajaba Manuel. /La sonrisa ancha/la lluvia en el pelo/no importaba nada/ibas a encontrarte con él/con él, con él, con él/que partió a la sierra/que nunca hizo daño/que partió a la sierra/y en cinco minutos/quedó destrozado/suena la sirena/de vuelta al trabajo/muchos no volvieron/tampoco Manuel.”

La versión de Venceremos, de la campaña de Salvador Allende, que Víctor Jara cantó en el Estadio Chile antes de ser fusilado, fue la que se incluye a continuación: “Aquí va todo el pueblo de Chile/aquí va la Unidad Popular/campesino, estudiante y obrero/compañeros de nuestro cantar. /Rosa ardiente de nuestra bandera/la mujer ya se ha unido al clamor/la Unidad Popular vencedora/ ¡Será tumba del yanqui opresor! /Con la fuerza que surge del pueblo/una Patria mejor hay que hacer/a golpear todos juntos y unidos/ ¡Al poder! ¡Al poder! ¡Al poder! /Si la justa victoria de Allende/la derecha quisiera ignorar/todo el pueblo resuelto y valiente/como un hombre se levantará. / ¡Venceremos! ¡Venceremos! /con Allende en septiembre a vencer / ¡Venceremos! ¡Venceremos! /La Unidad Popular al poder.”

Se podrá siempre debatir una cosa o la otra en la historia de nuestro 911. Sin embargo, el arte es quizá la manera más “intima” de conocer los sentimientos que auguran a los pueblos. El poeta Pablo Neruda, premio Nobel de Literatura, dejó un significante legado sobre la presidencia de Allende, y que revela los designios del momento de la Unidad Popular. La Nueva Canción chilena manifiesta un profundo anhelo de justicia, democracia y equidad social durante el gobierno socialista de Chile entre 1970 y 1973.

Lecturas

Amorós, Mario. Allende. La biografía. Barcelona: Ediciones B, 2014.

—. «Las huellas de la CIA en Chile.» Rebelión. Noviembre de 2014. http://www.rebelion.org/docs/35208.pdf.

—. «Salvador Allende ante el mundo.» junio de 2008. http://www.rebelion.org/docs/68095.pdf.

Ampuero, Roberto. El Ultimo tango de Salvador Allende. Santiago: Penguin Random House Grupo Editorial Chile, 2012.

Bitar, Sergio y Pizarro, Crisóstomo. La caída de Allende y la huelga de El Teniente: lecciones de la historia. Santiago: Ornitorrinco, 1986.

Davis, Nathaniel. Los dos últimos años de Salvador Allende. Barcelona: Plaza & Janés Editories Sa, 1986.

Dinges John, Landau Saul. Assassination on Embassy Row. New York: McGraw-Hill, 1981.

Dinges, John. The Condor Years: How Pinochet and His Allies Brought Terrorism to Three Continents. New York: The New Press, 2004.

Drake, Paul W. «The Last Two Years of Salvador Allende, by Nathaniel Davis.» The American Historical Review, October 1987: 1064-1065.

Falcoff, Mark. «Chile: el dilema de política exterior norteamericana.» Revista de Ciencia Política, Vol. VIII Nos. 1-2, 1986.

Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina. México: Siglo XXI editores, 1971.

Garcés, Mario y Leiva, Sebastián. Perspectivas de análisis de la Unidad Popular: opciones y omisiones. Proyecto: Los movimientos sociales populares y la izquierda chilena en la Unidad Popular y su respuesta frente al golpe de estado de septiembre de 1973, Escuela de Historia y Ciencias Sociales, Universidad ARCIS, Santiago: Centro de Estudios Miguel Enríquez, Archivo Chile, 2004.

Goodman, Amy y González, Juan. «La familia del cantante chileno Víctor Jara demanda al presunto asesino ante un tribunal estadounidense.» Democracy Now! 9 de septiembre de 2013. http://www.democracynow.org/es/2013/9/9/40_years_after_chile_coup_family (último acceso: noviembre de 2014).

Gutiérrez, Ana. «Peace profile: Víctor Jara.» Peace Review; Sep; 10, 3; ProQuest Central, 1998: 485-491.

Hobsbawm, Eric. Historia del siglo XX. Traducido por Juan Faci. Buenos Aires: Crítica, 1998.

Neruda, Pablo. Canto general. Amsterdam: Muntinga Pockets, 2004.

Nizkor, Equipo. Informe Hinchey sobre las actividades de la CIA en Chile. 18 de septiembre de 2000. http://www.derechos.org/nizkor/chile/doc/hinchey-e.html (último acceso: 22 de noviembre de 2014).

Pino, Soledad. «El asesino de Víctor Jara dice que cumplió órdenes.» Público. 30 de mayo de 2009. http://www.publico.es/internacional/228947/el-asesino-de-victor-jara-dice-que-cumplio-ordenes (último acceso: noviembre de 2014).

República de Chile, Secretaria General de Gobierno. Libro blanco del cambio de gobierno en Chile, 11 de Septiembre de 1973. Editorial Lord Cochrane Santiago, 1973.

Salazar, Gabriel. «Reseña de La caída de Allende y la huelga de El Teniente.» Proposiciones, Año 7 Vol. 13, enero-abril, enero-abril 1987.

Spooner, Mary Helen. «Nathaniel Davis, 1925-2011.» Notes on the Americas. 22 de May de 2011. http://notesontheamericas.wordpress.com/2011/05/22/nathaniel-davis-1925-2011/ (último acceso: noviembre de 2014).

Valenzuela Van Treek, Esteban. «Saber Rescatar las Innovaciones que Buscó Allende en su Centenario.» En Un siglo con Allende, de Edison Ortiz González, 103-109. Rancagua: Universidad Internacional de Verano, 2008.

Veiga González, Roberto. «Entrevista a Sergio Bitar, político chileno.» Espacio Laical. julio de 2011. http://www.espaciolaical.org/contens/esp/sd_141.pdf (último acceso: noviembre de 2014).

Zapata, Francisco. Los dos últimos años de Salvador Allende, reseña. s.f. http://aleph.academica.mx/jspui/bitstream/56789/23645/1/26-101-1985- (último acceso: noviembre de 2014).

[1] (Amorós, Salvador Allende ante el mundo 2008)

[2] Igualmente, Allende se opuso al antisemitismo.

[3] (Neruda 2004) …y Jehová repartió el mundo/a Coca-Cola Inc., Anaconda, /Ford Motors, y otras entidades:/la Compañía Frutera Inc. /se reservó lo más jugoso,/la costa central de mi tierra,/la dulce cintura de América.

[4] (Amorós, Las huellas de la CIA en Chile 2014)

[5] (Galeano 1971)

[6] (Nizkor 2000)

[7] (Nizkor)

[8] (República de Chile 1973)

[9] Ver: http://www.theclinic.cl/2012/05/15/el-ultimo-tongo-de-roberto-ampuero/, y http://www.emol.com/noticias/magazine/2012/11/17/570072/roberto-ampuero-mis-libros-reflejan-mi-decepcion-con-los-socialismos-reales.html

[10] (Bitar 1986)

[11] (Veiga González 2011)

[12] (Salazar 1987)

[13] (Spooner 2011)

[14] (Davis 1986)

[15] (Drake October 1987)

[16] (Zapata s.f.)

[17] (Dinges 2004)

[18] (Falcoff Vol. VIII Nos. 1-2, 1986)

[19] (Garcés 2004, 14)

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